Documento sin ttulo

Homilías

DOMINGO 28 DEL TIEMPO ORDINARIO

TEMA: LA RIQUEZA Y LA LLAMADA DE DIOS, desde Tokyo por Juan Vicente Catret S.J.

La liturgia de la Palabra de este domingo nos propone este tema que pongo aquí arriba. La primera lectura del libro de la Sabiduría nos dice que la sabiduría es más preciosa que la riqueza. El Evangelio nos muestra a un joven rico que está apegado a sus riquezas. La segunda lectura de la Carta a los Hebreos nos dice que “la Palabra de Dios, que es viva, eficaz y cortante como espada de dos filos”. Penetra en el corazón, y suscita remordimientos en la conciencia, pone en crisis a quien no vive de verdad en la gracia de Dios.

 

                 TEMA: LA RIQUEZA Y LA LLAMADA DE DIOS

 

 

  Si acogemos esa Palabra viva que nos llama, se convierte en fuente de vida para nosotros. Dios nos quiere, su Palabra busca nuestro bien.

  El joven rico que tiene buenas intenciones, rechaza dolorido la llamada de Jesús, porque su corazón está pegado a las riquezas materiales. No acoge la palabra de la Sabiduría: “todo el oro a su lado es un poco de arena, y junto a ella, la plata vale lo que el barro”.

  Jesús reflexiona y dice: “Qué difícil es que los ricos entren en el reino de Dios...Es más fácil para un camello pasar por el ojo de una aguja que para un rico entrar en el Reno de Dios”.

  Y cuando Pedro pregunta a Jesús por el qué recibirán ellos que lo han dejado todo para seguirle, Jesús dice: “aquí el cien por uno, y en el futuro la vida eterna”.

  Por lo tanto, lo más importante para nosotros es saber para qué vivimos. Y la respuesta debe ser que vivimos no para acumular dinero, sino para acoger el amor de Dios con generosidad, con una actitud de desprendimiento, para ponernos al servicio de este amor y al servicio de nuestros hermanos y hermanas. Entonces la alegría divina colmará nuestros corazones.

  El Beato Cardenal John Henry Newman (1801-1890) comenta:

          Jesús, poniendo sobre él su mirada, lo amó

  “Dios te mira, seas quien seas. Y te llama por tu nombre. Te ve y te comprende, él, que te ha hecho. Todo lo que hay en ti lo sabe: todos tus sentimientos, tus pensamientos, tus inclinaciones, tus gustos, tu fuerza y tu debilidad. No se preocupa de ti solamente porque formas parte de su creación, ya que él cuida incluso de los gorriones, sino porque eres un hombre o una mujer, rescatados y satificados, sus hijos adoptivos, y gozáis en parte de esta gloria y de esta bendición, que eternamente él derrama sobre el Hijo único”.

   Termino con un soneto aplicable al joven rico que buscaba algo más. Es del poeta Juan José Domenchina, nacido en Madrid en 1898 y muerto en México en 1959, titulado:

 

                  TE BUSCO DESDE SIEMPRE

 

  “Te busco desde siempre. No te he visto

nunca. ¿Voy tras tus huellas? Las rastreo

con ansia, con angustia, y no las veo.

Sé que no sé buscarte, y no desisto.

  ¿Qué me induce a seguirte? ¿Por qué insisto

en descubrir tu rastro? Mi deseo

no sé si es fe. No sé. No sé si creo

en algo, ¿en qué? No sé, No sé si existo.

  Pero, Señor de mis andanzas, Cristo

de mis tinieblas, oye mi jadeo.

No sufro ya la vida, ni resisto

  la noche. Y si amanece, y yo no veo

el alba, no podré decirte: “He visto

tu luz, tus pasos en la tierra y creo”.

 

  j.v.c.


En breve

ORACIÓN DE SAN IGNACIO Tomad, Señor, y recibid

toda mi libertad, mi memoria, entendimiento y voluntad: Vos me lo disteis, a Vos, Señor lo torno. Disponed conforme a vuestra voluntad. Dadme vuestro amor y gracia que esto solo me basta

21 DE OCTUBRE: DOMINGO 29 DEL TIEMPO ORDINARIO

SER MARTILLO O YUNQUE

Este proverbio alemán que pongo como título de esta homilía, viene a cuento este domingo en el Evangelio, que trata del ruego de los hijos del Zebedeo: Santiago y Juan, de sentarse a derecha e izquierda de Jesús en el Reino de su Gloria. Jesús les dice a ellos y a todos los apóstoles y a nosotros también, que “el que quiera ser grande, sea vuestro servidor”, como Él, que vino “a servir y dar su vida en rescate por todos”. O sea, Jesús toma la forma del “yunque” que recibe todos los golpes, no la forma del “martillo” que golpea y clava clavos. Es decir que el sentido de su vida es “servir”, dejarse clavar, y no “mandar”, golpear... ¿Cuál es el sentido de nuestra vida? Es famosa la triple postura de Adler, Freud y Frankl. Para Adler, el sentido de la vida es “la voluntad de poder”, para Freud es “la voluntad del placer”, y para Frankl es “la voluntad que busca un significado a todo en la vida con esperanza de encontrarlo”...Es decir, pasar sirviendo en esta vida, haciendo el bien como Jesús, amando y sirviendo a todos, suscitar estrellas brillantes en sus ojos, que es infundir esperanza de que todo irá mejor. Ya lo profetizó Isaías en la primera lectura de este domingo: “mi siervo justificará a muchos, cargando con los crímenes de ellos”. San Alfonso María de Ligorio (1696-1787) dijo en una novena de Navidad: “El Señor eterno se ha dignado presentarse ante nosotros primero como un niño en un establo, después como un simple obrero en un taller, más tarde como un criminal muriendo en la cruz, y finalmente como pan en una ofrenda. Aspectos numerosos, aspectos intencionales de Jesús, aspectos que no tiene más que un efecto: mostrar el amor que tiene por nosotros. Oh, Señor, ¿puedes inventar alguna cosa más para que te amemos? ...almas redimidas, dad a conocer por todas partes las obras de amor de este Dios lleno de amor. Él las concibió y realizó para que todos los hombres se amaran, él que, tras haberlos colmado de sus favores, se donó a sí mismo, ¡y de tantas maneras! “Enfermo o herido, ¿deseas curarte? Jesús es la medicina: él te sana con su sangre. ¿La fiebre te quema? Él es la fuente refrescante. ¿Te atormentan las pasiones y problemas de este mundo? Él es la fuente de los consuelos espirituales y el verdadero bienestar. ¿Temes a la muerte? Él es la vida. ¿Aspiras a llegar al cielo? Él es el camino”...Jesucristo no solo se dio a todos los hombres en general; él se da también a cada uno en particular...Dios nos ama tanto a cada uno de nosotros como a toda la humanidad”... Quiero terminar con una poesía del mejicano Bernardo Casanueva (1920-1993), que nos habla del “clavo” que se deja golpear por el “martillo” en actitud servicial y de amor. Se titula eso: EL CLAVO ¿Quién cuando clava el clavo, traspasada la altura, tiene poder de hacer que la madera no sufra al ser - cuidado puesto en ello - ¡ay!, extraído...? Y si el clavo es de luz, ¿cómo sacarle? Sacar se puede de una vez la espina sepulta de la carne; pero clavos macizos, clavos de amor, ¡no pueden, no, sacarse! Hay un destrozo en toda la madera y se derrama a un lado, como un río, toda la savia en flor, toda la albura. Está en el corazón la punta fiera y está haciendo más daño que la herida; pero qué bien guardar este tesoro y no sacarle nunca, nunca, nunca, pues no hay mano que le alcance a sacar sin el destrozo; dejadle donde está y que su sitio sea en la luz del fondo, donde en punta de diamante se recorta y relumbra y donde brilla en gran constelación suya la carne, ¡Dejad el clavo del amor adentro! No vengáis, no, por él..!El clavo es uno con el tuétano, y es uno con el hueso y con la carne, y tiene el brillo y el fulgor del golpe, y es uno con el alma y el espíritu!