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Homilías

17 DE FEBRERO: DOMINGO 6 DEL TIEMPO ORDINARIO

PIADOSOS, JUSTOS, TEMEROSOS DE DIOS = ACTITUD DE CONFIANZA, ESPERANZA, ABANDONO EN DIOS, desde Tokyo por Juan Vicente Catret S,J,

Jesús, en las Bienaventuranzas según San Lucas de este domingo, que son cuatro y no ocho como en el evangelio de San Mateo, contrapone la “riqueza-cerrazón” de la nobleza sacerdotal judía con la “pobreza-apertura” de los fieles, piadosos y observantes de la ley de Dios.

 Y Dios, en Jesucristo, se pone de parte de estos últimos. Se podría traducir:

“Bienaventurados vosotros, pobres, porque Dios está cansado de veros sufrir, porque Dios ha decidido mostraros que os ama”.

 

  Las manos del pobre se abren, desnudas, para recibir.   Las del rico se cierran para tener, para defender su dinero.

 

Las palabras que Jesús dirige a éstos no son una maldición, sino que son una compasión.

 

  Ya en la primera lectura del profeta Jeremías leemos: “Así dice el Señor: Maldito quien confía en el hombre, y en la carne busca su fuerza, apartando su corazón del Señor...Bendito quien confía en el Señor y pone en el Señor su confianza” ...

  En japonés, “pobreza” se dice: 清貧 (seijin) que significa vivir “limpia” y “honestamente” (清) con “pocas clochinas” (貧)ya que antiguamente se usaban las “clochinas limpias” como forma de intercambiar dinero entre el que compra y el que vende. ¡Bonita palabra! (“clochinas” son unos pequeños moluscos bivalvos de la costa valenciana; el autor de esta homilía, aunque ha pasado toda su vida en Japón, es de origen valenciano).

 

  San León Magno (390-461) en un sermón sobre las Bienaventuranzas de San Lucas dijo:

  Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos.

Habrá parecido que, para merecer el Reino de los cielos, bastaría solo con la indigencia que muchos padecen como efecto de una penosa y dura necesidad. Pero al decir dichosos los pobres en el espíritu, el Señor muestra que el Reino de los cielos se debe otorgar a los que recomienda la humildad del alma más que la penuria de los recursos. No puede dudarse de que los pobres consiguen con más facilidad que los ricos el don de la humildad, ya que los pobres, en su indigencia, se familiarizan fácilmente con la mansedumbre y, en cambio, los ricos se habitúan fácilmente a la soberbia. Sin embargo, no faltan tampoco ricos adornados de humildad y que de tal modo usan sus riquezas que no se ensoberbecen con ellas, sino que más bien se sirven de ellas para obras de caridad, considerando que su mejor ganancia es emplear los bienes que poseen en aliviar la miseria del prójimo. El don de esta pobreza se da, pues, en toda clase de hombres y en todas las condiciones en las que el hombre puede vivir, pues pueden ser iguales por el deseo incluso aquellos que por la fortuna son desiguales, y poco importan las diferencias en los bienes terrenos si hay igualdad en las riquezas del espíritu”.

  Termino con una poesía de Gloria Fuertes (1917-1998) titulada:

 

                          LA POBRE

 

  Soy tan pobre, tan pobre,

que no tengo ni madre.

Soy tan pobre, tan pobre,

que no tengo ni nadie

que no tengo ni abrigo

que llevarme a los hombros.

No tengo ni belleza

que llevarme a los hombres.

 

  Soy tan pobre, tan pobre,

que no tengo ni labios

que llevarme a la boca.

¿Tenéis una mirada de ternura?

¿Os sobra algo de vino de la copa?

¡Un poquito de pez,

que tengo hambre...!

Aunque sólo sea una mirada,

soy tan pobre, tan pobre,

que no tengo una sábana blanca...

pero si no la tengo no te vayas.

 

  No tengo un hombro donde llorar a gusto.

No tengo un hombre donde zurcir palabras.

Unas manos por caridad,

para las mías largas,

que tengo a mi corazón enfermo

y no tengo que darle una cucharada.

 


En breve

ORACIÓN DE SAN IGNACIO Tomad, Señor, y recibid

toda mi libertad, mi memoria, entendimiento y voluntad: Vos me lo disteis, a Vos, Señor lo torno. Disponed conforme a vuestra voluntad. Dadme vuestro amor y gracia que esto solo me basta

DOMINGO 21° DEL AÑO LITÚRGICO, CICLO C

AL OTRO LADO DE LA PUERTA ESTRECHA

Dios quiere que “todos se salven”, o sea, que todos seamos infinitamente felices… para siempre. En el deseo de Dios no hay excepción: Todos significa todos, pero libremente.