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Homilías

24 DE SEPTIEMBRE: DOMINGO 25 ANUAL

LA GENEROSIDAD DE DIOS, desde Tokyo por Juan Vicente Catret S.J.

Este domingo se centra en “la generosidad de Dios”, que se muestra con la parábola de Jesús sobre “los jornaleros en la Viña del Señor”.

          En la primera lectura del profeta Isaías, se nos dice en boca de Dios: “mis planes no son vuestros planes, vuestros caminos no son mis caminos...Como el cielo es más alto que la tierra, mis caminos son más altos que los vuestros, mis planes que vuestros planes”.

Y el mismo pensamiento se muestra en el Evangelio. Los jornaleros – y quizás nosotros también – pensamos que los jornaleros que trabajan desde el amanecer, deben recibir más dinero que los que vienen al caer de la tarde y trabajan en la viña una sola hora...Pero aquí viene la enseñanza de Jesús

sobre “la generosidad de Dios”: todos hemos recibido el bautismo, sea de

niños o sea de jóvenes, o de adultos, o de ancianos...pero todos estamos invitados a recibir el mismo Cielo de la vida eterna. Hay que vencer la tentación de la envidia hacia los conversos tardíos, sincronizando con la predilección de Dios hacia los hijos pródigos. ¿Perdonar la generosidad de Dios?...Tampoco presumir de que somos cristianos desde la tierna edad, o de que nuestra comunidad cristiana es más antigua que la de otros...

  Vivir la vida cristiana, el Reino de Dios entre nosotros, trabajar en la Viña del Señor, que es el mundo, con gratitud, no con fatiga sino como habiendo recibido una fortuna inmerecida, como don, como gozo.

  Un anónimo italiano del siglo IX comenta así la parábola:

                  Id también vosotros a mi viña

  Queridos míos, perseverad en las buenas obras que habéis comenzado. Hombres desdichados sirven a un rey terreno con peligro de sus vidas y mediante enormes dificultades para un beneficio pasajero. ¿por qué no serviréis vosotros al rey del cielo para obtener la bienaventuranza del reino? Ya que, por la fe, el Señor os ha llamado a su viña, es decir, a la unidad de la Iglesia santa, ¡vivid, comprotaos de tal manera que, gracias a la generosidad de Dios, recibáis la moneda de plata que es la felicidad del reino de los cielos!

  Que nadie desespere a causa de la gravedad de sus pecados. No diga: numerosos son los pecados que he cometido hasta la edad madura y la vejez; ya no podré obtener el perdón, sobre todo porque no es que yo haya dejado de pecar, sino que los pecados me han abandonado a mí. Que este hombre no desespere para nada de la misericordia divina, porque unos son llamados a la viña de Dios a la primera hora, otros a la tercera, otros a la sexta, otros a la novena, otros a la postrera. Es decir: unos son conducidos al servicio de Dios en la infancia, otros en la adolescencia, otros en la juventud, otros en la madurez, otros en la vejez.

  Que nadie, pues, seal cual fuere su edad, desespere si quiere convertirse a Dios... Trabajad fielmente en la viña de la Iglesia para recibir el salario de felicidad eterna y reinar con Cristo por los siglos de los siglos”.

  Termino con la poesía de José Luis Blanco Vega S.J. del año 1997 titulada:

                      HORA DE LA TARDE

  Hora de la tarde,

fin de las labores.

Amo de las viñas,

paga los trabajos de tus viñadores.

  Al romper el día,

nos apalabraste.

Cuidamos tu viña

del alba a la tarde.

  Ahora que nos pagas,

nos lo das de balde,

que a jornal de gloria

no hay trabajo grande.

  Das al vespertino

lo que al mañanero.

Son tuyas las horas

y tuyo el viñedo.

  A lo que sembramos

dale crecimiento.

Tú que eres la Viña,

cuida los sarmientos.

  Hora de la tarde,

fin de las labores.

Amo de las viñas,

paga los trabajos de tus viñadores.


En breve

ORACIÓN DE SAN IGNACIO Tomad, Señor, y recibid

toda mi libertad, mi memoria, entendimiento y voluntad: Vos me lo disteis, a Vos, Señor lo torno. Disponed conforme a vuestra voluntad. Dadme vuestro amor y gracia que esto solo me basta

DOMINGO 21° DEL AÑO LITÚRGICO, CICLO C

AL OTRO LADO DE LA PUERTA ESTRECHA

Dios quiere que “todos se salven”, o sea, que todos seamos infinitamente felices… para siempre. En el deseo de Dios no hay excepción: Todos significa todos, pero libremente.