LOYOLA 51 PRIMAVERA DE 2002LA PATRIA |
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| Al llegar la primavera, con el mes de septiembre y las fiestas dieciocheras, vuelve a escucharse la palabra "patria". Con motivo del Tedeum celebrado en San Ignacio, surgió la reflexión que ahora compartimos | |
| ¿Qué es la Patria? ¿Es un sentimiento? ¿Una palabra? ¿Una idea o concepto? ES eso y aún más: es una vocación, una misión y un compromiso. 1. Un sentimiento básico: lo que es mío, lo que me rodea, lo que me acoge, protege y cuida, lo que me hace sentir cómodo, en mi casa; lo que me une a los otros, lo que me motiva y estimula, lo que a veces me enorgullece y otras veces me enfurece. No es posible sustraerse a estos sentimientos básicos. Si alguien no fuera capaz de "sentir" a su patria, nos daría miedo, sería un inhumano. ¿Podría decir alguien que ama a Dios si no ama a su Patria? 2. Veamos el sentido de la palabra: Patria viene de "pater" que es "padre"; pero es una palabra femenina y la llamamos "madre". La palabra nos está aludiendo a lo más cercano, a lo más nuestro, a lo que está más cerca de nuestro corazón: nuestro padre y nuestra madre... y de allí, a lo demás que nos rodea. Así nos vamos formando una idea o concepto. 3. En nuestro concepto de patria hay un territorio, una geografía, hay gente que forma un pueblo, una nación, una historia, una organización y un proyecto. Cuando pensamos en nuestra patria como territorio, no podemos dejar de asombrarnos por la paradoja de un país unitario en una geografía tan diversa: un altiplano y un desierto, verdes valles y escarpadas montañas, bosques, pampas, islas, ríos, lagos, hielos y un ancho y profundo mar. Cuando pensamos en su gente, no cometamos la insensatez de reducirla a españoles y araucanos. Si sólo miráramos a los pueblos originarios, ya tendríamos que nombrar a cunzas y atacameños, aimaráes, diaguitas, picunches, pehuenches, huilliches, mapuches, chilotes, onas, yaganes y alacalufes. No todos llegaron al mismo tiempo. Unos llegaron después que otros. Algunos pudieron acomodarse, otros fueron desplazados... así es la historia. Tenemos que añadir las llegadas posteriores, a partir de los incas, españoles y algunos portugueses e italianos; franceses, ingleses e irlandeses, alemanes, más italianos, chinos, yugoslavos, sirios, palestinos y judíos; japoneses, taiwaneses y coreanos. Últimamente hermanos del Perú, Ecuador y Argentina. 4. Una vocación: Si de partes tan diversas y distantes han querido venir a este rincón, no puede ser una casualidad. Para nosotros, la fe nos dice que hay un designio de Dios que nos ha llamado y nos está llamando a la unidad en la diversidad. Los que ya somos de aquí, Dios nos llama a abrir nuestro corazón a los que llegan; a los que vienen llegando, Dios los llama a abrirse e integrarse en vistas a formar un solo pueblo. Toda pretensión de hegemonía o exclusión es injusta. Todos tenemos que hacer un esfuerzo por entendernos: Los que ya se sienten de aquí y los que vienen llegando. Así vamos haciendo nuestra historia y vamos dinamizando nuestra organización, mirando hacia adelante. 5. Nuestra misión: La historia es nuestra. El pasado no es de otros; es de nosotros. En él hundimos nuestras raíces. El presente nos es de otros; es de nosotros. En él debemos comprometer nuestra acción. El futuro es de nosotros y para los otros que vendrán después. Es nuestro deber histórico sacar provecho de lo que nos legó el pasado y hacerlo prosperar en miras al futuro. Al recordar el pasado, veremos miles de rostros anónimos que en su humildad contribuyeron a hacer lo que hoy somos. Entre ellos, algunos descollaron y sus nombres quedaron grabados. El legado que nosotros recibimos viene tanto de esos grandes personajes como de esos otros pequeños y sencillos que hicieron en su momento lo que debían hacer. Pensemos en los caciques como Lautaro o Caupolicán, que con su intrepidez y valor, nos legaron el amor a la libertad. Pensemos en Pedro de Valdivia, español de origen, el primero que visualiza a Chile como país, que comenzó a gobernar allá en el lejano Atacama, que fue fundando ciudades y villas en una extensión de más de dos mil kilómetros y derramó su valerosa sangre en nuestros bosques del sur. Y si pensamos en personas, unas venidas de afuera y otras nacidas aquí, que dejaron su huella indeleble en nuestra patria, pensemos en un O'Higgins de Irlanda y el otro de Chillán; un San Martín de Argentina y un Manuel Bulnes de acá. Han dirigido nuestro destino descendientes de italianos, suizos, judíos, franceses, ingleses y vascos... también de origen catalán como los Montt. En la cultura a un Domeyko de Polonia o un Andrés Bello de Venezuela... Para terminar, no podemos dejar de recordar a dos hermanos nuestros de aquí, de San Ignacio, que se dieron por entero a nuestra patria: el Padre Alberto Hurtado en su multiforme y brillante apostolado y el Hermano Ildefonso Delgado, fallecido aquí el año 2001, que desde su humilde puesto, marcó a 75 generaciones de ignacianos. Catalán, nacido en Aragón, amando y sirviendo a Chile, hizo de Chile su patria y recibió de Chile el reconocimiento con la ciudadanía por gracia. Ser chileno no es sólo haber nacido aquí o venirse a vivir. Ser chileno es una vocación. Si estamos aquí es porque Dios lo ha querido y Él desea algo de nosotros, como personas y como pueblo. Mirar a nuestra tierra, a nuestra gente y nuestra historia, hoy nos llena de un sentimiento de amor patrio. Pero este sentimiento no puede quedarse estacionado. Debe ponerse en movimiento, en acción. Debe llevarnos al compromiso: ¿Qué puedo hacer por mi Patria? ¿Qué necesita mi Patria? Abrimos nuestros ojos y miramos a nuestro alrededor. Muchos andamos como obsesionados o presionados, o angustiados por los problemas del diario vivir: la salud, el trabajos, las cuentas, la educación de los hijos, las relaciones familiares. ¿Qué falta? Nuestra mirada tendrá siempre las limitaciones de todas las cosas humanas. Imposible ver todo; imposible darnos cuenta de todo. Sin embargo, algo vemos. Hay solidaridad, pero falta más. Todos hablamos castellano, pero no siempre logramos entendernos. Yo tengo problemas, pero a mi alrededor hay gente que tiene más problemas que yo. ¿Qué puedo hacer? Todos podemos hacer algo. Todos podemos contribuir; cada uno con lo que Dios le ha dado y lo que sus mayores le han trasmitido. Dispongamos hoy nuestro corazón para dar, para construir, para hacer un Chile mejor, para acercarnos a esa "copia feliz del Edén" que canta nuestro Himno Nacional. José Juan Vergara S.J. Director de "Loyola" |
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