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Homilías

19 DE JULIO: DOMINGO 16 DURANTE EL AÑO

REPOSO Y COMPASIÓN

PASTOR QUE CON TUS SILBOS AMOROSOS Pastor que con tus silbos amorosos me despertaste del profundo sueño; tú, que hiciste cayado de ese leño en que tiendes los brazos poderosos, vuelve los ojos a mi fe piadosos, pues te confieso por mi amor y dueño, y la palabra de seguirte empeño, tus dulces silbos y tus pies hermosos. Oye, pastor, pues por amores mueres, no te espante el rigor de mis pecados, pues tan amigo de rendidos eres; espera, pues, y escucha mis cuidados... pero ¿cómo te digo que me esperes si están, para esperar, los pies clavados? Lope de Vega

  Creo que la llamada de Jesús a sus doce apóstoles, no es sólo para los “pastores” (los que somos “curas”) sino para todos los que nos llamamos cristianos.  Todos necesitamos del “reposo” y de la “compasión” de que nos habla hoy el evangelio de Jesús.

  Precisamente estos días estoy leyendo un libro sobre la vida del Cardenal Carlo María Martini, en el que entre otras muchas cosas me ha gustado mucho esta frase que él decía a sus sacerdotes de la diócesis de Milán cuando era allí su pastor arzobispo. Y es: “No os confío la Palabra, sino que os confío ‘a’ la Palabra”.

  ¿Qué sentido tiene? Pues que no somos los dueños de la Palabra (del Evangelio), sino que estamos confiados “a la Palabra”, a toda la Sagrada Escritura, destacando sobre todo el Evangelio de Jesús, que nos consuela, llena de ilusión y de alegría, como hace este evangelio de hoy.

  Pues bien, este domingo nos dice:

1º. Jesús “pide cuentas”  a sus apóstoles y a nosotros de lo que hacemos, hemos dicho, predicado, dado ejemplo en la familia y a nuestro alrededor. No sea cosa que seamos como esos “pastores” malos que critica Jeremías en la primera lectura: los que se aprovechan de los demás...

2º. Que nos sintamos vulnerables, con necesidad de “reposo”, de estar con Jesús, pedirle, exponerle nuestros deseos, nuestras faltas, nuestra necesidad de su gracia, de su perdón, de que nos anime y dé coraje, más alegría...

3º. Y para que después sintamos “compasión” por todos. Arraigados en el amor del Señor, lo queramos llevar a todos con “compasión”, que significa: “pasión con”: sentir las penas y gozos de los demás como nuestros. Ese sentido comunitario, que tan maravillosamente muestra el Papa Francisco, yendo a todos, a los más pobres, a los países que no figuran tanto en la política, economía, como hizo en su reciente viaje al Ecuador, Bolivia y Paraguay.

  Y ¡cómo no! quiero concluir una vez más con el muy a propósito famoso soneto del gran Lope de Vega:

  PASTOR QUE CON SILBOS AMOROSOS

  Pastor que con tus silbos amorosos

me despertaste del profundo sueño;

tú, que hiciste cayado de ese leño

en que tiendes los brazos poderosos,

  vuelve los ojos a mi fe piadosos,

pues te confieso por mi amor y dueño,

y la palabra de seguirte empeño,

tus dulces silbos y tus pies hermosos.

  Oye, pastor, pues por amores mueres,

no te espante el rigor de mis pecados,

pues tan amigo de rendidos eres;

espera, pues, y escucha mis cuidados...

pero ¿cómo te digo que me esperes

si están, para esperar, los pies clavados?

 

  j.v.c. 


En breve

ORACIÓN DE SAN IGNACIO Tomad, Señor, y recibid

toda mi libertad, mi memoria, entendimiento y voluntad: Vos me lo disteis, a Vos, Señor lo torno. Disponed conforme a vuestra voluntad. Dadme vuestro amor y gracia que esto solo me basta

24 DE MARZO: DOMINGO TERCERO DE CUARESMA

LA PACIENCIA DE DIOS, desde Tokyo por el P. Juan Vicente Catret S.J.

Este domingo tercero de Cuaresma se centra en la paciencia de Dios con los pecadores. Jesús en el Evangelio lo muestra con una parábola contradictoria: la del hombre que tenía una higuera plantada en una viña, y que fue a buscar fruto en ella, y no lo encontró... Manda, pues, el dueño cortar la higuera infructuosa, pero el jornalero encargado del campo le dice: “Espera un año. Yo cavaré alrededor del árbol, lo abonaré, y si al año que viene no da fruto, entonces corta la higuera”. Y al año siguiente, este jornalero, que representa a Jesucristo nuestro Salvador, volverá a decir lo mismo con paciencia, a la espera de que demos frutos de conversión. Sí, un evangelio muy apropiado para la Cuaresma.