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Homilías

17 DE MAYO: FIESTA DE LA ASCENSIÓN

“LAS HUELLAS DEL SEÑOR”

Celebramos la fiesta de la Ascensión, que nos narran hoy las tres lecturas de la Palabra de Dios en la Misa.

1º. En los “Hechos”, S. Lucas escribe en boca de Jesús resucitado: “...recibiréis fuerza para ser mis testigos...hasta los confines del mundo. Dicho esto, lo vieron levantarse hasta que una nube se lo quitó de la vista”.
 
  2º. S. Pablo en su carta a los Efesios escribe: “Creemos que el Padre de la gloria...según la eficacia de su fuerza poderosa, que desplegó en Cristo, resucitándolo de entre los muertos y sentándolo a su derecha en el cielo”...

  3º. En el evangelio de S. Marcos, el que toca este año, se nos dice: “El Señor Jesús, después de hablarles, ascendió al cielo y se sentó a la derecha de Dios. Ellos fueron y proclamaron el Evangelio por todas partes, y el Señor actuaba con ellos y confirmaba la Palabra con los signos que los acompañaban”.

  Jesucristo asciende pero se queda con nosotros, merced al Espíritu Santo que nos promete. Ya lo dice según S. Mateo: “Yo estaré con vosotros hasta el fin del mundo” (Mt. 28, 20).

  Jesucristo “sube” porque primero “bajó”. Se encarnó e hizo hombre y hoy celebramos su vuelta al Padre. De su humildad nace su gloria.

  Este es un misterio de fe y amor, que a nosotros nos pide “levantar” siempre nuestra “mirada hacia arriba”, hacia el cielo, contemplando la belleza y pureza, los dones de Dios en la naturaleza y en los valores morales altos, los que Jesús nos enseñó y tantas personas santas lo testimoniaron hasta ahora con su ejemplar vida, y al mismo tiempo una “mirada hacia abajo” y adelante para ver las “huellas” del Señor en nuestro mundo y ver la falta de que otras personas lo vean, porque o no creen, o porque el dolor, la pena, la falta de esperanza en el futuro las ofusca.

  He puesto el título de “las huellas del Señor”, pensando primero en la historia de S. Ignacio en su “Autobiografía”. Cuando fue a Jerusalén, y subió al Monte Olivete, vio dentro del templete redondo de la Ascensión, las que se dicen “huellas de los pies de Jesús”, dejadas sobre la piedra cuando ascendió al cielo. Pía historia. Ignacio volvió incluso otra vez allí, con peligro, para ver hacia dónde miraban aquellas “pisadas” del Señor...

  Pero nosotros queremos ver otras “huellas” no sobre piedra, sino las que Jesús nos ha dejado en la vida de las personas, en la belleza de la naturaleza, en toda la bondad, ingenuidad, servicio por amor de niños y grandes. Jesús ha dejado las “huellas de sus pies” por todas partes. En la vida y sudores de los misioneros, en los que sirven a los enfermos, en los que socorren a los pobres, emigrantes, desplazados de sus casas y países por las guerras... Esas huellas han dejado en los rostros de esas personas signos de haber sido transformadas por el Señor, con su sonrisa, sencillez, bondad, pureza, amor...
Y están las huellas del dolor de la cruz, en los rostros de los enfermos, de los que sufren...Tenemos que apreciar, ver siempre esas huellas vivas, internas y con signos externos...No “quedarnos plantados” mirando sólamente arriba, sin hacer nada, tal como indican los ángeles a los discípulos el día de la Ascensión. Concluyo con la famosa oda de Fray Luis de León:

  ASCENSIÓN

  ¿Y dejas Pastor santo,
tu grey en este valle hondo, oscuro,
en soledad y llanto,
y tú, rompiendo el puro
aire, te vas al inmortal seguro?

  Los antes bienhadados
y los ahora tristes y afligidos,
a tus pechos criados,
de Tí desposeídos.
¿a do convertirán ya sus sentidos?
  ¿Qué mirarán los ojos
que vieron de tu rostro la hermosura
que no les sea enojos?
Quien oyó tu dulzura,
¿qué no tendra por llanto y desventura?

  Aqueste mar turbado,
¿quién le pondrá ya freno? ¿Quién concierto
al fiero viento, airado
estando Tú encubierto?
¿Qué norte guiará la nave al puerto?

  ¡Ay, nube envidiosa!
aún de este breve gozo, ¿qué te aquejas?
¿Do vuelas presurosa?
¡Cuán rica, tú te alejas!
¡Cuán pobres y cuán ciegos, ay, nos dejas!             

j.v.c.


En breve

ORACIÓN DE SAN IGNACIO Tomad, Señor, y recibid

toda mi libertad, mi memoria, entendimiento y voluntad: Vos me lo disteis, a Vos, Señor lo torno. Disponed conforme a vuestra voluntad. Dadme vuestro amor y gracia que esto solo me basta

24 DE MARZO: DOMINGO TERCERO DE CUARESMA

LA PACIENCIA DE DIOS, desde Tokyo por el P. Juan Vicente Catret S.J.

Este domingo tercero de Cuaresma se centra en la paciencia de Dios con los pecadores. Jesús en el Evangelio lo muestra con una parábola contradictoria: la del hombre que tenía una higuera plantada en una viña, y que fue a buscar fruto en ella, y no lo encontró... Manda, pues, el dueño cortar la higuera infructuosa, pero el jornalero encargado del campo le dice: “Espera un año. Yo cavaré alrededor del árbol, lo abonaré, y si al año que viene no da fruto, entonces corta la higuera”. Y al año siguiente, este jornalero, que representa a Jesucristo nuestro Salvador, volverá a decir lo mismo con paciencia, a la espera de que demos frutos de conversión. Sí, un evangelio muy apropiado para la Cuaresma.