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HOMILÍAS DOMINICALES
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DOMINGO
31 PER ANNUM
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"LA
CORDIALIDAD SON DOS".
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El
título me lo sugiere el evangelio de los
"dos mandamientos": amor a Dios y
amor al prójimo", y también un caracter
chino-japonés muy importante en el Oriente,
que se escribe con este signo que ahora pongo,
confiando os salga bien en vuestra pantalla, a
saber: ¿Î que se lee: "jin" y
significa: "cordialidad" o
"cálida humanidad".
Es el valor supremo para el famoso pensador
Confucio, que los jesuitas en la China del
siglo 17 llamaron "el Sócrates
chino". Y es muy curioso kanji o caracter
chino-japonés. A la izquierda se ve
simplificado el dibujo de un hombre: ¿Í y a
la derecha el dibujo de dos: ¥Ë... O sea que
para ser un hombre hay que darse a los demás,
no se es un hombre cordial cuando se está
solo, aislado, encerrado en si. Y podemos
también pensar, no se tiene
"cordialidad" sino con
"dos": yo y Dios, yo y el prójimo,
y mejor aun: "Dios y el prójimo",
olvidándome de mí en amor total y servicial
a ellos dos. Esos son los "dos"
mandamientos que Jesús realza: amar a Dios
con todo el corazón, que para los hebreos era
la sed del pensar, querer, afectarse; y amar
al prójimo como a uno mismo, es decir
desearle, rezar y ayudarle para que tenga todo
lo bueno que nosotros deseamos para nosotros
mismos: paz, alegría, bienestar, bondad,
generosidad, templanza, amor oblativo, salud y
vida aqui y eterna...
Los judíos tenían 613 mandamientos,
desmenuzando los 10 de la Ley de Dios dada por
medio de Moisés, pero Jesús los resume en
esos "dos", y como hemos dicho, son
mas que mandamientos, la clave chino-japonesa
también, para ser verdaderamente humanos, con
calurosa cordialidad, para vivir una vida
plena, con sentido, de verdadera felicidad,
mientras caminamos por la peregrinación
terrestre que nos han recordado las dos
fiestas de los días pasados: "todos los
Santos", "todos los
difuntos"...que tuvieron el dicho
"jin", que salieron de su egoísmo y
fueron: "hombre + 2, mujer + dos"...
plenitud humana en el "dos" de Dios
y el prójimo. Que bonita y profunda me parece
esta actitud!... Vivir para Dios Padre,
Creador, Conservador; y para todos los
hermanos y hermanas de nuestra vida en la
familia, sociedad, país, mundo entero.
Somos así capaces de amar, porque Dios nos
ama primero, tal como dice la primera lectura:
Dios que nos ha dado "una tierra que mana
leche y miel"...a pesar de que nosotros
estamos haciendo que dimane "gas y toda
polución"...Y la segunda lectura que nos
presenta a Jesús como Sumo Sacerdote
"santo, inocente, sin mancha,
purificándonos de los pecados"...Y de
este modo se nos ha dado la posibilidad de
amar, en una incesante lucha contra nuestro
egoísmo, con una necesidad continua de
purificación. Que sepamos dar mas y mas una
respuesta completa: "con todo el
corazón, alma que es la vida, fuerzas
físicas y psíquicas...Que sepamos escuchar
lo que ya sabemos, pero que nos cuesta
reconocer: "yo + dos", yo soy para
dos: Dios y el prójimo.
Y el buen letrado que dice a Jesús en el
evangelio: "Maestro así es, como Tu
dices"...recibe de Jesús la respuesta
animadora: "no estas lejos del Reino de
Dios!"...Y así es también para nosotros
si vivimos el "yo + dos" =
JIN"...estamos cerca del Reino, pero
todavía no hemos llegado, debemos aun
esforzarnos "mas"...la
espiritualidad del "magis" =
"mas", que tanto le
gustaba a S. Ignacio de Loyola. Vamos a
pedirlo y también lo sugiero con la siguiente
poesía de Damián de Vegas, muy a tono. Se
llama:
DEL AMOR DE DIOS Y DEL PRÓJIMO
"Los dos amores, de Dios
y del prójimo, pensad
que son una caridad,
y no dos.
Habéis de considerar
dos ramos en un pezón,
que, aunque desiguales son,
creciendo van a la par.
Pues así el amor de Dios
y el de la projimidad
son solo una caridad,
y no dos.
Imposible es que a lo alto
del amor de Dios subáis
si en el del prójimo estáis
ratero, imperfecto y falto;
porque este amor y el de Dios
tienen tan gran hermandad,
que son una caridad,
y no dos.
De aqui quedara entendido
lo que la Escritura clama:
que quien al prójimo ama
la ley de Dios ha cumplido;
pues claro esta que ama a Dios
el que ama a la projimidad,
fia sola una caridad,
y no dos.
Pues pidamos esa gracia: "yo +
dos"...unos por otros, me despido por
hoy,
Juan Vicente Catret S.J., misionero en
Japón
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DOMINGO
32º PER ANNUM
Más que el volumen, lo
que importa es la calidad del
regalo... y ésta se la da el
amor. |
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LAS
DOS BOLAS DE ARROZ
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El
título de hoy me lo ha
recordado el evangelio con esa
viuda que echa dos monedas
(dos reales) en el cepillo.
¿Y pues?
Cuando estuve en la parroquia
de Rokko en Kobe, recuerdo que
un día me preguntaron un
grupo de feligresas jóvenes y
ya mayores de edad: "Que
es lo que le gusta mucho
comer?"... Y yo repuse:
"tarako", palabra
japonesa que significa
"huevos de pescado".
Desde chiquillo que me han
gustado esas hueveras de los
pescados. Y aquí en Japón
las hay y muy sabrosas, creo
que de salmón (en aponés
"sake"). Bueno, pues
lo que me conmovió es que al
cabo de unos meses, el día de
mi cumpleaños se me presenta
una anciana, no sé si era
viuda, y me regala "dos
bolas de arroz" blanco,
amasadas con las manos
rociadas de sal y por ello
quedando las bolas de arroz
muy ricas, que en japonés se
llaman "onigiri"
cada una (quiere decir
"arroz apretado"), y
la sorpresa más emotiva es
que dentro, en el corazón de
cada bola de arroz iba un
montoncito de
"tarako" = huevos de
pescado...
¡Que delicadeza la de aquella
anciana!, me dije y digo
ahora. Eso es lo que hizo
antes la viuda de Sarepta con
el profeta Elías, y lo que
hace la viuda del evangelio
que echa dos reales ante la
mirada de Jesús.
"Calidad" más que
"cantidad". El
servicio en silencio, ofrecer
el "poco" que
se tiene, porque se es pobre y
humilde, pero con todo el
corazón. Darse más que dar
de lo superfluo, de lo que no
se necesita, como hacían
tantos ricos y Jesús los
veía, en su vanidad e
hipocresía. Aprendamos ese
servicio humilde, callado,
dándonos con toda nuestra
energía, con lealtad, como
Jesús - el Sumo Sacerdote de
la segunda lectura - que se da
por entero al Padre y a
nosotros. Dar con afecto, con
todo el corazón lo poco que
se es y se tiene, como la
anciana que me dio a mi
aquellas dos bolas de arroz...
Y quiero concluir con una
poesía, libre, sin ritmo,
pero bonita y muy a cuento. Es
de Benjamín González Buelta
y se llama:
LOS CENTAVOS DE NOEMI
"A Noemí, la viuda
pobre,
todavía le dolían
los dedos de las manos
cuando depositó en silencio
su ofrenda para los pobres
en el cepillo del templo.
Había trabajado todo el día
cosechando aceitunas
en el olivar de Sadoc,
un alto funcionario.
Al final de la jornada,
pensó que ningún vecino
estaba en apuro urgente.
Ella no había comprado
nada a crédito
en la tienda de Josías.
Su velo descolorido
Podía durar mas tiempo.
Y no le seducirían el
corazón
las baratijas que anunciaba
un vendedor ambulante
sentado en su camello.
Noemí sabía mucho
de hambres clavadas como un
alfiler
en el centro de su estómago,
de deudas y mensajeros
que insistían y amenazaban,
desequilibrando en un instante
su frágil existencia.
Por eso dejó con alegría
unos centavos en el templo,
regalo suyo y de Dios
para un hermano.
Era poco dinero,
pero lo era todo para ella.
Y todo el corazón
quedo abierto
para todo el don
que el Dios del Reino le
ofrecía."
Pues que sepamos nosotros
darnos mas que dar de lo
superfluo, nuestro
tiempo, nuestras cualidades y
nuestro humilde servicio por
amor a Dios y al prójimo.
Esta
entrega es el mejor modo de
cumplir los dos mandamientos
de amor a Dios y al
prójimo, que Marcos ponía en
boca de Jesús el domingo
pasado. Pidiendo este modo de
vivir, como las dos viudas de
Sarepta y del Templo, como mi
anciana de las dos bolas de
arroz con "tarako"
dentro, a Jesús por y con
vosotros, me despido por hoy,
Juan Vicente Catret S.J.,
misionero en Japón
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DOMINGO
33° DEL AÑO LITURGICO
LO CADUCO DE LAS COSAS
Este domingo en que el evangelio nos
habla del "fin del mundo",
con esas frases en boca de Jesús de
que "el sol se hará tinieblas,
la luna no dará su resplandor, las
estrellas caerán del cielo",
etc. me ha recordado a mí un concepto
japonés muy cultivado aquí. Es el
llamado "mono no aware", que
traducido seria "lo caduco de las
cosas"...La efímera belleza de
todo lo creado, sea en la naturaleza o
en la vida humana. Todo se mira con
una cierta melancolia y tristeza, no
desprovistas de afecto y compasión.
Éste es también el mensaje bíblico
al fin del ciclo litúrgico anual. Un
mensaje apocaliptico, decimos, que
viene del griego
"apokalyptein" y significa
"quitar el velo", revelar la
caducidad de todas las cosas...Pero
frente a ello, la Palabra de Dios nos
invita a no quedarnos en esa actitud
melancólica, sino a reaccionar con
esperanza. Se acerca la hora de
nuestra total liberación, de la
vuelta de Cristo, de la fidelidad de
Dios. Es un mensaje del triunfo del
Hijo del Hombre, que es Jesús, y
nosotros con El. Dice Jesús: "el
cielo y la tierra pasarán, mis
palabras no pasarán!".
Cuando? No lo sabemos, pero debemos
vivir en el presente, no con temor ni
con relajamiento, sino en espera
activa, vigilante.
Frente a la triste noticia de que todo
es caduco, está la buena noticia de
que viene una primavera eterna. Jesús
nos dice que miremos esos signos en
"las ramas tiernas y yemas que
brotan en la higuera"... Todo lo
terreno sera barrido, pero como
también recalca la primera lectura
del Profeta Daniel: "los que
duermen, en la muerte, se despertaran:
unos para vida perpetua...los sabios
brillarán como el fulgor del
firmamento...como las estrellas, por
toda la eternidad"...Y ello
gracias a Cristo, como nos dice la
segunda lectura, que "ofreció
para borrar los pecados un solo
sacrificio", el de su sangre, y
"está sentado a la derecha de
Dios y espera el tiempo"
oportuno.
Asi pues, frente al "buenos dias,
tristeza" (conocido titulo de una
novela) de ese mensaje cultural
japonés llamado "mono no
aware" = "caducidad de todas
las cosas", debemos reaccionar
los cristianos, con una purificacion
de ese valor cultural profundo y
bello, es cierto, con otro mas
profundo y de nuestra fe, es decir con
esperanza en la misericordia y amor de
Dios, con paciencia, vigilancia,
comprometiéndonos con decisión por
la justicia y la paz frente a toda
violencia, vaciedad de valores.
Sabemos que Jesucristo está cerca,
nos llama a la vida eterna. Y para
llegar allí, vivamos en el presente
con pureza y entrega de servicio por
amor, con vigilancia, animados por las
hojas tiernas de los árboles! Qué
bonitamente lo expresa Antonio Machado
en el siguiente :
"PROVERBIO Y CANTAR":
"Yo amo a Jesús, que nos dijo:
"Cielo y tierra pasarán".
Cuando cielo y tierra pasen
mi palabra quedará.
Cuaá fue, Jesús, tu palabra?
Amor? Perdón? Caridad?
Todas tus palabras fueron
una palabra: Velad".
Pues a esperar "frente a lo
caduco de las cosas"...Lo pide
con y por vosotros,
Juan Vicente Catret S.J., misionero en
Japón
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REFLEXIÓN
PARA EL
DOMINGO DE
CRISTO REY.
Nuestro
amigo y
misionero en
el Japón,
Juan Vicente
Catret S.J.
nos obliga a
ruborizarnos:
¿No es una
vergüenza que
en nuestro
país donde
decimos
mayoritariamente
conocer y
respetar a
Jesucristo
seamos capaces
de darle la
espalda a la
verdad,
mientras en
lugares donde
apenas se
conoce al
Señor, la
Verdad sea
cultivada con
esmero? |
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CRISTO,
REY DE LA
VERDAD
|
| A
este último
domingo del
año
litúrgico, el
autor de estas
refleciones
quiso llamarlo
“el Cristo
Asiático”;
hemos
preferido
titularlo
“Cristo, Rey
de la
Verdad”.
(N.del E.) |
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Precisamente el
evangelio de este
domingo es la lectura
que me lo ha sugerido,
cuando Pilato pregunta
a Jesús: "Tu
eres Rey?", y
Jesús le responde:
"Mi Reino no es
de este mundo...Yo he
venido para ser
testigo de la
verdad".
En japonés,
"verdad" se
dice:
"makoto", y
es un gran valor
espiritual que ha
calado mucho en las
almas de los
japoneses. Siempre me
ha llamado la
atención y no solo a
mi sino a muchos de
los extranjeros aqui
venidos y con los que
a veces he hablado de
ello: de la sinceridad
profesional japonesa,
de que no mienten, de
que no te timan ni los
taxistas, ni en las
tiendas, que te puedes
fiar de todo el mundo,
hablando en general,
claro esta. Y esto
radica en ese valor
profundo del
"makoto",
decir y hacer "la
verdad".
Así pues, la fiesta
de este domingo:
Cristo Rey de la
Verdad", me
resulta muy atractiva
y podemos hablar del
título que pongo
arriba: "El
Cristo
Asiático". El
Cristo Camino, Verdad,
Vida, Sabio.
"Makoto", se
compone de dos
elementos:
"ma" que
significa "lo
verdadero, lo
genuino"; y
"koto"
equivalente a:
"palabra" y
"conducta".
Jesús nos invita a
participar en su Reino
de "Vida y
Verdad, Santidad y
Gracia, Justicia, Amor
y Paz". Aceptar
su realeza en
nosotros, en nuestro
mundo, es admitir como
norma de conducta la
verdad, frente a toda
mentira, es vivir la
vida como hijos de
Dios, santificando con
su gracia todas las
dimensiones de la
existencia, ajustarnos
a lo que Cristo quiere
en el campo social, es
luchar contra todo
egoismo propio y
ajeno, amandonos en la
verdad como El nos
ama, construir asi una
auténtica paz en la
tierra, anticipo de la
felicidad eterna, con
Cristo, el Hijo del
Hombre coronado, de la
primera lectura del
profeta
Daniel, con el Testigo
fiel, primogénito de
entre los muertos y
príncipe de los reyes
de la tierra, que
entona la segunda
lectura del
Apocalipsis.
Debemos pues
contribuir al Reino,
eliminando mentiras,
injusticias,
discriminaciones,
viviendo en el amor,
el perdón, la paz y
dulzura, apasionados
por el
"makoto", la
verdad y fidelidad en
nuestro hablar y
vivir, conducta total.
Ese Cristo Rey,
Asiático, nos atrae,
nos invita, nos
colma de esperanza y
alegria en esta fiesta
final del ciclo
liturgico. Acabo con
una poesíia de
Rómulo Galdós que se
titula:
EL MUNDO RECONOCE TU
REALEZA
"El mundo
reconoce tu realeza
como Pilato la
atestiguó
escribiendo,
y lo que el escribió
persiste escrito
no solo en griego y en
latín y hebreo,
sino en las lenguas
todas de la tierra:
"Este es Jesús,
Jesús el nazareno,
el Rey de los
judíos". Todo el
mundo
el título ha leido de
la cruz,
y a ti, Jesús, de
espinas coronado;
a ti, Cristo Jesús,
oh santo Cristo,
clavado en esa cruz
con cuatro clavos,
el mundo todo te
proclama Rey.
Salve, Cristo, Señor
de los señores.
Salve, Cristo Jesús,
Rey de los
reyes".
Pues pidiendo con y
por vosotros, por
todos nosotros a
Cristo Rey Asiático
que nos ayude con su
gracia a vivir el
"makoto", me
despido por hoy,
Juan Vicente Catret
S.J.
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