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Homilías

15 DE OCTUBRE: DOMINGO 28 ANUAL

LAS SORPRESAS DE DIOS, desde Tokyo por Juan Vicente Catret S.J.

Este domingo nos habla de “las sorpresas de Dios”. Primera sorpresa: invita a las bodas de su Hijo: nos ofrece un banquete de alegría, de intimidad y encuentro, de comunión. El Reino de Dios no es un juicio sobre leyes cumplidas o no cumplidas, sin dar tiempo a arrepentirse del mal hecho.

        Segunda sopresa: los invitados se excusan de ir al banquete porque se van a sus tierras y negocios...incluso maltratan y matan a los mensajeros de Dios... ¡Cuántas veces matamos en el corazón las inspiraciones de Dios!...

Tercera sopresa: invita luego a los pobres, a buenos y malos sin distinción, a todos los que se encuentren en las calles...sin discriminaciones...

Cuarta sorpresa: les da a todos un traje digno para el banquete, y cuando va luego a saludar a los presentes, se encuentra con uno que no va con el vestido ofrecido...¿ha perdido la gracia ofrecida?...

Ya en la primera lectura del profeta Isaías se nos anuncia el banquete, que es “vivir con Dios, con Jesucristo su Hijo encarnado”, el de las bodas entre la divinidad y la humanidad, cuando dice:

“Preparará el Señor para todos los pueblos un festín de manjares

suculentos...El Señor Dios enjugará las lágrimas de todos los rostros”...

  San Macario (muerto en el año 390), un ermitaño en Egipto, dijo en una Homilía:

 “Venid al banquete de bodas”:

  “En el mundo visible, si un pueblo pequeño declara la guerra al rey, este no se molesta en dirigir él mismo la batalla, sino que manda soldados con sus jefes y entran en combate. Si, por el contrario, el pueblo que se levanta contra el rey es poderoso y capaz de arrasar su reino, el rey se ve obligado a entra en combate con su corte y su ejército y dirigir él mismo la batalla. ¡Mira, pues, cuál es tu dignidad! Dios mismo ha combatido con su ejército, con sus ángeles y santos espíritus, viniendo él mismo a protegerte para librarte de la muerte. Ten confianza, pues, y fíjate de qué providencia eres objeto.

  Saquemos un ejemplo de la vida presente. Imaginemos a un rey que encuentra a un hombre pobre y enfermo y que siente repugnancia hacia él, pero cura sus heridas por medio de remedios saludables. Lo hace entrar en su palacio, lo reviste de púrpura, le ciñe una diadema y lo invita a su mesa. Es así como Cristo, rey celestial, se llega al hombre enfermo, lo cura y le hace sentar a su mesa real, y ello sin violar su libertad, sino convenciéndolo por la persuasión a aceptar un honor tan alto. Esta es, pues, la gran dignidad de los cristianos”.

  Termino con un soneto del jesuíta (a quien conocí) P. Jorge Blajot (1921-1992) titulado:

                   NO OS OLVIDÉIS LA VIDA

 

  Cuando vengáis, no os olvidéis la vida,

mantenida caliente entre los brazos.

No seáis espectadores. A retazos

no la desparraméis por la avenida.

 

  Traedla tal cual es, vida vivida:

doblegada de viento y de zarpazos

arañada; tiesa también con lazos

de paz, de amor, de júbilo prendida.

 

  Venid sin maquillar. Portad la duda,

el desencanto, el grito de protesta.

Vestíos de todo aquello que hoy se lleva.

 

  Pero llegue vuestra alma bien desnuda,

con hambre de banquete, ansia de fiesta,

de par en par abierta a vida nueva”.

 

 

 

 


En breve

ORACIÓN DE SAN IGNACIO Tomad, Señor, y recibid

toda mi libertad, mi memoria, entendimiento y voluntad: Vos me lo disteis, a Vos, Señor lo torno. Disponed conforme a vuestra voluntad. Dadme vuestro amor y gracia que esto solo me basta

DOMINGO 21° DEL AÑO LITÚRGICO, CICLO C

AL OTRO LADO DE LA PUERTA ESTRECHA

Dios quiere que “todos se salven”, o sea, que todos seamos infinitamente felices… para siempre. En el deseo de Dios no hay excepción: Todos significa todos, pero libremente.