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Homilías

10 DE SEPTIEMBRE: DOMINGO 23 ORDINARIO

“DONDE DOS O TRES ESTÁN REUNIDOS EN MI NOMBRE, ALLÍ ESTOY YO EN MEDIO DE ELLOS

Desde Tokyo nos envía su homilía nuestro amigo el Padre Juan Vicente Catret S.J. Este domingo nos anima a ver la presencia de Jesús, el Señor, en medio de nosotros, cuando oramos y a todas horas también.

 

10 DE SEPTIEMBRE: DOMINGO 23 ORDINARIO

 

Este domingo nos anima a ver la presencia de Jesús, el Señor, en medio de nosotros, cuando oramos y a todas horas también.

  El evangelio empieza con la “corresponsabilidad” en la Iglesia, que mueve a la corrección fraterna, por amor. Nos dice san Pablo en la segunda lectura: “A nadie le debáis nada más que amor”...Hacer todo lo posible para que no se pierda el hermano...Como alguien dijo: “Agarrar la verdad con el mango de la caridad”.  Es imitar la actitud de Dios Padre, ya que “Dios no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva”. Y es muy hermoso “ponerse de acuerdo”.  Un poeta lo canta así:

  “Una voz que canta sola conmueve la casa o el bosque,

  pero puede hacernos sentir todavía más solos;

  la voz de dos que cantan puede componer ya una melodía

  que disipe toda soledad; pero sólo la voz de muchos, el gran coro,

  llena los cielos y hace palpitar las estrellas”...(D.M. Turoldo)

La segunda parte del evangelio de hoy nos habla de la oración. Jesús parece cambiar de tema. Pero las dos partes tienen una unidad perfecta. Hay que juntar la corrección fraterna con la oración al Padre. Rezar por todos, por los apartados... San Efrén el Sirio, en un “Himno” inédito dice:

  “El que celebra solo en el corazón del desierto es él mismo una asamblea numerosa. Si dos se unen para celebrar entre las rocas, millares y miríadas están allí presentes. Si son tres los que se juntan, hay un cuarto entre ellos.

Si hay seis o siete, doce mil millares se han juntado. Si se ponen en fila, llenan el firmamento de oración...Si están reunidos, el Espíritu planea sobre sus cabezas. Y cuando terminan su oración, el Señor se levanta y sirve a sus siervos”.

  La santa Madre Teresa nos ofrece un texto precioso:

  “El otro día un periodista me hizo una curiosa pregunta: “¿Incluso usted tiene que confesarse?”. Sí - le dije -. Me confieso cada semana”. “Entonces Dios tiene que ser muy exigente si hasta usted tiene que confesarse”...

“Seguro que su hijo a veces se equivoca - le dije -. Y ¿qué ocurre cuando viene y le dice: “Papá, perdona?”, ¿qué hace usted? Lo rodea con sus brazos y lo besa. ¿Por qué? Pues porque esa es su manera de decirle que lo ama”.

  Dios hace lo mismo. Nos ama tiernamente. Por lo tanto, cuando pecamos o cometemos un error, lo que debemos hacer es servirnos de eso para acercarnos más a Dios. Digámosle humildemente: “Sé que no debería haber hecho esto, pero incluso esta falta te la ofrezco”. Si hemos pecado o comentido un error, digámosle: “¡Perdón! Me arrepiento”. Dios es un Padre que perdona. Su clemencia es mayor que nuestros pecados. Él nos perdonará”.

  Quiero terminar con una poesía de Leónidas Proaño de 1996 titulada:

                         SOLIDARIDAD

  Mantener siempre atentos los oídos

al grito de dolor de los demás

y escuchar su llamada de socorro,

      es solidaridad.

  Mantener la mirada siempre alerta

y los ojos tendidos sobre el mar

en busca de algún náufrago en peligro,

      es solidaridad.

  Sentir como algo propio el sufrimiento

del hermano de aquí y del de allá,

hacer propia la angustia de los pobres,

      es solidaridad.

  Dejarse transportar por un mensaje

cargado de esperanza, amor y paz,

hasta apretar la mano del hermano,

      es solidaridad.

  Convertirse uno mismo en mensajero

del abrazo sincero y fraternal

que unos pueblos envían a otros pueblos,

      es solidaridad.

  Compartir los peligros en la lucha

por vivir en justicia y libertad,

arriesgando en amor hasta la vida,

       es solidaridad.

  Entregar por amor hasta la vida

es la mayor prueba de amistad,

es vivir y morir con Jesucristo,

       es solidaridad.                              j.v.c.


En breve

ORACIÓN DE SAN IGNACIO Tomad, Señor, y recibid

toda mi libertad, mi memoria, entendimiento y voluntad: Vos me lo disteis, a Vos, Señor lo torno. Disponed conforme a vuestra voluntad. Dadme vuestro amor y gracia que esto solo me basta

15 DE SEPTIEMBRE: DOMINGO 24 DEL TIEMPO ORDINARIO

LA MISERICORDIA DE DIOS

Las tres lecturas de este domingo nos hablan de “la misericordia de Dios”.