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Homilías

28 DE ABRIL: DOMINGO SEGUNDO DE PASCUA

DICHOSOS LOS QUE CREAN SIN HABER VISTO, desde Tokyo por el Padre Juan Vicente Catret S.J.

Siempre que llega este domingo centrado en la figura incrédula primero y creyente después del apóstol Tomás, me acuerdo de un debate que contemplé yo en t.v. en Inglaterra, cuando me enviaron allí para estudiar inglés antes de venir al Japón.

      28 DE ABRIL: DOMINGO SEGUNDO DE PASCUA

 

     DICHOSOS LOS QUE CREAN SIN HABER VISTO

 

 

  El debate era entre dos hombres ilustres: el ateo Bertrand Russell (1872-1970) y el jesuíta Padre Frederick Copleston (1907-1994). El primero dijo que si cuando muriese se encontrara con que Dios existe, le diría que él no había creído porque las pruebas de su existencia eran muy pocas. Y en cambio, el P. Copleston le contestó que él sí había creído precisamente porque las pruebas eran pocas. ¿Qué quería decir esto? Que para creer en Dios hace falta dar un salto de amor en los brazos de Dios, y eso sólo lo pueden hacer las personas humanas, no los animales. Éstos, como los perros, por ejemplo, mueven su rabito cuando su amo está ante ellos, cuando los ven con sus ojos abiertos. Es la postura de los ateos, con perdón.

 

  Nosotros con el P. Copleston creo que estamos de acuerdo. Creemos en Dios y en Jesucristo resucitado porque hemos dado ese salto de amor y de fe.

 

  Tomás, llamado “dídimo” que significa “el mellizo” (tuviera o no otro hermano), era primero como los ateos que si no ven con sus ojos corporales y tocan las llagas de Jesús y meten su mano en su costado, no creen. Pero cuando Jesús le dice: “trae tu dedo, aquí tienes mis manos, trae tu mano y métela en mi costado”, Tomás se arrepiente y exclama: “¡Señor mío y Dios mío!” ...y nace así el segundo Tomás, el mellizo...Quiero decir que hay en Tomás dos seres: el incrédulo y el creyente arrepentido. Y lo que se aplica a Tomás, se aplica a todos nosotros: hay en nosotros dos personas: la incrédula y materialista que si no ve y toca no cree, y la creyente porque ama y da ese salto de amor y fe, que engendra alegría.

 

 

  El Beato John Henry Newman (1801-1890) dice:

  “La débil fe de Tomás, fuente de gracia para la Iglesia”

 

  No hemos de creer que santo Tomás era muy diferente de los demás apóstoles. Todos – quien más, quien menos – habían perdido la confianza en las promesas de Cristo cuando vieron que se lo llevaban para ser crucificado. Cuando fue depositado en el sepulcro, su esperanza quedó enterrada junto con Él, y cuando les llegó la noticia de que había resucitado, ninguno de ellos se lo creyó. Cuando se les apareció, les echó en cara su incredulidad y dureza de corazón. Tomás fue el último en convencerse, porque fue el último que vio a Cristo...rechazó el testimonio no de una sola persona, sino de los otros diez, de María Magdalena y de las otras mujeres. Parece que necesitaba una prueba visible de lo que es invisible, un signo infalible venido del cielo para colmar su angustia mostrándole el fin del camino en el momento de ponerse en marcha. Habitaba en él un secreto deseo de certidumbre, y este deseo surgió de nuevo ante la noticia de la resurrección de Cristo. Nuestro Salvador consiente a su debilidad, responde a su deseo, pero le dice; Porque me has visto, Tomás, has creído. Dichosos los que crean sin haber visto. Es así como le sirven todos los discípulos, con toda su debilidad, para que Él la transforme en palabras de enseñanza y consuelo para su Iglesia”.

 

  Termino con una poesía de 1997 de José Luis Blanco Vela titulada:

 

                     NOS DIJERON DE NOCHE

 

  Nos dijeron de noche

que estabas muerto,

y la fe anduvo en vela

junto a tu cuerpo.

 

  La noche entera

la pasamos queriendo

mover la piedra.

 

  No supieron contarlo

los centinelas,

nadie supo la hora

ni la manera.

 

  Antes del día

se cubrieron de gloria

tus cinco heridas.

 

  Si los cinco sentidos

buscan el sueño,

que la fe tenga el suyo

vivo y despierto.

 

  La fe velando

para verte de noche

resucitado.                                    j.v.c.

 


En breve

ORACIÓN DE SAN IGNACIO Tomad, Señor, y recibid

toda mi libertad, mi memoria, entendimiento y voluntad: Vos me lo disteis, a Vos, Señor lo torno. Disponed conforme a vuestra voluntad. Dadme vuestro amor y gracia que esto solo me basta

21 DE JULIO: DOMINGO 16 DEL TIEMPO ORDINARIO

CONTEMPLATIVOS EN LA ACCIÓN

El Evangelio de hoy nos presenta a Marta y María, que encarnan “la acción” la primera Marta y “la contemplación” la segunda María. De ahí viene ese título que he puesto a la homilía de “Contemplativos en la acción”. Es esta una frase de San Ignacio de Loyola que nos quería a todos así: contemplativos en la acción. Unidos siempre a Jesús en el trabajo diario. Unir a Marta y María, como si fueran una sola persona dentro de nosotros. Trabajar como Marta , pero con el corazón oyente de María. Marta toma la postura del “dar” y María la postura del “recibir”. Marta se coloca en el plano del “actuar” y María en el plano del “ser”. Marta acoge a Jesús en su casa, y María lo acoge “dentro” de su corazón. Marta ofrece cosas y María se ofrece a sí misma.