LOYOLA 60 Enero de 2007

HOMILÍAS DOMINICALES DE ADVIENTO Y NAVIDAD Y COMIENZO DEL TIEMPO "PER ANNUM".

NOVENA Y FIESTA DE SAN MARIO, MÁRTIR

 
 

HOMILÍAS DOMINICALES de diciembre y enero

"DESEO Y ESPERANZA DEL REY DE LA LUNA”
PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO
El autor, valenciano y misionero en el Japón, comparte su reflexión sobre las lecturas bíblicas del primer Domingo de Adviento.


Juan Vicente Catret S.J.


Empezamos el ciclo C del año litúrgico con el Adviento, en preparación de la Navidad. Las tres lecturas bíblicas de este primer domingo nos hablan del “esperar” o “la esperanza” de la segunda venida de Cristo el Señor Rey del universo, al fin de los tiempos. El profeta Jeremías, en la primera lectura, proclama en boca de Dios que “cumpliré la promesa que hice a la casa de Israel…suscitaré a David un vástago legítimo, que hará justicia y derecho en la tierra”…Luego, San Pablo, en la segunda lectura de la carta a los Tesalonicenses, ora que “el Señor os colme de amor a todos…y que así os fortalezca internamente, para que cuando Jesús nuestro Señor vuelva acompañado de sus santos, os presentéis santos e irreprensibles ante Dios nuestro Padre”. Y finalmente, en el evangelio de S. Lucas, se nos dice que al fin del mundo, con signos en el sol y la luna y las estrellas…”Entonces verán al Hijo del Hombre venir en una nube, con gran poder y gloria…Levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación…Estad siempre despiertos…manteneos en pie ante el Hijo del Hombre”. Todo es un mensaje que anima a la esperanza y a la vigilancia en fidelidad de vida y conducta.

Pues bien, estas palabras bíblicas, me han sugerido ese título que pongo de “Deseo y Esperanza del Rey y de la luna”. Para decir “esperar” o “deseo” o “esperanza”, hay un kanji o carácter chino-japonés, que expresa “carencia o ausencia de un rey y la luna”, y se lee: “nozomu” (
望む): “esperar”, o “nozomi” (望み): “deseo” o “esperanza”. Aquí hago yo mi interpretación. Se desea un “Rey”, una persona que nos atraiga, guíe, gobierne, dé sentido a la vida. Y se desea “la luna”, símbolo de la belleza de la naturaleza, del amor incluso romántico…¿No os parece esto hermoso y profundo?

En español usamos también para expresar la espera, el vocablo “deseo”, que viene del latín “desiderium” y éste de “de-sidus”…que significa “desde las estrellas” (sidus, sideris en latín es “estrella”)…Ver desde las estrellas, ver con los ojos límpidos, refulgentes, puros, ver desde arriba, desde el cielo, con los ojos de Dios…

Podemos ver unidos en algún modo, ese deseo de “Rey y de luna”, con nuestro “deseo”. Y también me recuerda la obra de Sartre, “Calígula”, obra de teatro filosófico-existencial, en la que el personaje, el loco Emperador Calígula, desea alcanzar la luna con la mano y como no puede, se desespera y se nos dice que el “hombre es una pasión inútil”. No es así. Lo que no podemos alcanzar por nosotros mismos, se nos da como gracia de Dios.

Hoy queremos ver con ojos de estrellas o esperar a nuestro Rey Jesucristo y a la luna, resumen de los valores de amor, bondad, belleza, la naturaleza creada por Dios en vez de nuestras cositas manufacturadas y corruptibles, en este primer domingo de Adviento, tiempo del deseo, de la espera y esperanza, del “nozomi” japonés explicado, y se nos invita a preguntarnos en ambiente de oración por nuestra “esperanza”.

En estos tiempos de terrorismo, de consumo de cosas y olvido de Dios, reforcemos nuestro deber de la esperanza. Purifiquemos nuestra esperanza. Una esperanza atrevida, confiada, con “sentido del camino”, orientada hacia el Rey y la luna de una creación bella, limpia, impoluta, salida de las manos de Dios. Una esperanza creadora de amor a todos nuestros hermanos y hermanas del mundo. Una esperanza despierta, humilde, alegre, Una esperanza de una Persona, de un encuentro con el Rey que viene.

¡Qué bonito se dice en japonés!: “deseo y esperanza del Rey y de la luna”.

Acabo con una poesía de esperanza. Es de Rufino Grández y se llama:

NO ENVÍES MENSAJERO

“No envíes mensajero, ven tú mismo,
no mandes a tu Ángel en campaña;
no otorgues protector ni des a nadie
el mando y el consuelo de tu vara.
Tu Gloria abrasa, quema los pecados,
y somos todos dignos de tu llama;
mas eres Padre, pródigo en perdones,
y más glorioso cuanto más agracias.
Por eso, ven tú mismo, Padre Santo,
y muestra entre nosotros tu llegada;
levántanos, condúcenos, corrígenos,
mas tú, tan sólo tú, con mano blanda.
O envíanos tu propio corazón
mandando al Unigénito del alba,
a aquel que viene y entra hasta la médula
y nunca por venir de ti se aparta.
Que venga el Verbo y haga su aposento
en todo gozo, en toda pena y lágrima;
y sea nuestra crónica y camino
su historia verdadera y cotidiana.”

Así lo pide y desea, espera desde la estrellas, con y por vosotros.

Hiroshima 1 de Diciembre de 2006

 


DOMINGO SEGUNDO DE ADVIENTO:
“PREPARAR EL CAMINO DEL SEÑOR”
por Juan Vicente Catret S.J.
Desde Hiroshima, nuestro amigo Juan Vicente nos envía su reflexión dominical con sabor oriental
Este domingo segundo de Adviento nos presenta la figura de S. Juan Bautista, venido como precursor del Mesías Salvador para “preparar el camino del Señor”. Así lo dice el Evangelio, dándole el matiz de que “elévense los valles, desciendan los montes y colinas”…Es una expresión que ya aparece en la primera lectura del libro del profeta Baruc, que exclama: “Dios ha mandado abajarse a todos los montes elevados…ha mandado que se llenen los barrancos”…En un sentido espiritual, esas imágenes nos están diciendo que los que son altivos y soberbios como los montes deben abajarse y hacerse humildes, mientras que los que están hundidos, como agujeros o barrancos o valles, deben llenarse de esperanza…De este modo se nos anima a prepararnos durante el Adviento para recibir la visita de Jesús Salvador que camina hacia nosotros. Se dan, pues, dos “caminos”: el de Jesús hacia nosotros y el nuestro hacia Jesús, como acogida al don que se nos da, ya que Jesús nos viene primero hacia nosotros como gracia divina.

Esta espiritualidad del “camino” que anuncia S. Juan Bautista, me recuerda a mi mucho la espiritualidad del “camino” japonés. En esta lengua, “camino” se dice “michi” y se escribe con el carácter chino:
, que los chinos leen “Dao” o “Tao” y en Japón leemos como acabo de decir: “michi”o a la manera china diciendo: “do”. Es un valor profundo que se aplica a toda creencia o arte, que requiere el esfuerzo de toda la persona en cuerpo y alma unidos. En Japón son famosos los siete caminos de: “chado”(茶道) o “camino del té”, “kyudo”(弓道) o camino del arco”, “kado”(華道) o “camino de las flores”, otro “kado”(歌道) o “camino del canto”, “kendo”(剣道) o “camino de la espada o esgrima”, “shodo”(書道) o “camino de la caligrafía”,”judo”(柔道) o “camino de la lucha”El “bushido”(武士道)o “camino de los guerreros samurai” también va en esta misma línea de valores. En conjunto, todos esos “caminos”, sea bebiendo el te, con canciones o arreglo de flores, practicando el tiro del arco, o la esgrima o el “judo” como decimos, o con la caligrafía a tinta china, o con la bravura y nobleza de un guerrero Samurai, demandan una actitud de quietud, tranquilidad, nada de apetitos desordenados, una fusión con la naturaleza con sencillez, prudencia, paz interior, que crean una fuerza interior y un equilibrio capaz de superar y vencer a todos los obstáculos enemigos que se opongan. A la raíz de esos “caminos” está el “Camino” o “Tao” del gran filósofo chino Lao-Tse que pedía a sus discípulos andar el “Camino” natural a cada ser, como un niño inocente, sin pasiones, con una indiferencia total a todo lo que pueda acaecer.

Creo que preparar la Navidad es buscar ese equilibrio y rectitud en lo personal y en lo social, que tan bellamente nos enseña el “camino chino-japonés”. Humildes, sin soberbia, ni barrancos ni montes, salir caminando al encuentro alegre con el Salvador. Sin afanes demasiado terrenos, como reza S. Pablo en la segunda lectura de este domingo: “creciendo más y más en penetración y sensibilidad para apreciar los valores cristianos. Así llegaréis al Día de Cristo (la Navidad), limpios e irreprochables, cargados de frutos de justicia”.
Este es el mensaje del “camino” que predicaba S. Juan Bautista. Quiero acabar con una poesía dedicada a él, que es de Concepción de la Trinidad y se llama:

PROFETA

¡Qué hermoso es tu destino!
“Heraldo de Sión”, y ¡qué glorioso!
Más, ¡qué ingrato el camino!...
Tan arduo y escabroso,
que arredra al lidiador más valeroso.
Difícil cometido:
hablar de Dios haciéndolo presente,
a un mundo descreído,
llevar abiertamente
la Verdad y Justicia trascendente.
Profeta, no desmayes
ante el riesgo que implica tu tarea,
no cejes ni te calles,
por más que el mundo vea
en ti a un “desfasado” y no te crea.
La meta es luminosa…
Prosigue, pues, tu ruta con firmeza.
No admitas en ti cosa
que empañe su belleza,
Al fin, ¡serás premiado con largueza!”

Y todos nosotros, siguiendo al Profeta Juan, estamos llamados a “preparar nuestro camino hacia Jesús que viene”…Lo pide con y por vosotros,
Juan Vicente
 

DOMINGO TERCERO DE ADVIENTO
El Verdadero Gozo
Juan Vicente Catret S.J.
ESTE DOMINGO "GAUDETE" ES UNA LLAMADA AL VERDADERO GOZO
En la liturgia, llamamos a este domingo tercero de adviento: “el domingo Gaudete”, palabra latina ese “Gaudete” que significa “Alegraos” y que está tomada de la segunda lectura de hoy, de la carta de S. Pablo a los Filipenses, donde dice: “estad siempre alegres en el Señor; os lo repito, estad alegres”. Y lo mismo recomienda la primera lectura del profeta Sofonías, cuando exclama: “Regocíjate, hija de Sión, grita de júbilo, Israel, alégrate de todo corazón, Jerusalén…El Señor tu Dios, en medio de ti…El se goza y se complace en ti, te ama y te alegra con júbilo como en día de fiesta”.
Por eso, desde antiguo, para animar a la esperanza y gozo porque la Navidad de Jesús está ya cerca, en vez del color morado de las estolas y casullas, color de penitencia, hoy se permitía el color “rosa” en las vestiduras litúrgicas del sacerdote, para denotar esa alegría esperanzada de que ya estamos a mitad camino del nacimiento del Señor.
Repasando todo esto en japonés, me encuentro que para decir esa palabra de “gozo” que tanto sale en la liturgia dominical de hoy, no sólo en las dos primeras lecturas sino también en el Salmo de hoy: “gritad jubilosos: qué grande es en medio de ti el Santo de Israel”, etc., en japonés decimos: “yorokobi”, un “kanji” o carácter chino que se escribe como sigue:
喜び. Y cuando examino el dibujo primitivo de ese “yorokobi”, encuentro dos explicaciones: una es: una mesa cuadrada abajo: sobre la cual hay un instrumento musical, la parte de arriba, que cuando se toca esa especie de clarinete, produce alegría.
La segunda explicación es: una boca:
que come y bebe manjares y por lo tanto se alegra más que esa boca la persona que la tiene. Total, que el “gozo” (yorokobi) nos viene o de gustar la música o de banquetear, esto segundo más graso y material, diría yo.
Aquí es donde radica mi título de hoy: “llamada al verdadero gozo”.
Se nos llama a gozarnos porque el Señor está cerca, y si bien el gozo de la música o de un banquete excelente nos gusta a todos, cómo no, ese paulino “estad siempre alegres en el Señor”, nos lo explica profundamente S. Juan Bautista en el evangelio de hoy.
“¿Qué tenemos que hacer?”, le preguntaba a Juan la gente. Y él nos responde que esa vocación a la alegría radica en la “honestidad” y la “generosidad”: “el que tiene dos túnicas, que se la reparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo”…Y a los publicanos les dice: “no exijáis más de lo establecido”, etc.
Hoy día, cuando cada hora mueren 1.500 niños de hambre, cuando se extinguen especies de animales o plantas, cuando hay tantos muertos asesinados por el terrorismo, la injusticia de las guerras, se nos llama a una supervivencia basada en una ética mundial, de paz religiosa en un diálogo de religiones.
¿Qué tenemos que hacer, para poder alegrarnos profundamente? ¿Qué tenemos que hacer para conseguir la felicidad? Más que tocar instrumentos músicos o comer y beber exquisitamente, hoy quiero yo depurar esa palabra japonesa de “yorokobi” : gozo, siguiendo a Juan Bautista: seguir a Jesús con un amor humilde y profundo: “no merezco desatar la correa de sus sandalias”, nos dice Juan, y alegrarnos porque Jesús Salvador nos bautiza con el fuego del Espíritu Santo, nos dice que el verdadero gozo está en “dar más que en recibir”, que vivamos y trabajemos por esa paz y amor servicial compartidos, por esa fe en un Dios Padre de todos, que nos hace a todos hermanos y hermanas del mundo, una fraternidad que produce el verdadero gozo en nuestro común planeta.
Así visto, este domingo es una llamada o vocación al verdadero gozo”, saliendo hacia los otros, hacia el prójimo con capacidad de compartir. La alegría que dimana de la Navidad impregna así nuestra preparación anual del Adviento.
Gracias “yorokobi o gozo japonés que nos inspiraste a buscar la raíz del verdadero gozo, gracias profeta y pastor Juan Bautista que, siguiendo a Jesús nos aclaras la clave para la alegría, gracias Sofonías y Pablo por la repetida llamada a gozarnos, gracias Jesús Salvador que vienes y estás ya cerca…Y por supuesto, durante los días de Navidad gozaremos de la música de los villancicos y podremos comer pavo y beber vino incluso, si nuestros bolsillos nos lo permiten; con una barra de turrón ya bastará, creo.
Y quiero acabar con una preciosa poesía de José Luis Martín Descalzo a S. Juan B.:
PASTOR QUE, SIN SER PASTOR
“Pastor que, sin ser pastor,
al buen Cordero nos muestras,
precursor que, sin ser luz,
nos dices por dónde llega,
enséñanos a enseñar
la fe desde la pobreza.
Tú que traes un bautismo
que es poco más que apariencia
y al que el Cordero más puro
baja buscando pureza,
enséñame a difundir
Amor desde mi tibieza.
Tú que sientes como yo
que la ignorancia no llega
ni a conocer al Señor
ni a desatar sus correas,
enséñame a propagar
la fe desde mi pobreza
Tú que sabes que no fuiste
la palabra verdadera
y que sólo eras la voz
que en el desierto vocea,
enséñame, Juan, a ser
profeta sin ser profeta”.

Pues que todos seamos profetas sin ser profetas del verdadero gozo…Lo pide con y por vosotros, Juab Vicente

 

TERMINANDO EL ADVIENTO Y ENTRANDO EN LA NAVIDAD
CUARTO DGO ADVIENTO
DOMINGO CUARTO DE ADVIENTO: “LA VISITA DE MARÍA”
Juan Vicente Catret S.J.

Este domingo cuarto de Adviento nos presenta a María como centro de nuestra atención. La primera lectura del profeta Miqueas nos habla de Belén, pequeña pero en donde “la madre dará a luz” y ésta será nuestra paz”. La segunda lectura de la carta a los Hebreos, proclama a “Cristo que entró en el mundo y dijo: “Aquí estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad”. Y ello es posible, porque la Virgen María ha consentido a ser su Madre, tras el anuncio del Ángel, y cuando “visita” a Isabel, ésta la saluda con su grito:
“¿Quién soy yo para que me viste la madre de mi Señor?”…
Quiero, pues, centrarme en María, para preparar el nacimiento de Jesús.
Cuando S. Francisco Javier vino al Japón en el año 1549, al llegar a Kagoshima, ofreció a la madre del Daimyo o Señor Feudal de esta ciudad y su territorio una pintura de María con el Niño Jesús. Gustó muchísimo. Desde entonces, los misioneros inculcaron mucho la devoción a María entre el pueblo japonés. Y esto es un enfoque pastoral estupendo, porque muchas veces se ha dicho, incluso ahora, que si el Occidente es una sociedad más bien “patriarcal”, el Japón en concreto es una sociedad “matriarcal”. La dulzura y entrega de una madre es lo que más profundo llega al alma japonesa. El famoso novelista japonés católico que fue Endo Shusaku llegó a decir que “si la devoción a María hubiera sido siempre inculcada más y más, hoy sería mayor el número de cristianos en Japón”.

Así pues, la figura de María en el evangelio de este domingo nos atrae mucho y ayuda a prepararnos para la Navidad. Es una figura de María que no acapara al niño para sí, sino que lo ofrece a los demás. Siempre me han gustado mucho más esas imágenes de María de las que parece escapárseles el Niño de entre sus brazos, más que las que lo aprietan a su pecho para sí solas.

María lleva a Jesús, es “Cristófora”, como diríamos en forma griega. Lleva la paz, el amor, el gozo de Jesús a Isabel y a su infante Juan aún no nacido. Hace su “visita”, siguiendo el ejemplo del Hijo de Dios encarnado que “nos visita” para hacer “la voluntad de Dios Padre”, tal como nos dijo la carta a los Hebreos.

Este tema de “la visita de Dios a su pueblo” es capital en el evangelio de Lucas. Jesús es el que realiza la visita de Dios para redimirnos y salvarnos a todos.

Me fijo en que en japonés visita se dice: “hoomon”, una palabra que se escribe con dos kanjis o caracteres japoneses:
訪問. El primero nos expresa en la izquierda una boca:
de la que salen palabras…que van en las cuatro direcciones de norte, sur, este, oeste:
Mientras que el kanji de la derecha: , escribe otra pequeña boca entre dos hombres que llevan armas en sus manos: . En resumidas cuentas, “visita” o “hoomon” consiste en llevar palabras de paz a todos los que litigan y ello en las cuatro direcciones del mundo.
Debemos pedir a María que nos visite hoy a todos, trayéndonos la paz, perdón, amor, gozo de Jesús recién nacido esta noche…en nuestros corazones. Y aprendamos también nosotros a “hacer visitas”, es decir llevar a todos a nuestro alrededor esos valores de Jesús y marianos también: ofrenda nada acaparadora, cumplir la voluntad de Dios, ayudar con un servicio amoroso a que haya más paz entre todos. Y acabo con una poesía a María que me gusta. Es de Bernardo Velado Graña y se llama:
RUEGA POR NOSOTROS, MADRE DE LA IGLESIA
“Virgen del Adviento
esperanza nuestra,
de Jesús la aurora,
del cielo la puerta.
Madre de los hombres
de la mar la estrella,
llévanos a Cristo,
danos tus promesas.
Eres, Virgen Madre,
la de gracia llena,
del Señor la esclava,
del mundo la reina.
Alza nuestros ojos
hacia tu belleza,
guía nuestros pasos
a la vida eterna”.
 




Y a continuación os pongo mi homilía para la Navidad.

NAVIDAD DE JESÚS: “LA SEÑAL”

“Señal” en japonés se dice: “shirushi” y se escribe así:
, un kanji cuya parte izquierda es una mano, que desde arriba da o sugiere algo a un hombre arrodillado. Aunque no os lo parezca, el dibujo primitivo representa eso. Y a mí me gusta para hoy, para explicar “la señal” que los ángeles dan a los pastores para reconocer al Niño Salvador en la cueva de Belén: “encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre”. Tres veces repite Lucas esa frase en el evangelio de la noche de Navidad. Y uniendo la señal con el significado en japonés, ciertamente podemos decir con gozo y devoción que recibimos de la mano del ángel arrodillados esa preciosa y profunda señal del nacimiento de Jesús nuestro Señor y Salvador.
Isaías, en la primera lectura, profetiza que “el pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande…Porque un niño nos ha nacido…el Príncipe de la paz”.
S. Pablo en la segunda lectura, escribe a Tito: “ha aparecido la gracia de Dios que trae la salvación a todos los hombres; enseñándonos a…levar desde ahora una vida sobria, honrada y religiosa…aguardando la dicha que esperamos: la aparición gloriosa del gran Dios y Salvador nuestro: Jesucristo. El se entregó por nosotros para rescatarnos de toda impiedad y para prepararse un pueblo purificado, dedicado a las buenas obras”.
Y S. Lucas de un modo solemne, contraponiendo frente a la “pax romana” del Emperador Augusto, soberbia y por fuerza de las armas, la paz humilde y pastoral del Niño Jesús nacido en la extrema pobreza, sin sitio en una mísera posada de Belén, teniendo que nacer en una cuadra y ser puesto entre las pajas de un pesebre.
Pero este mensaje nos llena de alegría. Sí, María hace lo mejor que puede hacer: colocar al niño en un lugar seguro, el pesebre que tiene sus barritas a los lados para que hagan de paredes y no se caiga el niño. Con todo su amor y gentileza. Pero qué gran señal se nos está dando. ¿Por qué? Un pesebre es un sitio donde comen las ovejas su paja…Y María nos está como diciendo: “comed a mi hijo”…Y ciertamente, comeremos después su Palabra y su Eucaristía, su Pan de Vida, su Cuerpo. Esto sólo se comprende cuando contemplamos en aire místico la “señal del Mesías”.
Quiero quedarme contemplando la escena, dar gracias a María por colocar al Niño en el pesebre, dar gracias al Niño y a Dios por tanto amor, que se puede abrazar, que se humilla hasta la total pobreza. Y acabo con una poesía breve pero bonita, dedicada al pesebre o pajar. Es de Rafael Morales y se llama:


CANCIONCILLA DEL PAJAR DE BELÉN


“Qué feliz la paja es
bajo la luz de la luna.
Porque a Dios sirve de cuna
es ya más gloriosa que mies.
Cantad, pastores, cantad,
que esta noche es Navidad.
A Dios arrulla y sostiene
la paja tierna y delgada.
La paja que a Dios contiene
es ya más cielo que nada.
Cantad, pastores, cantad,
que esta noche es Navidad”.

Pues cantando ante el pesebre, adorando, dando gracias, amando y comulgando esta noche en la Misa, permítaseme decir “comiendo” a Jesús! Con y por vosotros,
Juan Vicente

31 DE DICIEMBRE: DOMINGO DE LA SAGRADA FAMILIA
LA SAGRADA FAMILIA
¿QUÉ ES LA “FAMILIA” Y LA “PIEDAD FILIAL”?
Juan Vicente Catret S.J.
 

El domingo día 31 de diciembre celebramos la fiesta de la “Sagrada Familia”.

Pensando en japonés, me pregunto “qué es “la familia” y “la piedad filial” en el Japón? Y para responder a esas dos preguntas vitales que la liturgia de este domingo nos presenta con sus lecturas bíblicas del Eclesiástico, carta de Pablo a los Colosenses y el evangelio de Lucas con el Niño Jesús perdido y hallado en el Templo por su madre María y padre adoptivo José, luego en la familia de Nazaret “creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres”, he querido examinar ante todo las palabras clave en japonés: “familia” y “piedad filial”.
“Familia” en japonés se dice: “kazoku” y se escribe así:
家族. Esta palabra se compone de dos elementos: “ka” (), que también se lee: “ie”; y “zoku” (). Es muy interesante hacer el análisis de esos dos componentes. “ka” o “ie” representan un “techo” de casa o templo donde se come u” ofrece un animal”, que en concreto el kanji escribe con el dibujo de un “cerdo”. Y “zoku” representa a la izquierda una “bandera” del ejército y a la derecha “flechas”, es decir que los arqueros se agrupan bajo su bandera. Puesto todo junto, se nos está diciendo que “kazoku” o “familia” es donde bajo techo se reúnen como bajo la bandera los arqueros, los miembros o personas que ofrecen a Dios una ofrenda de un cerdo, animal muy gustoso para los chinos sobre todo y para nosotros también si pensamos en lo rico que están las lonchas del jamón, y luego se lo comen juntos. Bien dicho!
Y “piedad filial”, que es el lazo de unión entre padres e hijos, un valor muy apreciado tanto en la China del gran pensador Confucio como en Japón, se dice “oya-kookoo” y se escribe:
親孝行. Lo explico: “Oya” (親), es en la izquierda, “acercarse dulcemente” y en la derecha “mirada”; son los padres que miran amablemente a sus hijos y a los que éstos también deben acercarse con mirada benévola y agradecida. Y “koo” ((), en el centro significa: el hijo que ayuda a los mayores o ancianos, a sus padres; finalmente, a la derecha está el otro “koo” () que significa “acción”, la persona que camina hacia o hace algo. En resumidas cuentas, la “piedad filial”, “oya-kookoo”, es una invitación para actuar tanto padres como hijos, los unos hacia los otros con dulzura y amor benévolo.
Creo que estas palabras japonesas, importantes en esta cultura, también están muy relacionadas con la “sagrada familia” que se nos presenta hoy en la Biblia como nuestro “modelo”. Esos consejos del Eclesiástico: “honra a tu padre, respeta a tu madre…” Esa exhortación paulina a mostrar unos a otros en la familia “misericordia, bondad, humildad, dulzura, comprensión, perdón mutuo, dar gracias incluso cantando”. Esa búsqueda de María y José del niño Jesús perdido a los 12 años porque se quedó en el Templo, hallado luego y unidos los tres en Nazaret, nos presentan una familia normal, orando juntos bajo el techo común, comiendo juntos, mirándose con dulzura y amor, ayudándose en sus acciones, la normalidad propia de la santidad que consiste en hacer con perfección y por amor de Dios lo que hacen todos. Una familia unida en comprensión, en diálogo, en trabajo y en oración. Una familia modelo para las de nuestra época, que es la esperanza de la sociedad, a pesar de que hoy día sea por divorcios o por falta de calor familiar haya tantas familias desgraciadas…Pero no, estamos llamados a la esperanza y gozo de la familia unida. Pidamos por todas las familias actuales y futuras, por todas esos “kazoku” unidos con “oya-kookoo”, piedad filial que es entre padres e hijos. Mañana es el Primer Día del Año 2007. En Japón es gran fiesta del Sol Naciente. Os deseo las “tres eses” del evangelio de hoy aplicadas a Jesús y a todos nosotros: crecer en Salud, Sabiduría y Santidad. A todos os deseo un “Feliz Año Nuevo!”
Y acabo con una poesía apropiada para hoy, que es de Luis López Anglada y se titula:


FIESTA DE FAMILIA


“Han venido los hijos. Con la fiesta
se alegra la familia y se engalana
el salón. Luce el sol en la ventana
y está en el comedor la mesa puesta.
Los hijos son mayores y nos cuesta
ver que ya no son niños. La lejana
nostalgia de otro tiempo nos hermana
y hay preguntas que quedan sin respuesta.
¿Quiénes nos separaron? Están fijos
los recuerdos de ayer, pero los hijos
han venido a la fiesta alegremente.
Uno que vive lejos, en Europa,
no ha venido. Y alzando nuestra copa
brindamos todos por el hijo ausente”.
¿Os gusta? Ese que vive lejos soy yo, no en Europa sino en Asia, en Japón…
Pidiendo unos por otros estos días familiares, se despide con un abrazo, Juan Vicente.

 
NOVENA EN HONOR DE SAN MARIO, MÁRTIR
SAN MARIO
El 19 de enero se conmemora el martirio de San Mario, su esposa Marta y sus dos hijos
José Juan Vergara S.J.
 


SAN MARIO, MÁRTIR
fiesta, 19 de enero
(traslado de sus reliquias, el 10 de abril)


Mario era un noble persa de comienzos del siglo III, cristiano, casado, con dos hijos.

Junto con su mujer, Marta y sus hijos se dirigió a Roma para venerar la tumba de los Apóstoles.

Estando en Roma, bajo el imperio de Claudio II, se desató una persecución contra los cristianos en la que él y toda su familia, el 19 de enero del año 250, sufrieron el martirio.

Mario fue sepultado en la catacumba de san Calixto a mediados del siglo III.

En 1756, el Padre Haymbhausen, un jesuita representante de la Provincia de Chile, solicitó al Papa que le concediera algunas reliquias de mártires para que fueran veneradas en nuestras iglesias de Chile. Así fue como el 10 de abril de ese año fueron trasladadas a nuestra patria. El mencionado Padre, bávaro de origen, pasó por su tierra y encargó a un artista que le hiciera una imagen de cera que representara al santo. En su interior colocó las reliquias y así llegaron a Chile.

En 1767 la Compañía de Jesús fue expulsada de nuestro país y de todos los dominios del Rey de España. Así pues, la imagen pasó a manos piadosas que olvidaron la historia y el precioso contenido. Cuando se construyó nuestro Templo de San Ignacio, la imagen nos fue devuelta, pero nadie sabía a qué santo representaba.

Fue en 1997, cuando al remodelarse el Presbiterio del Templo y el Altar de San Ignacio, bajo el cual reposa la imagen del mártir, se decidió limpiar las ropas, ya ennegrecidas por el humo y la tierra de tantos siglos. Al desvestir la imagen, fue hallada la humilde caja de reliquias, aún sellada, y la misteriosa nota que explicaba su origen.

San Mario se venera todos los 19 de enero y los días 10 de abril en la Misa de 12 del Templo de San Ignacio de Santiago de Chile.



NOVENA DE SAN MARIO, MÁRTIR








HIMNO

Siendo noble allá en tu tierra
consideraste más noble
al pescador galileo
que murió crucificado.

Salve, Mario, te cantamos.
Diste tu sangre por Cristo

Dejando comodidades
con tu mujer y tus hijos
partiste de peregrino
a la tumba del Apóstol.

Salve, Mario, te cantamos.
Diste tu sangre por Cristo.

No temiste proclamar
tu fe en el Hijo de Dios
Tu testimonio alcanzó
la corona del martirio

Salve, Mario, te cantamos.
Diste tu sangre por Cristo.

No existe mayor amor
que entregar de corazón
lo que tienes y lo que eres
aunque te cueste la vida.

Salve, Mario, te cantamos.
Diste tu sangre por Cristo.

AQUÍ SE MEDITA Y SE PIDE LA GRACIA QUE SE DESEA CONSEGUIR.
Padre Nuestro, Ave María, Gloria al Padre.


Oh Dios, Tú despertaste en el noble Mario el deseo de honrar las tumbas de los apóstoles y mártires romanos, llevándolo como peregrino con su familia a la Ciudad Eterna, donde derramó su sangre en testimonio de fe; concédenos la gracia de ser fieles a la Iglesia, dispuestos a dar nuestra vida por sus enseñanzas. Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.

DOMINGO TERCERO ANUAL:
“VIVIR UN LIBRO”
Juan Vicente Catret S.J.
Comentario a las lecturas bíblicas del Tercer Domingo del Año Litúrgico

 



Las dos lecturas de la Biblia conectadas siempre directamente cada domingo son la primera y el evangelio. Aquí se nos habla de “dos libros”: en la primera lectura, se nos dice que el sacerdote Esdras leyó el libro de la Biblia del Antiguo Testamento, sobre todo los libros de la Ley o de Moisés, que abarcaban desde el Génesis al Deuteronomio, a todo el Pueblo reunido en Jerusalén tras la vuelta del destierro en Babilonia. Y se nos dice que el Pueblo aceptó vivir conforme a la Ley del Señor exclamando su “amén, amén”.

En la segunda lectura, S. Pablo en su carta primera a los cristianos de Corinto, que no llega al tamaño de un libro, comenta que la iglesia de Cristo se parece a un cuerpo humano en que los miembros más fuertes protegen a los más débiles, el ojo a la mano, etc., y que por tanto debemos ayudarnos unos a otros, según el don que cada uno ha recibido de Dios.

Y en el evangelio, después de decirnos que Lucas envía su evangelio a “Teófilo”, nombre simbólico que significa “amante de Dios”, es decir que Lucas envía su libro del evangelio a todos “los amantes de Dios” que son los cristianos, nos comunica que Jesús acudió a la sinagoga de Nazaret y que leyó un pasaje del libro del profeta Isaías del Antiguo Testamento de la Biblia, aplicándoselo a sí mismo: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque Él me ha ungido. Me ha enviado para dar la Buena Noticia a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciego la vista. Para dar la libertad a los oprimidos; para anunciar el año de gracia del Señor”.

Y luego, Jesús se apropió esas palabras simbólicas de Isaías, comentando: “Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír”.

Titulo esta homilía: “Vivir un libro”. Porque tanto Esdras en la primera lectura, como Jesús en el evangelio, nos están diciendo que “hay que vivir un libro”. Y me gusta aquí repasar el kanji o carácter chino para decir libro: “jon”, se pronuncia y se escribe:
, que expresa un “árbol”: , al que se le pone debajo un pequeño trazo horizontal, queriendo indicar “la raíz del árbol”·. O sea, que un “libro” expresa “lo que está a la raíz de la voluntad del que lo escribe o hace suyas las ideas expresadas en el libro, bajo la metáfora del árbol vital de cada uno…Muy bonito y expresivo me parece.

Entonces, centrándonos ya en el evangelio, Jesús nos dice que la raíz de su voluntad está en animar a los pobres con su Buena Nueva del Reino de Dios, Reino de paz, justicia y amor; en su trabajo curativo y redentor dando vista a los ciegos, libertad a los oprimidos…es decir, dándonos motivos para vivir humana y libremente, con libertad interior, con gozo dentro del corazón. Un mensaje de liberación que se nos da y que debemos colaborar a realizarlo, saliendo de nuestro egoísmo…recociéndonos pobres, oprimidos por las cadenas de las pasiones desordenadas, con necesidad de salvación, y al mismo tiempo animados a ayudar a los demás a vivir en esa libertad interior, que es gracia que pide al la par nuestra colaboración…Este es el programa Jesús, el “vino nuevo” que nos trae, como comentábamos el domingo pasado…
Y me pregunto: ¿pido humildemente a Jesús que me abra los ojos del corazón, que me libre de mis pasiones desordenadas, que me rompa mis cadenas opresoras, que me ayude a vivir bajo su gracia con un corazón pobre y humilde? Y a la vez, ¿quiero ayudarle en su empresa de construir el Reino de Dios, estando cerca de todos mis prójimos, aportando mi testimonio a favor de la paz, de la justicia, del amor servicial, dándoles ejemplo, rezando por ellos, animándoles a vivir con un bello y alto ideal de por vida? Este, creo es el mensaje de este domingo. Y acabo con una breve poesía de Eugenio D’Ors que me gusta. Se llama:

ORACIÓN EN LAS GRANDES VACILACIONES

“No me ilumina nada,
no veo nada,
no siento nada,
sino lo que sientes Tú.

No decido nada,
no juzgo nada,
no examino nada,
no sé nada,
sino lo que sabes Tú.

No pido nada,
no quiero nada,
no deseo nada,
sino lo que anhelas Tú.

No temo a nadie,
no sirvo a nadie,
no descanso en nadie,
sino en Ti.”