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LOYOLA 54 SOMOS
LA HISTORIA Entre todos los seres vivientes, el único ser histórico es el hombre... Y lo es porque es inteligente y libre y en cuanto es inteligente y libre. Me explico: Cada uno de nuestros actos, en la medida que los pensamos y decidimos libremente, tienen una incidencia en mayor o menor grado, ya sea positiva o negativa, tanto en nosotros mismos como en la gente que nos rodea. Esto - que es bueno o malo, según sea el caso - influye sobre los demás y va condicionando no sólo los actos de los demás sino también los nuestros. Así pues, cada acto que yo realizo va repartiendo sus efectos y también se va haciendo responsable en cierto modo, de lo que los demás van a hacer. En resumen, como los seres humanos vivimos en sociedad, somos en cierto modo co-responsables de lo que va sucediendo. Esto es la historia. La historia es una realidad en permanente movimiento. La historia es como un árbol vivo que hunde sus raíces en el pasado y extiende sus ramas hacia el futuro. ¿Quién hace la historia? El sujeto de la historia es el ser humano. Existe mi historia personal, de la cual yo soy el sujeto principal y el primer responsable, aunque indudablemente exista una cierta influencia exterior que en algo puede hacerme modificar mis decisiones... Pero en última instancia, yo soy el responsable. Así también existe la historia de un pueblo o nación, como es el caso de nuestra Patria. En esta historia, todos nuestros actos conscientes y libres tienen alguna incidencia; y por eso, todos tenemos cierta responsabilidad frente a los acontecimientos. No caigamos en el error de pensar que la historia de Chile es un conjunto de hechos y personajes del pasado, de los cuales nosotros no tenemos nada que ver. La historia de Chile está aconteciendo hoy, hundiendo sus raíces en el pasado, y debe, como toda planta en la primavera, estirar sus ramas hacia el sol del futuro. Es cierto que una parte de nuestra responsabilidad histórica consiste en traer a la memoria la verdad de los hechos del pasado, pasa sacar de ellos la experiencia, corrigiendo ahora mismo y reparando con justicia los errores, reforzando los logros positivos y proyectando hacia el futuro lo mejor de nuestros ideales. Traer a la memoria los hechos del pasado es de suma importancia, a condición de hacerse con descarnada honradez. La verdad es fundamental. Desfigurarla o recortarla en provecho particular o para atenuar nuestras responsabilidades, acarrea nuevos males para el presente con peores consecuencias para el futuro. Si queremos desde hoy ir construyendo una historia sana, sabia y provechosa para nosotros y para quienes vengan después de nosotros, debemos esforzarnos por mirar y juzgar sin pasiones los hechos del pasado, poniendo toda la fuerza de nuestro amor en el presente y el entusiasmo e ilusión en el futuro. Últimamente, nuestra mirada hacia el pasado ha sido enfocada en forma casi exclusiva en el tercer tercio del siglo veinte. En verdad, los hechos de este período ni son el comienzo de nuestra historia ni pueden explicar plenamente lo que hoy somos ni tampoco pueden ni deben ser el factor determinante de lo que queremos construir. No olvidemos que hoy los actores de la historia somos nosotros... Y si hemos olvidado mirar hacia el futuro por quedarnos mirando un determinado pasado, sólo lograremos que las generaciones venideras nos juzguen con mayor severidad como egoístas, mezquinos y mediocres. Amigos: El Creador nos dio inteligencia y voluntad libre y nos puso en este maravilloso territorio con volcanes y lagos, con ríos y glaciares, con desiertos, bosques y pampas, con riqueza minerales y deliciosas frutas. ¿Qué estamos esperando, pues, para amar, soñar y construir? José Juan Vergara S.J. Director de Loyola
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