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Homilías

21 DE ABRIL: DOMINGO DE RESURRECCIÓN

“CORRER HACIA JESÚS RESUCITADO” desde Tokyo por el Padre Juan Vicente Catret S.J.

Llegamos por fin a la Pascua de la Resurrección de Jesús, después de las cinco semanas de Cuaresma.

      

 Quizás hayamos ofrecido durante este largo camino cuaresmal a Jesús algo especial: no comer postre, no beber nada de licor, etc. Si así lo hemos hecho nos sentiremos contentos de haber guardado la promesa a Jesús, en penitencia de nuestros pecados de toda la vida pasada. Y luego, siguiendo a S. Ignacio de Loyola en sus “Ejercicios Espirituales”, podemos pensar los devotos a la Virgen María, su Madre y Madre nuestra, que fue a ella a quien primero se apareció. Dice S. Ignacio en el número 299 de sus “Ejercicios” que “la Biblia no dice nada de esto, porque supone que tenemos entendimiento equivalente a sentido común” ... quiere decir que si como dice S. Pablo al principio de su primera carta a los Corintios capítulo 15, que Jesucristo resucitado se apareció a Pedro, a los Doce, a Santiago, a más de 500 hermanos y a mí el postrero, añadimos luego “a excepción de su Madre santísima”, somos necios o nos falta el sentido común. Esto me gusta a mi explicarlo en japonés diciendo que como dice S. Mateo en el capítulo 28 versiculo 9, que cuando Jesús resucitado salió al paso de las mujeres que volvían del sepulcro que encontraron vacío, y las saludó diciendo: “Alegraos”

(“ojayo!” en japonés), que en la Biblia traducida al japonés quiere decir: “Buenos días”, a mí me gusta pensar que también en japonés, cuando se apareció a María su Madre, si la saludara en japonés le diría: “tadaima” (que significa “ahorita he vuelto a casa”) y que ella le contestaría: “okaeri nasai” (“bien vuelto”) ...

  En fin, lo importante hoy es que “corramos hacia Jesucristo resucitado”, como lo hicieron María la Magdalena a dar la noticia a los temerosos apóstoles de que el sepulcro estaba vacío, y como Pedro y Juan corriendo también hacia allí para comprobarlo. Y entrando en el sepulcro, vieron y creyeron, por lo menos Juan el discípulo amado. Sí, hoy debemos correr hacia Jesucristo resucitado con más fe, con más amor, con más gozo y animados a servir al Señor en nuestros hermanos y hermanas, pues él lo dijo: “lo que hicisteis a uno de estos hermanos míos los más pequeños, conmigo lo hicisteis” (Mateo 25, 40).

  El beato abad Guerrico de Igny (1070-1157), discípulo de S. Bernardo de la Orden del Cister, dice en un sermón para este día:

  “Hoy, hermanos, ¿cuál es el testimonio de la alegría que colma vuestro corazón por el amor de Cristo? Si alguna vez habéis experimentado el amor a Jesús, vivo o muerto, resucitado: hoy cuando los mensajeros proclaman su resurrección en la Iglesia, vuestro corazón exulta y exclama: “Me han traído esta buena noticia: Jesús, mi Dios, vive. Al oír estas palabras, mi corazón, que estaba hundido en la pena y en el desaliento, languideciendo de tibieza y cobardía, ha recobrado ánimo”. Hoy, la suave música de este gozoso mensaje reanima a los pecadores que estaban hundidos en la muerte. Sin este mensaje no habría más salida que desesperar y enterrar en el olvido a aquellos que Jesús, al salir de los infiernos, habría dejado en el abismo.

  Comprobarás que tu espíritu ha recobrado la vida en Cristo si dices: “Si Jesús vive, esto me basta. Si Él vive, yo vivo en Él, mi vida depende de Él. Él es mi vida, Él es mi todo. ¿Qué me puede faltar si Jesús vive? Mejor aún: que todo lo demás me falte; no me importa si sé que Jesús vive”.

 

  Termino con un soneto del poeta actual argentino Juan Polo Laso, titulado:

 

                       DOMINGO DE PASCUA

 

  Y vencida la muerte, se levanta

como flecha lanzada, sin espera,

  • rosa bermeja, espiga, enredadera -

que a la cima del Padre se adelanta.

 

  Tanta voz, tanto sol, frescura tanta,

la tierra queda oliendo a primavera,

mientras Él se dispersa en la hoguera

de gozo y luz, que su victoria canta.

 

  Y aquí entre roca y cielo - ¡cuánta altura! -

la sangre ya salvada goza altiva

y la palma se alegra alborotada.

 

  La mañana se aliena en su blancura,

el alma se enardece, flor cautiva,

y el viento corre fresco en la enramada.

 

j.v.c.


En breve

ORACIÓN DE SAN IGNACIO Tomad, Señor, y recibid

toda mi libertad, mi memoria, entendimiento y voluntad: Vos me lo disteis, a Vos, Señor lo torno. Disponed conforme a vuestra voluntad. Dadme vuestro amor y gracia que esto solo me basta

15 DE SEPTIEMBRE: DOMINGO 24 DEL TIEMPO ORDINARIO

LA MISERICORDIA DE DIOS

Las tres lecturas de este domingo nos hablan de “la misericordia de Dios”.