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Homilías

3DE FEBRERO: DOMINGO 4 DEL TIEMPO ORDINARIO

CONVERTIDOS EN HIJOS DE LA LUZ, desde Tokyo por el P. Juan Vicente Catret S.J.

Jesús fracasó en su propio pueblo. Su manifiesto programático suscitó primero estupor y perplejidad entre los pueblerinos de Nazaret que decían: “¿De dónde saca éste su sabiduría? ¿No es acaso el hijo de José el carpintero?”...Y después tuvieron una reacción violenta: “Se pusieron furiosos... lo empujaron fuera...con una intención de despeñarlo”.

 

   ¿Por qué este cambio? Rechazan a un Mesías “para hoy”, lo querían para mañana, con una imagen de Dios abstracta, atemporal. No veían a este “enviado” para los débiles, los oprimidos, que exigen una respuesta inmediada. El hoy de Dios llega siempre demasiado pronto, cuando uno no se lo espera, y debe ser acogido con un sí inmediato.

  Y además Jesús habla de los extranjeros: la viuda de Sarepta y la curación del sirio Naamán...Los de Nazaret querían a un Jesús “para ellos”, para que hiciera milagros allí, ejerciera su actividad curativa a favor de los enfermos de Nazaret. Que abriera allí una “clínica curativa”. Pero Jesús es universal, es para todos.

  Jesús es rechazado lo mismo que Jeremías, cuya vocación hemos escuchado en la primera lectura de este domingo: “Mira, yo te convierto hoy en una plaza fuerte, en columna de hierro, en muralla de bronce, frente a todo el país”. Lo mismo ocurrió con Jesús en Nazaret. Jesús es “echado fuera”, mientras que “deberían salir fuera con él”...Jesús siempre nos lleva “a otra parte”: de nuestros deseos e intereses...

  San Cirilo de Alejandría (370-444) escribió:

                 Para “renovar la faz de la tierra”

  “Cristo ha querido que el mundo lo siguiera y así conducir a Dios Padre a todos los habitantes de la tierra. Ha querido establecer todas las cosas a un estado mejor y renovar, por decirlo de alguna manera, la faz de la tierra. Por eso, a pesar de ser el Señor del universo, tomó la condición de esclavo. Anunció la buena noticia a los pobres afirmando que Él había sido enviado con este fin... Cristo promete la curación y el perdón de los pecados a los que tienen roto el corazón, y devuelve la vista a los ciegos. ¿Cómo no van a ser ciegos los que no reconocen a aquel que es el Dios verdadero? ¿No está su corazón privado de la luz divina y espiritual? A ellos precisamente el Padre les envía la luz del verdadero conocimiento de Dios. Llamados por la fe, lo han conocido; es más, han sido conocidos por Él. Habiendo sido hijos de la noche y de las tinieblas, se han convertido en hijos de la luz porque el día los ha iluminado, el Sol de justicia ha amanecido para ellos y la estrella de la mañana se les ha aparecido en todo su esplendor”.

  Quiero terminar con una poesía de José Luis Hermosilla (de 1986) que ofrece el panorama de la “cerrazón de los de Nazaret” y de tantos otros que no ven a Jesús como el “Profeta anunciado” ya por Moisés en el Deuteronomio. La poesía se llama:

                         MAR SIN AGUA

  Mar sin agua,

hombre sin corazón,

pájaro sin libertad,

mundo sin amor.

  Manos sin cadenas,

cielo sin estrellas,

niño sin sonrisas,

campo sin sol,

hombre sin fe,

hombre sin Dios,

hombre que busca

busca sin hallar.

  Rico sin pobreza,

sueños y sólo sueños;

vida sin amor,

llanto sin lágrimas,

dolor y más dolor.

  Mirada sin horizontes:

¡Nos haces falta tú!

 


En breve

ORACIÓN DE SAN IGNACIO Tomad, Señor, y recibid

toda mi libertad, mi memoria, entendimiento y voluntad: Vos me lo disteis, a Vos, Señor lo torno. Disponed conforme a vuestra voluntad. Dadme vuestro amor y gracia que esto solo me basta

14 DE ABRIL: DOMINGO DE RAMOS

RECIBAMOS A NUESTRO REY

Entramos en la “Semana Santa”, recibiendo a Jesús nuestro Rey y Redentor con esas palmas y ramas en nuestras manos. Luego nos las llevaremos a nuestras casas, poniéndolas a nuestra vista todo el año, como señal de que Jesús es nuestro Rey y nadie más.