¿Puede el hombre sobrevivir solo?

LOYOLA 51
EDITORIAL

CUESTIÓN DE SUPERVIVENCIA

¿Puede el hombre sobrevivir solo?

Tal vez, un tiempo, pero, tarde o temprano, va a necesitar de los demás. Es que - por naturaleza - el ser humano es un ser social. Esto se explica por dos dinamismos fundamentales intrínsecos a nuestro ser:

la "indigencia" y el "amor".

"Indigente" es sinónimo de "necesitado". Todos somos en parte "indigentes": necesitamos tanto en lo material como en lo afectivo, en lo cultural y espiritual. Necesitamos pan, techo, abrigo, ser queridos y estimados; necesitamos conocer, aprender y - finalmente - necesitamos a Dios. Esta "indigencia" es una fuerza centrípeta, dirigida hacia el interior de nuestro ser.

El otro dinamismo, el "amor", fuerza centrífuga que brota de nosotros y se dirige hacia afuera, hacia los otros. Necesitamos comunicarnos, expresarnos, imprimir nuestro sello a las cosas, crear, dar, enseñar, amar.

La puesta en práctica de estos dos dinamismos que se entrelazan en una red infinita de interacciones, es lo que constituye a la humanidad como un cuerpo social.

El punto de partida de estas interacciones se produce en el seno de la familia, célula básica de la sociedad humana. Un hombre y una mujer se atraen, se necesitan, se aman, se dan el uno al otro y dan origen a nuevas vidas. Estas nuevas vidas son inicialmente "indigentes": TODO LO NECESITAN PARA SEGUIR EXISTIENDO. Requerirán largos años de crecimiento y maduración, para ir aprendiendo que no todo es pedir o exigir: es necesario aprender a dar y amar. Este largo aprendizaje llegará a buen término si han visto el ejemplo de amor y entrega de sus mayores, fundamentalmente de sus padres. Esto sólo se podrá lograr si existe estabilidad familiar.
¿Se podría pensar en una familia estable, si los dos pilares fundamentales de ella - el padre y la madre - no tuvieran la íntima convicción y el firme propósito de hacer que sus lazos fueran y debieran ser para siempre?
Éste no es un problema religioso. Es un problema social de supervivencia humana.
Si el padre o la madre piensan más en su interés personal o dan preferencia a su dimensión egoísta, frente a las dificultades que inevitablemente sobrevienen en la vida comunitaria, optarán por lo más fácil: El triunfo del egoísmo sobre el amor, abandonando el proyecto común y dejando a los hijos a su suerte.

¿Qué se puede esperar de esos hijos abandonados a su suerte?
Podría suceder que alguien asumiera para ellos el rol paternal o maternal y les diera lo que sus padres no supieron darles. Es una posibilidad que a veces se da. Pero también es posible que esos hijos de la desunión o sucumban o se conviertan en verdaderas fieras para la sociedad.

¿Qué pasa si el fenómeno se extiende?
"Homo homini lupus": el hombre se convierte en un verdadero lobo para sus semejantes. Es la ley de la selva: lucha despiadada por la supervivencia, un mundo cruel, sin piedad, sin amor.

Sin duda, se trataría de un tremendo retroceso social.

Saquemos conclusiones. Un mundo mejor se forja en la familia. Un mundo despiadado es la consecuencia natural de familias en las cuales el egoísmo tuvo prioridad sobre el amor. ¿Era esto lo que queríamos en ese descontrolado afán de "libertad" y de "autorrealización"?

José Juan Vergara S.J.

Director de "Loyola"