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Homilías

24 DE FEBRERO: DOMINGO SÉPTIMO del Tiempo Ordinario, año C

“AMAD A VUESTROS ENEMIGOS” por Juan Vicente Catret S.J. y "SIN ESPERAR NADA" por José Antonio Pagola

Alguien dirá: “yo no tengo enemigos”, pero rechazan a un “censo” de hombres, que son como “enemigos”. ¿Cuál?

 

             “AMAD A VUESTROS ENEMIGOS”

 

Alguien dirá: “yo no tengo enemigos”, pero rechazan a un “censo” de hombres, que son como “enemigos”. ¿Cuál?

 

  1. El otro. O sea, el diferente totalmente de mí. El que no tiene mis gustos,

ni comparte mis puntos de vista. Incompatibilidad de carácter, de temperamento, de mentalidad.

  1. El adversario. El que siempre está en contra de mí, en postura de

discusión, critica todo lo que yo propongo.

  1. El pelmazo. El que se mete en todo inoportunamente. El petulante,

indiscreto, que se presenta en tono humilde, pero me obliga a escuchar largo tiempo su palabrería.

  1. El astuto. El hombre de doble juego, desleal, con una “cara” amable

pero con un “envés” distinto, astuto que dice una cosa, pero piensa otra. Es un solapado calculador

  1. El perseguidor. Que goza humillándome, con insinuación molesta.

 

  Y una vez “limitado” el “campo de mi amor, debemos aprender de Jesús que nos dice: “Habéis oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo. Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos...rezad por lo que os persiguen...Al que os golpea una mejilla, ponedle la otra...Sed misericordiosos como vuestro Padre del cielo es misericordioso.

 

  San Isaac el Sirio (640-700) dijo en un discurso ascético:

           Sed misericordiosos, como vuestro Padre es misericordioso

“Son muchos los pasos de las enseñanzas de Cristo que ponen de manifiesto

el amor-misericordia bajo un aspecto siempre nuevo. Basta tener ante los ojos al Buen Pastor en busca de la oveja extraviada o la mujer que barre la casa buscando la dracma perdida. El evangelista que trata con detalle estos temas en la enseñanza de Cristo es san Lucas, cuyo Evangelio ha merecido ser llamado “el Evangelio de la misericordia” ...

 

  Cristo, al revelar el amor-misericordia de Dios, exigía al mismo tiempo a los hombres que a su vez se dejasen guiar en su vida por el amor y la misericordia. Esta exigencia forma parte del núcleo mismo del mensaje mesiánico y constituye la esencia del ethos evangélico. El Maestro lo expresa bien sea a través del mandamiento descrito por Él como el más grande, bien en forma de bendición, cuando en el discurso de la llanura proclama: Bienaventurados los compasivos, porque ellos alcanzarán compasión.

 

  De este modo, el mensaje evangéico acerca de la compasión o misericordia conserva una particular dimensión divino-humana. Cristo – en cuanto cumplimiento de las profecías mesiánicas – al convertirse en la encarnación del amor que se manifiesta con peculiar fuerza respecto a los que sufren, a los infelices y a los pecadores, hace presente y revela de este modo más plenamente al Padre, que es Dios rico en misericordia. Asimismo, al convertirse para los hombres en modelo del amor misericordioso a los demás, Cristo proclama con las obras más que con las palabras la apelación a la misericordia, que es una de las componentes esenciales del ethos evangélico. En este caso no se trata solo de cumplir un mandamiento o una exigencia de naturaleza ética, sino también de satisfacer una condición de capital importancia, a fin de que Dios pueda revelarse en su misericordia con el hombre...los misericordiosos...alcanzarán misericordia”.

 

  Termino con una poesía de J. Bermejo del año 1999, titulada:

 

                    CON INSISTENCIA

 

  Con insistencia y con ardor nos pides

el gesto, la señal definitiva

en el amor: amar al enemigo,

poner la paz donde la guerra hostiga;

hacer de nuestro barro soberbio y despiadado

lámpara fiel de tu bondad divina.

 

Si alguna vez me siento perseguido

o calumniado, dame tu sonrisa,

que todo lo perdona y lo redime,

y todo lo fecunda y resucita.

 

Dame, Señor, tus mismos ojos, dame

Esa piedad que todo lo apacigua.

 

  Te pido por aquel que sin saberlo

sembró en el alma heridas

de muerte, y por aquellos que llagaron

el corazón con ímpetu homicida.

 

  Infunde en mí tu mansedumbre. Sólo

en tu bondad encuentre yo mi vida,

y en tus amores, mis amores, siempre

abierto como el surco a la semilla.

 

 

Y AHORA LAS REFLEXIONES DE JOSÉ ANTONIO PAGOLA

 

SIN ESPERAR NADA

 

¿Por qué tanta gente vive secretamente insatisfecha? ¿Por qué tantos hombres y mujeres encuentran la vida monótona, trivial, insípida? ¿Por qué se aburren en medio de su bienestar? ¿Qué les falta para encontrar de nuevo la alegría de vivir?

 

Quizás, la existencia de muchos cambiaría y adquiriría otro color y otra vida, sencillamente si aprendieran a amar gratis a alguien. Lo quiera o no, el ser humano está llamado a amar desinteresadamente; y, si no lo hace, en su vida se abre un vacío que nada ni nadie puede llenar. No es una ingenuidad escuchar las palabras de Jesús: “Haced el bien… sin esperar nada”. Puede ser el secreto de la vida. Lo que puede devolvernos la alegría de vivir.

 

Es fácil terminar sin amar a nadie de manera verdaderamente gratuita. No hago daño a nadie. No me meto en los problemas de los demás. Respeto los derechos de los otros. Vivo mi vida. Ya tengo bastante con preocuparme de mí y de mis cosas.

 

Pero eso, ¿es vida? ¿Vivir despreocupado de todos, reducido a mi trabajo, mi profesión o mi oficio, impermeable a los problemas de los demás, ajeno a los sufrimientos de la gente, me encierro en mi “campana de cristal”?

 

Vivimos en una sociedad donde es difícil aprender a amar gratuitamente. Casi siempre preguntamos: ¿Para qué sirve? ¿Es útil? ¿Qué gano con esto? Todo lo calculamos y medimos. Nos hemos hecho a la idea de que todo se obtiene “comprando”: alimentos, vestido, vivienda, transporte, diversión... Y así corremos el riesgo de convertir todas nuestras relaciones en puro intercambio de servicios.

 

Pero, el amor, la amistad, la acogida, la solidaridad, la cercanía, la confianza, la lucha por el débil, la esperanza, la alegría interior… no se obtienen con dinero. Son algo gratuito que se ofrece sin esperar nada a cambio, si no es el crecimiento y la vida del otro.

 

Los primeros cristianos, al hablar del amor utilizaban la palabra “ágape”, precisamente para subrayar más esta dimensión de gratuidad, en contraposición al amor entendido solo como “eros” y que tenía para muchos una resonancia de interés y egoísmo.

 

Entre nosotros hay personas que solo pueden recibir un amor gratuito, pues no tienen apenas nada para poder devolver a quien se les quiera acercar. Personas solas, maltratadas por la vida, incomprendidas por casi todos, empobrecidas por la sociedad, sin apenas salida alguna en la vida.

 

Aquel gran profeta que fue Helder Cámara nos recuerda la invitación de Jesús con estas palabras: “Para liberarte de ti mismo, lanza un puente más allá del abismo que tu egoísmo ha creado. Intenta ver más allá de ti mismo. Intenta escuchar a algún otro, y, sobre todo, prueba a esforzarte por amar en vez de amarte a ti solo”.

 

José Antonio Pagola


En breve

ORACIÓN DE SAN IGNACIO Tomad, Señor, y recibid

toda mi libertad, mi memoria, entendimiento y voluntad: Vos me lo disteis, a Vos, Señor lo torno. Disponed conforme a vuestra voluntad. Dadme vuestro amor y gracia que esto solo me basta

DOMINGO 21° DEL AÑO LITÚRGICO, CICLO C

AL OTRO LADO DE LA PUERTA ESTRECHA

Dios quiere que “todos se salven”, o sea, que todos seamos infinitamente felices… para siempre. En el deseo de Dios no hay excepción: Todos significa todos, pero libremente.