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Homilías

19 DE NOVIEMBRE: DOMINGO 33 ANUAL

SI HAY DONES, ¡DÓNALOS! Y... ¿QUIÉN ES DIOS PARA MÍ? desde Tokyo por Juan Vicente Catret S.J.

La liturgia de la Palabra de este domingo se centra en esas dos expresiones que pongo como título de esta homilía. “Si hay dones, dónalos”...Lo vemos primero en la lectura del Libro de los Proverbios, con esa alabanza de “la mujer hacendosa”...que trabaja por su familia y servidumbre, acabando con esa alabanza: “Cantadle por el éxito de su trabajo, que sus obras la alaben en la plaza”.

                       

  Su equivalente, está descrito en el Evangelio con la parábola de Jesús sobre los empleados hacendosos que multiplican con su trabajo los cinco y dos talentos recibidos de su dueño, produciendo el doble de lo recibido.

  Pero al mismo tiempo, hay otro tema, el de esa pregunta: “Quién es Dios para mí”...Pregunta fundamental en nuestra vida humana y cristiana, explicada en el Evangelio con la postura del empleado temeroso y tacaño, que no multiplica el talento recibido sino que lo entierra bajo tierra y se lo devuelve al amo diciendo: “Señor, sabía que eres exigente, que siegas donde no siembras y recoges donde no esparces; tuve miedo y fui a esconder tu talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo”.

  El dueño le dice que es “un empleado negligente y holgazán”...

Durante el “largo tiempo” de nuestra vida, concedida por Dios, ¿dónde está la bondad que hemos colocado en los lugares más impensables, el perdón que hemos distribuido, el cariño sembrado por todos los desiertos humanos, la libertad que hemos utilizado para liberar, para hablar con coraje?...

  Dios nos ha enriquecido para que nos hagamos pobres, prodigando los dones recibidos, que es la mejor manera de guardarlos.

  Santa Teresa de Calcuta, en un escrito titulado: “La oración, frescor de una fuente” dice:

  “Tengo siempre presente al Señor, con él a mi derecha no vacilaré. Si algo me pide Jesús, es que me apoye en él, que confíe solo en él, que me abandone a él sin reservas. No debemos intentar controlar las acciones de Dios. No debemos contar las etapas del viaje por las que nos quiere llevar. Incluso si me siento como un barco a la deriva, me entrego totalmente a él.

  Cuando esto parece difícil, acuérdate de que no estamos llamados a tener éxito, pero sí a ser fieles. La fidelidad es importante, incluso en las pequeñas cosas, no por la cosa en sí, que sería de un espíritu mezquino; la grandeza está en hacer la voluntad de Dios. San Agustín dijo: “Las pequeñas cosas siguen siendo pequeñas, pero ser fiel es las pequeñas cosas es una gran cosa. ¿Acaso nuestro Señor no es el mismo con un pequeño que con un poderoso?”

  Quiero terminar con una preciosa oración, como una poesía, del joven francés llamado François d‘Espiney, muerto a los 19 años escalando un monte. Se encontró en el bolsillo interior de su chaqueta la siguiente oración de su puño y letra:

Esta oración está dedicada al siervo temeroso y tacaño que enterró en tierra el talento: el don recibido...para que no seamos como él...

 

                     TÚ TE LLAMAS TERNURA

 

  Padre cuyo nombre es Ternura,

Padre cuyo nombre es Juventud,

Padre cuyo nombre es Amor,

Padre cuyo nombre es Padre,

Y casi cuyo nombre es Madre,

Padre cuyo nombre es Socorro,

Padre cuyo nombre es Caricia,

De nuevo Padre cuyo nombre es Ternura,

Padre que te llamas infinitamente bueno.

¡Oh Padre, a aquellos que con el pretexto

de que Tú eres el “totalmente otro”,

no quieren que tu paternidad

tenga conexión alguna con la nuestra;

y Te hacen lo que ni ellos mismos quisieran ser¨

una especie de juez terrible y de Faraón;

con palabras humanas, las únicas que

tienen sabor a Dios,

concédeme, oh Padre, dadles a conocer

Tu verdadero Nombre!

 

 


En breve

ORACIÓN DE SAN IGNACIO Tomad, Señor, y recibid

toda mi libertad, mi memoria, entendimiento y voluntad: Vos me lo disteis, a Vos, Señor lo torno. Disponed conforme a vuestra voluntad. Dadme vuestro amor y gracia que esto solo me basta

14 DE ABRIL: DOMINGO DE RAMOS

RECIBAMOS A NUESTRO REY

Entramos en la “Semana Santa”, recibiendo a Jesús nuestro Rey y Redentor con esas palmas y ramas en nuestras manos. Luego nos las llevaremos a nuestras casas, poniéndolas a nuestra vista todo el año, como señal de que Jesús es nuestro Rey y nadie más.