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Homilías

2 DE JUNIO: LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR

LAS “HUELLAS” DE JESUCRISTO

San Ignacio de Loyola, cuando todavía se llamaba Íñigo, después de su conversión hizo una peregrinación a Tierra Santa y subió al Monte Olivete para ver las huellas de los pies de Jesús, que se dice las dejó grabadas al subir a los cielos. Huellas de los dos pies grabadas en la piedra...

 

   Pero todos nosotros sabemos que hay otras “huellas vivas”, a saber:

Las huellas de los pies de los misioneros, antes de que los maten. El año pasado fueron 20 y este año son 40 religiosos y religiosas misioneros en Africa, etc, que han muerto mártires por su fe y servicio.

Las huellas de los clavos de la cruz grabadas en tantos enfermos y pobres...

Son todas huellas invisibles a los ojos corporales, pero no a los del alma.

 

  Entonces ¿qué decir de la Ascensión de Jesús?

 

  Es un “misterio” a contemplar y rezar. “Se va, pero se queda”. Nos dice que no nos dejará huérfanos: “¡Yo estoy con vosotros hasta el fin de los tiempos!” Es una experiencia espiritual de la “Glorificación de Jesucristo”: Señor de la Historia y del Universo, Punto Omega del Cosmos, que está siempre con Dios Padre y a la vez con nosotros en todo tiempo y espacio humanos.

 

  ¿Y para nosotros, qué significa participar en este misterio de la Ascensión?

Que debemos ser a la vez “escaleras” y “puentes”.

 

  “Escaleras” para subir por la oración hacia arriba, para mirar los valores celestiales, para pararnos a adorar y ser mejores cristianos.

 

  “Puentes” para una salida hacia los otros, Ser para..llevar a Jesús a los demás, trabajar por la extensión del Evangelio de Jesús. Hasta la Ascensión era el tiempo de Jesús, ahora es el tiempo de la Iglesia, de nosotros, que somos los testigos de Jesús en el mundo.

 

  El poeta indio Rabrindanat Tagore (1861-1941) dijo:

  “Mirad sí, la luz de las estrellas, sin olvidaros de echar leña al hogar de vuestra casa, porque la luz de las estrellas no os va a calentar así a vosotros, ni a vuestros hermanos”...

 

  Es la hora del relevo, no quedarse plantados, sino hacer todo lo posible para que venga el Reino de Cristo.

 

  Y el Papa San León Magno (390-461) en un sermón sobre la Ascensión, también dijo:

 

  “Así como en la solemnidad de Pascua la resurrección del Señor fue para nosotros causa de alegría, así también ahora su ascensión al cielo es un nuevo motivo de gozo, al recordar y celebrar litúrgicamente el día en que la pequeñez de nuestra naturaleza fue elevada, en Cristo, por encima de todos los ejércitos celestiales, de todas las categorías de ángeles, de toda la sublimidad de las potestades, hasta compartir el trono de Dios Padre...

 

  Así, todas las cosas referentes a nuestro Redentor, que antes eran visibles, han pasado a ser ritos sacramentales; y, para que nuestra fe fuese más firme y valiosa, la visión ha sido sustituida por la instrucción, de modo que, en adelante, nuestros corazones, iluminados por la luz celestial, deben apoyarse en esta instrucción.

 

  Esta fe, aumentada por la ascensión del Señor y fortalecida con el don del Espíritu Santo, ya no se amilana por las cadenas, la cárcel, el destierro, el hambre, el fuego, las fieras ni los refinados tormentos de los crueles perseguidores. Hombres y mujeres, niños y frágiles doncellas han luchado en todo el mundo por esta fe hasta derramar su sangre. Esta fe ahuyenta a los demonios, aleja las enfermedaes, resucita a los muertos”.

 

  Termino con la famosa poesía de Fray Luis de León (1527-1591) titulada:

 

                          ASCENSIÓN

 

  ¿Y dejas, Pastor santo,             

tu grey en este valle hondo, oscuro,    

en soledad y llanto,                  

y tú, rompiendo el puro             

aire, te vas al inmortal seguro?    

 

  Los antes bienhadados          

y los ahora tristes y afligidos,      

a tus pechos criados,             

de Tí desposeídos,

¿a do convertirán ya sus sentidos?        

 

  ¿Qué mirarán los ojos

que vieron de tu rostro la hermosura

que no les sea enojos?

Quien oyó tu dulzura,

¿qué no tendrá por llanto y deventura?

 

  Aqueste mar turbado,

¿quién le pondrá ya freno? ¿Quién concierto

al fiero viento, airado

estando Tú encubierto?

¿Qué norte guiará la nave al puerto?

 

 ¡Ay, nube envidiosa!

Aún de este breve gozo, ¿qué te aquejas?

¿Do vuelas presurosa?

¡Cuán rica, tú, te alejas!

¡Cuán pobres y cuán ciegos, ay, nos dejas!


En breve

ORACIÓN DE SAN IGNACIO Tomad, Señor, y recibid

toda mi libertad, mi memoria, entendimiento y voluntad: Vos me lo disteis, a Vos, Señor lo torno. Disponed conforme a vuestra voluntad. Dadme vuestro amor y gracia que esto solo me basta

DOMINGO 23 DE JUNIO DE 2019

SOLEMNIDAD DEL CUERPO Y LA SANGRE DE CRISTO

Dos poetas nos hacen sentir este misterio