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Homilías

16 DE AGOSTO: DOMINGO 20 DURANTE EL AÑO

COMER A JESÚS Y SER COMIDOS POR JESÚS

Hay personas que van a Misa y comulgan todos los días, alegando que si no lo hacen no pueden “mantenerse” en su identidad de cristianos. Está muy bien, pero sería mejor decir que comulgamos en la Eucaristía no para “conservarnos” sino para “perdernos”. Sí, perder nuestro modo de pensar, de hablar, de caminar, de obrar y de amar, para que sea Jesús desde dentro de nosotros el que piense, hable, camine, obre y ame, tomándonos a nosotros como sus instrumentos. Tal como decía aquel refrán: “el cristiano, otro Cristo”.

Esta frase que pongo por título de esta homilía no es mía, sino que es de San Agustín y la quiero hacer también mía porque me gusta mucho.

  Hay personas que van a Misa y comulgan todos los días, alegando que si no lo hacen no pueden “mantenerse” en su identidad de cristianos. Está muy bien, pero sería mejor decir que comulgamos en la Eucaristía no para “conservarnos” sino para “perdernos”. Sí, perder nuestro modo de pensar, de hablar, de caminar, de obrar y de amar, para que sea Jesús desde dentro de nosotros el que piense, hable, camine, obre y ame, tomándonos a nosotros como sus instrumentos. Tal como decía aquel refrán: “el cristiano, otro Cristo”.

  Y eso es lo que nos dice Jesús en el Evangelio de este domingo: “el que come mi carne y bebe mi sangre, habita en mí y yo en él”. Ese versículo 56 del capítulo 6 del Evangelio de S. Juan, es lo más excelso y profundo que se haya escrito sobre la Eucaristía: el pan y vino que se convierten en la carne y sangre del Señor. Ahora sí, podemos rogar con S. Agustín: “Señor Jesús, cómeme más y más hasta que yo me pierda dentro de Tí”. Esto no es panteísmo ni antropofagismo, sino un deseo místico que se hace realidad por el amor que Jesucristo nos tiene, que quiere permanecer con y dentro de nosotros por medio del Sacramento de la Eucaristía hasta el fin del mundo. 

  De este modo, se cumplen por antonomasia, primero la llamada del libro de la Sabiduría, la primera lectura de este domingo: “La Sabiduría ha preparado el banquete...Venid a comer mi pan y a beber el vino que he mezclado”...Y segundo, S. Pablo en la segunda lectura de hoy tomada de su carta a lo Efesios, también nos dice: “No seáis insensatos, sino sensatos...dejaos llenar del Espíritu”...

  Así pues, como dice P. Bockel: “Comer a Dios es también el deseo secreto del hombre ávido de absoluto y de plenitud”. 

  Pero por otra parte, en la invitación de Jesús sentimos otra frase que mejora el “Cogito, ergo sum” (“Pienso luego soy”) de Descartes. Y esa frase es: “amor, ergo amo et sum” (“Soy amado luego amo y soy”). Somos amados por Jesús y le amamos y entonces “somos” cristianos, él actúa en y por nosotros. Todo, gracias a la Eucaristía, a Jesús que nos dice: “Yo soy el Pan de vida”. 

  Quiero concluir con una poesía de Montserrat Maristany titulada:

                         ¡VEN, SEÑOR...! 

  Tú vienes, Señor, tan blanco,
escondido en la Hostia nueva
que me das cada mañana...
y yo... ¡me veo en tinieblas...!
 
 Tú vienes tan silencioso,
con ser la Palabra Eterna,
y hay en mí tanto alboroto,
¡tantas pasiones vocean...!

  Tú vienes buscando amores
con el beso de tu entrega...
¡y está tan fría mi alma
cuando me acerco a tu Mesa...!

  Pero... ¡ven, Señor, no tardes!...
Tú lo dijiste... ¿Te acuerdas?...
Que sin ti no puedo nada...
¡Ven!, que mi alma te hambrea...

y es el Pan de tus trigales
el único que da fuerzas
al barro para ser ángel,
para ser luz la tiniebla...

¡Ven, Señor, ven...! ya no tardes,
que se hace larga la espera...
¡Ven y sacia mis anhelos
con el Pan de tu Presencia...!

  j.v.c.


En breve

ORACIÓN DE SAN IGNACIO Tomad, Señor, y recibid

toda mi libertad, mi memoria, entendimiento y voluntad: Vos me lo disteis, a Vos, Señor lo torno. Disponed conforme a vuestra voluntad. Dadme vuestro amor y gracia que esto solo me basta

15 DE SEPTIEMBRE: DOMINGO 24 DEL TIEMPO ORDINARIO

LA MISERICORDIA DE DIOS

Las tres lecturas de este domingo nos hablan de “la misericordia de Dios”.