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Homilías

7 DE ABRIL: DOMINGO QUINTO DE CUARESMA

“EL QUE ESTÉ SIN PECADO,QUE TIRE LA PRIMERA PIEDRA”

Este último domingo de Cuaresma, ya que luego viene ya la “Semana Santa”, nos presenta en el evangelio de la “mujer adúltera” el perdón de Jesús frente a la hipocresía de los fariseos que se creían puros. Jesús, cuando le dicen que la ley de Moisés manda apedrear a la mujer adúltera, lo primero que hace es inclinarse hacia el suelo y con un palito escribir garabatos en la tierra. ¿Qué hace? Esta haciendo una “pausa” para que los ánimos de los acusadores se sosieguen, y luego ante la insistencia de ellos, les lanza esa frase: “el que esté sin pecado, que tire la primera piedra”..

  Y cuando, uno detrás de otro los acusadores se marchan arrojando sus piedras de la mano a la tierra, y se quedan solos Jesús y la mujer pecadora, Jesús le dice a ella que tampoco él la condena, que vaya y no peque más. Lo que la mujer adúltera necesitaba no eran piedras, sino una mano amiga que la ayudara a levantarse. Nos lo dice también a nosotros en esta Cuaresma.

 

  Las otras lecturas de este domingo van en el mismo sentido.

 

  En la primera, el profeta Isaías dice en boca de Dios: “Mirad que realizo algo nuevo; ya está brotando”...

 

  En la segunda, San Pablo en su carta a los Filipenses escribe: “Todo lo estimo pérdida comparado con Cristo”...Frase que también podría decirla la mujer pecadora...

 

  En la cultura japonesa es típica “la pausa”, pararse un momento antes de hacer algo, tocar una pieza de música al piano, al empezar una prédica o sermón, etc.

  Y el Papa Francisco en su exhortación apostólica “Evangelii gaudium” nos dice:               Ve, y en lo sucesivo no peques más

 

  “La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús, Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría...El gran riesgo del mundo actual, con su múltiple y abrumadora oferta de consumo, es una tristeza individualista que brota del corazón cómodo y avaro, de la búsqueda enfermiza de placeres superficiales, de la conciencia aislada. Cuando la vida interior se clausura en los propios intereses, ya no hay espacio para los demás, ya no entran los pobres, ya no se escucha la voz de Dios...Los creyentes también corren ese riesgo, cierto y permanente...

  Invito a cada cristiano, en cualquier lugar y situación en que se encuentre, a renovar ahora mismo su encuentro personal con Jesucristo o, al menos, a tomar la decisión de dejarse encontrar por Él, de intentarlo cada día sin descanso. No hay razón para que alguien piense que esta invitación no es para él, porque “nadie queda excluido de la alegría que trae el Señor”. al que arriesga, el Señor no lo defrauda, y cuando alguien da un pequeño paso hacia Jesús, descubre que Él ya esperaba su llegada con los brazos abiertos. Este es el momento de dcirle a Jesucristo: “Señor, me he dejado engañar, de mil maneras he escapado de tu amor, pero aquí estoy otra vez para renovar mi alianza contigo. Te necesito. Rescátame de nuevo, Señor, una vez más entre tus brazos redentores”. ¡Nos hace tanto bien volver a Él cuando nos hemos perdido! Dios no se cansa nunca de perdonar, somos nosotros los que nos cansamos de acudir a su misericordia... Nadie podrá quitarnos la dignidad que nos otorga este amor infinito e inquebrantable. Él nos permite levantar la cabeza y volver a empezar, con una ternura que nunca nos desilusiona y que siempre puede devolvernos la alegría.”

 

  Termino con un soneto del poeta Bartolomé Llorens, nacido en Catarroja (Valencia) y que allí murió en 1946, titulado:

 

                     PECADO Y RESURRECCIÓN

 

¡Qué inmensa, negra, noche desolada,

sus tinieblas de espanto y de amargura,

su frío desamor, su sombra impura.

descendió sobre mi alma abandonada!

 

¡Qué triste corazón sin tu mirada,

sin tu luz, mi Señor, sin tu ventura!

¡Qué muerte sin tu amor! ¡Qué desventura

Sentir mi sequedad, mi amarga nada!

 

  Es la Noche, es la Sombra, es el no verte,

Señor, en la ceguedad del pecado

la más amarga, cruel, trágica muerte...

 

  Te tuve en mis entrañas sepultado

tanto tiempo, Señor, sin conocerte...

¡Mas nuevamente en mí has resucitado!           j.v.c.


En breve

ORACIÓN DE SAN IGNACIO Tomad, Señor, y recibid

toda mi libertad, mi memoria, entendimiento y voluntad: Vos me lo disteis, a Vos, Señor lo torno. Disponed conforme a vuestra voluntad. Dadme vuestro amor y gracia que esto solo me basta

14 DE ABRIL: DOMINGO DE RAMOS

RECIBAMOS A NUESTRO REY

Entramos en la “Semana Santa”, recibiendo a Jesús nuestro Rey y Redentor con esas palmas y ramas en nuestras manos. Luego nos las llevaremos a nuestras casas, poniéndolas a nuestra vista todo el año, como señal de que Jesús es nuestro Rey y nadie más.