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Homilías

3 DE SEPTIEMBRE: DOMINGO 22 DEL CICLO A

CARGAR CON LA CRUZ, desde Tokyo por el P. Juan Catret S.J.

Jesús, en el evangelio de este domingo nos dice: “el que quiera venirse conmigo que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga...¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero si malogra su vida?”...

                    Estas palabras, que S. Ignacio de Loyola le repetía con frecuencia a Javier, cuando eran estudiantes en París, suscitaron en Javier la vocación de jesuíta y de misionero hasta el Japón y la China. En la ciudad japonesa de Kagoshima, junto a la playa a donde llegó el barco en que iba Javier, hay un monumento, un mosaico, que reproduce este texto del evangelio...

  Y nosotros, primero con Jeremías en la primera lectura, nos atrevemos a decir al Señor: “pero la palabra era en mis entrañas fuego ardiente, encerrado en los huesos”...Sí, la Palabra de Dios, que venimos escuchando desde niños, desde el momento del Bautismo...

  Esa palabra que con S. Pablo en la segunda lectura de su carta a los Romanos, nos anima: “Os exhorto, por la misericordia de Dios, a presentar vuestros cuerpos como hostia viva santa, agradable a Dios...para que sepáis discernir lo que es voluntad de Dios, lo bueno, lo que le agrada, lo perfecto”...

  Y volvemos al evangelio. Jesús dice a Pedro y a los demás apóstoles que no piensen como los hombres, sino como Dios...

  El Papa Benedicto XVI, en el “Via Crucis” del Coloseo de Roma en 2005, dijo:

  El que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí, la salvará...

  Señor Jesucristo, estamos apegados a nuestra vida. No la queremos entregar, sino guardarla para nosotros mismos. Queremos poseerla, no ofrecerla. Pero tú nos precedes y nos muestras que únicamente entregando nuestra vida la podremos salvar. La cruz – la entrega de nosotros mismos – nos pesa. Pero, en tu via crucis, tú llevaste también mi cruz; y no en un momento cualquiera del pasado, ya que tu amor es presente, contemporáneo a mi existencia. Tú la llevas hoy conmigo y por mí, y de manera admirable quieres que hoy, como entonces Simón de Cirene, yo también lleve contigo tu cruz y te acompañe, que me ponga contigo al servicio de la redención del mundo.

  Ayúdanos no solo a acompañarte con nobles pensamientos, sino a caminar en tu camino de todo corazón, con los pasos concretos de nuestra vida diaria. Líbranos del miedo a la cruz, del miedo al ridículo, del miedo a que nuestra vida se nos pueda escapar si no nos lanzamos a poseer todo lo que nos ofreces. Ayúdanos a desenmascarar las tentaciones que nos promete la vida pero cuyas consecuencias nos dejan, a fin de cuentas, decepcionados y sin rumbo. Ayúdanos a no hacernos los dueños de la vida, sino a entregarla. Acompañándote en el camino del grano de trigo que cae en tierra y muere para dar mucho fruto, ayúdanos a encontrar, “perdiendo la vida”, el camino del amor, el camino que nos lleva de verdad a la vida, a la vida en abundancia”.

  Quiero terminar con un soneto del obispo Pedro Casaldáliga de 1996, titulado:

        “EL HIJO DEL HOMBRE SERÁ ENTREGADO”

  Crepita la floresta y desmorona

toda su verde historia sin techumbre.

La savia en las cenizas se amontona,

y el fuego no consigue hacerse lumbre.

  Llama llevada por su propio viento,

pájaro azul, recado de la tarde,

arde bajo la fiebre el pensamiento,

toda la vida en ciega espera arde.

  La carretera ya no es más camino.

Y este hijo del hombre, agobiado

por las voces del pueblo y su destino,

  llama y ceniza al viento desolado,

va a celebrar su Pascua, sin más vino

que el mosto de la sangre derramado.

 

  j.v.c.


En breve

ORACIÓN DE SAN IGNACIO Tomad, Señor, y recibid

toda mi libertad, mi memoria, entendimiento y voluntad: Vos me lo disteis, a Vos, Señor lo torno. Disponed conforme a vuestra voluntad. Dadme vuestro amor y gracia que esto solo me basta

DOMINGO 21° DEL AÑO LITÚRGICO, CICLO C

AL OTRO LADO DE LA PUERTA ESTRECHA

Dios quiere que “todos se salven”, o sea, que todos seamos infinitamente felices… para siempre. En el deseo de Dios no hay excepción: Todos significa todos, pero libremente.