LOYOLA 47

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EDITORIAL


SEGURIDAD


Buscamos seguridad. Se ve bastante razonable.

A un amigo le gustan las verduras crudas, pero le tiene miedo a las infecciones. Por seguridad, las lava previamente con desinfectante. Muy razonable.

Una empresa constructora está abocada a trabajos de altura. Los riesgos para sus obreros son altos y se les exige arneses, cinturones, cascos y otros variados instrumentos de seguridad. Ellos se resisten porque les incomodan. Se sienten seguros con su agilidad, fuerza física y juventud. La empresa insiste; ellos se resisten. ¿Hasta dónde?

Seguros de vida, seguros contra accidentes, cesantía, incendios y robos... medicina segura, hospitales seguros, abogados seguros, calles y barrios seguros, clave de seguridad para usar su computador, para su correo electrónico, para la tarjeta de crédito... empresas de seguridad para proteger su casa, cinturón de seguridad para manejar...

¡La búsqueda de seguridad ya está llegando a la locura!

Todos estos casos, ¿Tienen algo de común entre ellos? Pienso que el elemento común es el temor: temor a perder la vida y lo que en ella poseemos: salud, dinero, propiedades.

¿Es la seguridad un bien en sí?

Al analizar los casos anteriores, vemos que en unos se busca la seguridad para algo bueno y en otros para algo indiferente. Incluso se podría buscar seguridad para algo moralmente reprobable (un crimen o un asalto perfecto). De allí se infiere que la seguridad, en sí, es algo relativo. Puede ser buena o mala. Además, es bastante "material".

Nunca se podrá comprar un seguro que garantice la inmortalidad. De todas maneras vamos a morir y vamos a perder todas las cosas materiales que teníamos tan bien aseguradas.

Con vergüenza debemos reconocer que nos preocupamos muy poco de asegurar los valores más trascendentales, aquellos que deben perdurar más allá de nuestra corta vida. Y tal vez, lo que menos nos preocupamos de asegurar es el amor.

El único seguro del que no podemos prescindir: el amor

El amor es el tesoro más grande y más fino que pueda llegar a manos del hombre. El amor es delicado y frágil; se puede estropear, dañar o perder. Sin duda lo valoramos, pero no lo cuidamos. El amor es el único "seguro" que nos sirve más allá de esta vida. Es el único "seguro" que le da sentido a todas las otras seguridades de esta tierra. Sin el amor, todas las otras seguridades serán totalmente inseguras, caducas, banales o absurdas.

Pero resulta que el amor mismo es tremendamente inseguro. ¿Cómo lo podemos asegurar? amando; y esto, día a día.

Dios, que es Amor y fuente del amor humano, será finalmente nuestro único seguro absoluto.

José Juan Vergara S.J.
Director