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Homilías

29 DE ABRIL: DOMINGO QUINTO DE PASCUA

“YO SOY LA VID Y VOSOTROS LOS SARMIENTOS”

De los siete nombres que Jesús se aplica a sí mismo para decirnos como es Él, o sea como es Dios encarnado, ya que cuando Moisés le preguntó a Dios cuál era su nombre en el encuentro que tuvo con Dios en el episodio de la zarza ardiente (Éxodo 3,15) y Dios le dijo: “Yo soy el que soy”, es decir el que vive eternamente, este nombre es el más íntimo.

    

Pues Jesús nos dice en el Evangelio de S. Juan: “Yo soy el pan de vida” (Juan 6,35), “Yo soy la luz del mundo” (Juan 8, 12), “Yo soy la puerta de las ovejas” (Juan 10, 5), “Yo soy el buen Pastor” (Juan 10, 11), “Yo soy la Resurrección y la vida” (Juan 11, 25), “Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Juan 14,6), y ahora: “Yo soy la vid verdadera...y vosotros los sarmientos” (Juan 15,1-8)...Sí, es el nombre más interior a todos nosotros.

 

  Nos dice que permanezcamos en él como sarmientos unidos a la Vid, para producir frutos y que si tenemos ramas secas, Dios Padre “nos podará”...

  Por lo tanto, las dos condiciones para ser fecundos son:

  -permanecer en Él y aceptar la poda.

  1. Permanecer en él. Comunión íntima, resistiendo a todas las tentaciones de insertarse en otras cosas: la política, el poder, la alianza con los grandes de la tierra, sea en economía, cultura, la moda, el mercado, el espectáculo...

  2. La poda.  Las pruebas dolorosas, las cruces...en salud, relaciones humanas, en el trabajo, etc.

 

  ¿Y qué frutos se esperan?

  Coinciden con el amor, como nos dice la segunda lectura de hoy, también de S. Juan en su primera carta: “que nos amemos unos a otros...más con obras que con palabras”.

 

  S. Bernardo de Claraval (1090-1153) en un sermón dijo:

  “Debo advertir a cada uno de vosotros a propósito de su viña: ¿quién ha suprimido en sí mismo todo lo que es superfluo hasta el punto de poder pensar que no tiene nada más que cortar? Creedme, todo lo que se corta vuelve a crecer: los vicios que creíamos superados vuelven a aparecer y nos encontramos con que las tendencias adormecidas se desvelan. No es, pues, suficiente podar la propia viña una sola vez; al contrario, es necesario volver a menudo sobre ella, y si es posible, sin parar. Porque si somos sinceros, continuamente encontramos en nosotros mimos alguna cosa que cortar. La virtud no puede crecer entre los vicios; para que esta pueda desarrollarse es preciso impedir a estos que crezcan ampliamente. Suprime, pues, lo superfluo; entonces, aquello que te es necesario podrá abrirse paso.

  Para nosotros hermanos, siempre es época de poda. Estoy seguro de ello, pues hemos salido ya del invierno, de este temor sin amor que nos introduce a todos en la sabiduría pero que no deja que nadie pueda desarrollarse en la perfección. Cuando el amor llega, echa fuera todo temor al igual que el verano echa fuera el invierno. Que cesen ya las lluvias de invierno, es decir, las lágrimas de angustia suscitadas por el recuerdo de vuestros pecados y el temor del juicio. Si el invierno ha pasado, si la lluvia ha cesado, la dulzura primaveral de la gracia espiritual nos indica que es llegado ya el momento de podar nuestra viña. ¿Qué es lo que nos queda por hacer sino comprometernos enteramente en este trabajo?”

 

  Termino con una poesía de Rafael Prieto Ramiro de 1997 (sacerdote secular nacido en Plasencia en 1940) titulada:

 

            UNA TARDE DE AMORES ENCENDIDA

  Una tarde de amores encendida:

Yo soy la vid, vosotros los sarmientos,

con mi vida tendréis el crecimiento

para que deis el fruto sin medida.

  Abiertos al amor, llenos de vida,

recibir de mi espíritu el aliento,

será de nuestro líquido el fermento,

y podréis ser vosotros la bebida.

  Pero habéis de pasar por dura poda,

el racimo prensado largamente,

madurado en bodegas silenciosas,

  será consumación de nuestra boda.

Brindaremos con vinos excelentes,

que embriagan, que enamoran y que endiosan

los frutos del esposo y de la esposa.


En breve

ORACIÓN DE SAN IGNACIO Tomad, Señor, y recibid

toda mi libertad, mi memoria, entendimiento y voluntad: Vos me lo disteis, a Vos, Señor lo torno. Disponed conforme a vuestra voluntad. Dadme vuestro amor y gracia que esto solo me basta

DOMINGO 21° DEL AÑO LITÚRGICO, CICLO C

AL OTRO LADO DE LA PUERTA ESTRECHA

Dios quiere que “todos se salven”, o sea, que todos seamos infinitamente felices… para siempre. En el deseo de Dios no hay excepción: Todos significa todos, pero libremente.