Documento sin ttulo

Homilías

16 y 23 de septiembre DOMINGOS 24 y 25 del ciclo B

"¿Quién es Jesús para mí?" - "La inmensa alegría de servir"

El 24° domingo se centra en la pregunta que Jesús hace a sus discípulos: “Y vosotros, ¿quién decís que soy?”...Pedro le contesto: “Tú eres el Mesías”. En el domingo 25° Jesús, que anuncia a sus discípulos que va a ser entregado a la pasión y muerte, pero que resucitará al tercer día, reprocha luego a los mismos discípulos que discutían en el camino quién de ellos es el más importante. Y luego, cuando llegaron a casa, se sentó y les dijo a los Doce: “Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos. Y acercando a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: El que acoge a un niño como éste en mi nombre, me acoge a mí” ...

              ¿QUIÉN ES JESÚS PARA MÍ?

 Jesús explica el sentido de la palabra: el Mesías”. No es un Mesías de poder y gloria, a lo del Rey David, que venciera y expulsara del país a los Romanos, que es lo que esperaban todos los judíos, incluso los apóstoles de Jesús. Es un Mesías equivalente al “Hijo del Hombre”, el Siervo sufriente, tal como lo anuncia el profeta Isaías en la primera lectura de este domingo: “Ofrecí mi espalda a los que golpeaban...” Y Jesús lo dice más claramente en el mismo Evangelio: “El Hijo del Hombre tiene que padecer mucho...ser ejecutado, y resucitar a los tres días”.

  Y acaba diciendo que: “el que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga” ...

 

  Hoy tenemos que preguntarnos: ¿quién es Jesús para mí? ... Una pregunta alimentada por las muchas que se dan sobre Jesús en los Evangelios:

 

  ¿Quién es este “médico” que come y bebe en compañía de pecadores?...

¿Quién es este “novio” que dispensa a sus discípulos del ayuno?...

¿Quién es éste que se atreve a perdonar los pecados?...

¿Quién éste que hasta el viento y el mar le obedecen?...

¿Quién es éste que habla con una autoridad nueva?...

¿Quién es éste que expulsa a los malos espíritus o demonios?...

  La respuesta la da Pedro sin saberlo, por inspiración divina: “Tú eres el Mesías”. 

 

 ¿Y nosotros? ...Debemos dar la misma respuesta con fe y amor. Jesús es la razón de mi existencia. Una respuesta que compromete nuestra vida, para seguirle en tiempos fáciles y en tiempos de pruebas, “con nuestra cruz a cuestas” ...

 

San Juan Crisóstomo (347-407) en una de sus homilías habla de la cruz:

  “La cruz de Cristo es fuente de todo bien. Gracias a ella vivimos, somos regenerados y salvados. Llevemos, pues, la cruz como una corona de gloria. Esta pone su sello a todo lo que nos conduce a la salvación. Cuando somos regenerados por las aguas del bautimso, está ahí; cuando nos acercamos a la santa mesa para recibir el Cuerpo y la Sangre del Savador está ahí; cuando imponemos las manos sobre los elegidos del Señor, está ahí. Cualquier cosa que hagamos, ahí se levanta ella, signo de victoria para nosotros. Por eso la ponemos en nuestras casas, en nuestras paredes, en nuestras puertas; la trazamos sobre nuestra frente y nuestro pecho; la llevamos en nuestro corazón. Porque es el símbolo de nuestra redención, de nuestra liberación y de la infinita misericordia de nuestro Señor”.

 

  Termino con poesía de fray Damián de Vegas, un poeta y dramaturgo español de la segunda mitad del siglo 16, titulada:

 

   ESTÁTE, SEÑOR, CONMIGO

 

  Estáte, Señor, conmigo

siempre, sin jamás partirte,

y cuando decidas irte,

llévame, Señor, contigo;

porque el pensar que te irás

me causa un terrible miedo

de si yo sin ti me quedo,

de si tú sin mí te vas.

 

  Llévame en tu compañía,

donde tú vayas, Jesús,

porque bien sé que eres tú

la vida del alma mía;

si tú vida no me das,

yo sé que vivir no puedo

ni si yo sin ti me quedo,

ni si tú sin mí te vas.

 

  Por eso, más que a la muerte,

temo, Señor, tu partida

y quiero perder la vida

mil veces más que perderte,

pues la inmortal que tú das

sé que alcanzarla no puedo

cuando yo sin ti me quedo,

cuando tú sin mí te vas.

                

“LA INMENSA ALEGRÍA DE SERVIR”

  Jesús, que anuncia a sus discípulos que va a ser entregado a la pasión y muerte, pero que resucitará al tercer día, reprocha luego a los mismos discípulos que discutían en el camino quién de ellos es el más importante. Y luego, cuando llegaron a casa, se sentó y les dijo a los Doce: “Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos. Y acercando a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: El que acoge a un niño como éste en mi nombre, me acoge a mí” ...

 

  San Teofilacto (obispo de Nicomedia muerto en el año 845) en un comentario al evangelio de San Marcos dice;

  “El Señor no les reprime su deseo de gozar por ser el más apreciado, pues, en efecto, él quiere que deseemos llegar al rango más alto. Y sin embargo, no quiere que esperemos el primer lugar, sino más bien que busquemos el grado de mayor humildad. De hecho, el Señor ha puesto en medio de ellos a un niño y quiere que lleguemos a ser semejantes a éstos, El niño no busca la gloria, no tiene envidia ni rencor, “No solo obtendréis una gran recompensa pareciéndoos a ellos – dice – sino que, si por mi causa honráis a los que son semejantes a ellos, recibiréis en compensación el reino de los cielos, puesto que acogiéndome a mí acogéis al que me ha enviado”.

 

  Y Benedicto XVI, cuando era aún el Cardenal Ratzinger, en su libro “El Dios de Jesucristo”, también dice:

  “Hemos de recordar que el título de nobleza teológica central de Jesús es el Hijo. ¿En qué medida esta designación fue prefigurada ya lingüisticamente en la manera en que Jesús mismo se presentó? Sin duda, intentó resumir en una palabra la impresión general que daba su vida; la orientación de su vida, su raíz y su punto de origen tenía como nombre Abba: papá. Sabía que nunca estaba solo; hasta en su último grito en la cruz se dirige por entero al Otro, al que llama Padre. Esto es lo que hizo posible que su verdadero título de nobleza no sea finalmente “Rey” ni “Señor” ni otros atributos de poder, sino una palabra que también podríamos traducir por “niño”.

  Su mayor dignidad consiste en el hecho de volver al Otro, al Dios Padre...

 

  Quiero terminar con una poesía de la poetisa madrileña Gloria Fuertes (1917-1998) que se titula: “Servir”    

 

SERVIR

 

  Donde haya un árbol que plantar,

plántalo tú.

Donde haya un error que enmendar,

enmiéndalo tú.

Donde haya un esfuerzo que todos esquiven,

acéptalo tú.

 

  Sé el que apartó del camino la piedra,

el odio de los corazones

y las dificultades del problema.

Hay la alegría de ser sano y justo, pero

hay, sobre todo, la inmensa alegría de servir.

 

  Qué triste sería el mundo si todo en él

estuviera hecho. Si no hubiera un rosal

que plantar, una empresa que emprender...

No caigas en el error

de que sólo se hacen méritos

con los grandes trabajos.

  Hay pequeños servicios

que nos hacen grandes:

poner una mesa,

ordenar unos libros,

peinar a una niña.

El servir no es una faena de seres inferiores.

Dios, que es el fruto y la luz, sirve.

Y te pregunta cada día: ¿Serviste hoy?

 


En breve

ORACIÓN DE SAN IGNACIO Tomad, Señor, y recibid

toda mi libertad, mi memoria, entendimiento y voluntad: Vos me lo disteis, a Vos, Señor lo torno. Disponed conforme a vuestra voluntad. Dadme vuestro amor y gracia que esto solo me basta

18 DE NOVIEMBRE: DOMINGO 33 DEL TIEMPO ORDINARIO

EXHORTACIÓN A LA VIGILANCIA

“Vigilancia” en griego se dice: nepsis. Y los Anacoretas del Desierto decían en un “apotecma” o “frase ritual: “fuge” : “huye” del mundanal ruído, “tace”: “calla” u ora y medita en silencio, y “quiesce”: “descansa” en el Señor.