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Homilías

7 DE JULIO: DOMINGO 14 DEL TIEMPO ORDINARIO

“NO SER ALFORJAS SINO FUENTES”, desde Tokyo por el Padre Juan Vicente Catret S.J.

Esta frase es de San Agustín, explicando el evangelio de este domingo. Jesús en el discurso que da a sus doce apóstoles antes de enviarlos en misión, les dice que vayan sin talega, ni alforja, ni sandalias...Cuando entréis en una casa, decid primero: “paz a esta casa”...

 

       Los que son como “alforjas”, son egoístas, todo lo quieren para ellos, para meterlo en su “alforja” o “saco”. En cambio, los que son generosos y viven para los demás son como “fuentes” de agua viva, que dan de beber a todos del agua viva que reciben del Señor, y no se secan, sino que dimanan siempre vida, alegría, amor servicial...

 

  Este es el mensaje del Evangelio de hoy. Y llevar “agua viva” equivale a llevar “la paz de Jesús”. Y ¿qué es la paz?

 

  Santo Tomás de Aquino la definió como “tranquilitas in ordine” (tranquilidad en el orden). Cuando se está en orden con Dios, con el prójimo, con toda la naturaleza, consigo mismo, entonces se produce dentro de sí ese sentimiento de “tranquilidad”, que es “la paz”.

 

 El Concilio Vaticano II en el decreto sobre el apostolado seglar, n.33 dice:

 

  “El sacrosanto Concilio ruega encarecidamente en el Señor a todos los laicos que respondan de buen grado, con generosidad y prontitud de corazón, a la voz de Cristo, que en esta hora los invita con particular insistencia, y al impulso del Espíritu Santo. Sientan los jóvenes que esta llamada va dirigida de manera especial a ellos y recíbanla con entusiasmo y magnanimidad. Pues es el propio Señor, por medio de este santo Sínodo, quien invita de nuevo a todos los laicos a que se unan a Él cada vez más íntimamente y a que, sintiendo como propias las cosas que a Él le pertenecen, se asocien a su misión salvífica. Es Él quien los envía de nuevo a toda ciudad y lugar adonde Él mismo ha de ir, de modo que en las diversas formas y maneras del único apostolado de la Iglesia, en constante adaptación a las nuevas necesidades de los tiempos, se ofrezcan a Él como cooperadores, trabajando siempre con generosidad en la obra del Señor, sabiendo que su trabajo no es vano delante del Señor.

 

  Hemos dicho arriba que la paz es “tranquilidad en el orden”. Pues también la podemos definir esa “paz íntima” como “concordia de cuerpo y alma”. Si no tenemos dentro de nosotros esa “concordia de cuerpo y alma”, no podremos llevarla a los demás. Así lo hace el poeta nacido en Cartagena Antonio Oliver Belmas (1903-1968) titulada:

 

                        LA PAZ ÍNTIMA

 

  Enfría, Señor mi boca;

Señor, reduce mi brasa;

dame, como te lo pido,

concordia de cuerpo y alma.

Frente al perverso oleaje

ponme costado de gracia.

Dame, como te demando,

concordia de cuerpo y alma.

Señor, mitiga mi angustia,

remite, Señor, mi ansia;

dame, como te la clamo,

concordia de cuerpo y alma.

No dejes que los sentidos

me rindan en la batalla.

Señor, Señor, no me niegues

concordia de cuerpo y alma.

 

 


En breve

ORACIÓN DE SAN IGNACIO Tomad, Señor, y recibid

toda mi libertad, mi memoria, entendimiento y voluntad: Vos me lo disteis, a Vos, Señor lo torno. Disponed conforme a vuestra voluntad. Dadme vuestro amor y gracia que esto solo me basta

DOMINGO 21° DEL AÑO LITÚRGICO, CICLO C

AL OTRO LADO DE LA PUERTA ESTRECHA

Dios quiere que “todos se salven”, o sea, que todos seamos infinitamente felices… para siempre. En el deseo de Dios no hay excepción: Todos significa todos, pero libremente.