Documento sin título

Homilías

10 DE FEBRERO: DOMINGO 5 DEL TIEMPO ORDINARIO

SEGUIMIENTO DE JESÚS, desde Tokyo por el Padre Juan Vicente Catret S.J.

Hay una diferencia entre “la imitación” y “el seguimiento”. Y las dos imágenes que lo manifiestan son “el espejo” para la imitación y “el camino” para el seguimiento. El espejo expresa la vanidad, y el camino es el símbolo de la tarea, la misión a cumplir.

   Las tres lecturas de este domingo van en esa línea. En la primera se nos presenta la vocación del profeta Isaías. Cuando en su visión en el templo un serafín le purifica los labios con un tizón encendido al rojo vivo, oye la voz del Señor que le llama y responde: “Aquí estoy. Mándame ir”… Se pone en camino.

 

  En la segunda lectura, S. Pablo afirmará que “por la gracia de Dios soy lo que soy”... el apóstol enviado a los gentiles. Se pone en camino.

 

  Y en el evangelio, cuando tras la enorme redada de peces, Pedro a los pies de Jesús le dice: “apártate de mí, Señor, que soy un pecador”, Jesús le dice que desde ahora “serás pescador de hombres”... Y él y su hermano Andrés, lo mismo que Juan y su hermano Santiago lo dejan todo: redes y barca, para seguir a Jesús, a su camino y cumplir la misión que les es confiada. Los cuatro se ponen en camino.

 

  El Beato Cardenal John Henry Newman (1801-1890), en uno de sus sermones parroquiales dice:

 

  “A lo largo de nuestra vida, Cristo nos llama. Nos estaría bien tener conciencia de ello, pero somos lentos en comprender esta gran verdad: que Cristo camina a nuestro lado y, con su mano, sus ojos y su voz, nos invita a seguirlo. En cambio, nosotros ni siquiera alcanzamos a oír su llamada, que se da a entender ahora mismo. Pensamos que tuvo lugar en tiempos de los apóstoles; pero no creemos que la llamada nos ataña a nosotros, no la espramos. No tenemos ojos para ver al Señor muy al contrario del apóstol a quien Jesús amaba, que distinguía a Cristo cuando los demás discípulos no lo reconocían para nada.

 

  No obstante, estate seguro: Dios te mira, quienquiera que seas. Dios te llama por tu nombre. Te ve y te comprende, Él, que te hizo. Todo lo que hay en ti lo conoce; todos tus sentimientos y tus pensamientos, tus inclinaciones, tus gustos, tu fuerza y tu debilidad. Te ve en los días de alegría y en los tiempos de pena. Se interesa por todas tus angustias y tus recuerdos, todos tus ímpetus y los desánimos de tu espíritu. Dios te abraza y te sostiene; te levanta o te deja descansar en el suelo. Contempla tu rostro cuando lloras y cuando ríes, en la salud y en la enfermedad. Mira tus manos y tus pies, escucha tu voz, el latido de tu corazón y hasta tu aliento. No te amas tú más que te ama Él”.

 

  Termino con una poesía de 1995 de Benjamín González Buelta titulada:

 

                   LA LLAMADA DEL TODO

 

  Hay que dejarlo todo

en el seguimiento de Jesús.

  Primero se dejan las cosas:

lo que se recibe heredado

y viene grapado al apellido,

lo que es fruto del trabajo

y lleva nuestra huella.

  También hay que dejarse

a sí mismo:

los propios miedos,

con su parálisis,

y los propios saberes,

con sus rutas ya trazadas.

  Después hay que entregar

las llaves del futuro,

acoger lo que nos ofrece

el Señor de la historia

y avanzar en diálogo

de libertades encontradas

mutuamente para siempre,

que se unifican en único paso

en la nueva puntada del tejido.

  ¿Cómo abandonarlo todo

sin sentir al Todo

llenar nuestras ausencias

y seducir nuestros haberes?


En breve

ORACIÓN DE SAN IGNACIO Tomad, Señor, y recibid

toda mi libertad, mi memoria, entendimiento y voluntad: Vos me lo disteis, a Vos, Señor lo torno. Disponed conforme a vuestra voluntad. Dadme vuestro amor y gracia que esto solo me basta

14 DE ABRIL: DOMINGO DE RAMOS

RECIBAMOS A NUESTRO REY

Entramos en la “Semana Santa”, recibiendo a Jesús nuestro Rey y Redentor con esas palmas y ramas en nuestras manos. Luego nos las llevaremos a nuestras casas, poniéndolas a nuestra vista todo el año, como señal de que Jesús es nuestro Rey y nadie más.