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Homilías

15 DE ABRIL: DOMINGO TERCERO DE PASCUA

"LA ESPERANZA NACE AL MIRAR LAS MANOS DE JESÚS", desde Tokyo por Juan Vicente Catret S.J.

Este domingo me quiero centrar en “mirar las manos de Jesús resucitado”.

          Ello nos hará mejores testigos de la Resurrección, es decir “testigos” con la música dentro. Nacerá en nosotros “la esperanza”...que libera del miedo al pasado, eliminado por Jesús en la cruz: del “viacrucis” al “vialucis”, que desemboca en la “fiesta en lo cotidiano”. ¡Qué bien lo expresa Jesús cuando pregunta si tienen algo de comer y: “le ofrecieron un trozo de pescado asado. Él lo tomó y comió delante de ellos”...Esa “humanidad” de Jesús hace que la Pascua o fiesta por excelencia desemboque en lo cotidiano, que se palpe en los gestos sencillos de cada día. La gloria que empapa cada situación presente!

  “Miremos las manos de Jesús”. Manos taladradas en la cruz, pero manos benditas, rotas por su amor y su entrega. Manos que siguen tocando la inocencia de los niños; manos que siguen tocando con amor a los “cansados y agobiados”; manos que tocan nuestra miseria y pecado y nos siguen limpiando; manos que tocan nuestros ojos ciegos y les siguen dando luz; manos rotas que nos siguen hablando de que la felicidad está más en dar que recibir...Tenemos que “palpar” esas benditas manos de Jesús resucitado.

  San Gregorio Magno (540-604) en una homilía dijo:

                 “¡Soy yo en persona! Palpadme”

    ¿Cómo es posible que el cuerpo del Señor, después de resucitado, siguiera siendo un cuerpo verdadero que pudo entrar donde estaban los discípulos, a pesar de estar cerradas las puertas? Debemos saber que la acción divina no sería admirable si la razón humana la pudiera comprender, y que la fe no tendría ningún mérito si la razón la proveyese de pruebas experimentales.

  Este cuerpo del Señor que iba al encuentro de los discípulos a pesar de estar cerradas las puertas, es el mismo que por su natividad se hizo visible a los hombres cuando salió del seno también cerrado de la Virgen. No debemos extrañarnos de que nuestro Redentor, después de resucitar para vivir siempre, entrara a pesar de estar cerradas las puertas, puesto que, habiendo venido a este mundo para morir, salió del seno de la Virgen sin abrirlo. Y ya que la fe de los que miraban este cuerpo visible seguía dudando, el Señor les ofreció que tocaran esa carne que él mismo había hecho pasar a través de las puertas cerradas. De una manera maravillosa e incomprensible, nuestro Redentor nos hizo el don de ver, después de su resurrección, un cuerpo incorruptible y al mismo tiempo palpable. Mostrándolo incorruptible, nos invitaba a la recompensa; dejándonoslo tocar, nos confirmaba en la fe, Se hizo ver al mismo tiempo incorruptible y palpable para manifestar que después de la resurrección su cuerpo seguía siendo de la misma naturaleza, pero estaba elevado a una gloria del todo diferente”.

  Quiero terminar con un soneto del poeta y militar nacido en Ceuta pero afincado en León: Luis López Anglada (1919-2007) titulado:

 

           POR TI HE PREGUNTADO A LAS ESTRELLAS

 

  Por Ti he preguntado a las estrellas

cuando, para buscarte, no sabía

qué camino, Señor, me enseñaría

el divino regalo de tus huellas.

  Te busqué por las noches, por aquellas

en que el cielo en tu nombre se encendía

y anduve entre las aguas y, por ellas,

pensé que al navegar te encontraría.

  Siempre te busqué fuera de mí mismo;

en el viento, en la roca, en el abismo,

creyendo que en lo inmenso te encontrabas.

  Y no miré, Señor, a mi costado

donde estabas mostrándote a mi lado

por la manera con que el pan cortabas.

 


En breve

ORACIÓN DE SAN IGNACIO Tomad, Señor, y recibid

toda mi libertad, mi memoria, entendimiento y voluntad: Vos me lo disteis, a Vos, Señor lo torno. Disponed conforme a vuestra voluntad. Dadme vuestro amor y gracia que esto solo me basta

18 DE NOVIEMBRE: DOMINGO 33 DEL TIEMPO ORDINARIO

EXHORTACIÓN A LA VIGILANCIA

“Vigilancia” en griego se dice: nepsis. Y los Anacoretas del Desierto decían en un “apotecma” o “frase ritual: “fuge” : “huye” del mundanal ruído, “tace”: “calla” u ora y medita en silencio, y “quiesce”: “descansa” en el Señor.