LOYOLA 16
JULIO - AGOSTO 1993
¿CAMISETA O CORAZÓN IGNACIANO?

EDITORIAL

A propósito de los 400 años de los jesuitas en Chile.

El presente artículo fue publicado en el Diario "El Mercurio" entre las cartas al Director. Ahora lo reproducimos para quienes no lo habían leído.

¿CAMISETA O CORAZÓN IGNACIANO?


Con cierta periodicidad solemos leer o escuchar de personas que se destacan y dicen con orgullo "soy ignaciano". Esta frase ha venido a reemplazar a otra que se escuchaba en distintos tonos, según el grado de adhesión, amistad o afecto: "estudió en los jesuitas de tal parte" o "fue alumnos de los jesuitas".

Tanto antes como ahora, la frase quería significar un tipo y una calidad de educación.

El término "ignaciano" que ahora se está usando, puede leerse en dos claves. Una es la clave del exalumno común que se siente contento de haber estado en el Colegio San Ignacio, donde se combinan el estudio con los deportes, los Scouts, las Comunidades de Vida Cristiana, las Misiones, la Semana de Fábrica, los trabajos de invierno y de verano, los campamentos, las kermesses y las ya legendarias "semanas ignacianas".

La segunda clave es la más profunda y trasciende a la primera. Esta se centra en la espiritualidad de San Ignacio de Loyola. Así pues, se entiende por "ignaciano" aquel que se ha compenetrado del espíritu con el que el Santo Fundador iluminó su existencia y la de sus seguidores. La espiritualidad ignaciana es un modo de entender y vivir el Evangelio; es un estilo de vida. Trataremos de esquematizarla en breves puntos:

1. Un sentido de Dios, para quien sea la mayor gloria.

2. Adhesión personal a su Hijo, Nuestro Señor Jesucristo; adhesión que implica seguimiento.

3. Fidelidad a la Iglesia jerárquica, no por meras razones disciplinarias o de organización, sino por una razón mística: es la verdadera Esposa de Nuestro Señor Jesucristo.

4. Un servicio concreto a nuestros hermanos los hombres en una dimensión integral (material, intelectual, espiritual).

5. Utilización de los medios más adecuados para que el servicio sea el mejor. ¡No a la mediocridad!

6. Discernimiento para buscar lo que sea la mayor gloria de Dios y el mejor servicio a nuestros prójimos. Este discernimiento sólo puede realizarse en un ambiente de oración. Esta nos lleva al primer punto, donde se cierra el círculo.

Está bien tener puesta la "camiseta ignaciana", pero mejor es impregnarse de la "espiritualidad ignaciana". Para lo primero, basta con haber pasado por un colegio de la Compañía de Jesús. Para lo segundo, hay que vivir los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola. Lo primero nos llena de emociones y nostalgias. Lo segundo nos trae el verdadero sentido de la vida.


José Juan Vergara S.J.
Director

 
 OTROS TEMAS DE ESTE NÚMERO

Discurso inaugural de la exposición de cuadros de exalumnos jesuitas, por José Donoso S.J.

Foto de los participantes del Congreso Iberoamericano (Santiago, abril 1993)

Música Ignaciana: "Tomad, Señor y Recibid";  "Alma de Cristo"

"Cuando Dios lo disponga". Un recuerdo del Padre Jorge González S.J. por Sergio Barriga K.

San John Ogilvie S.J. por Víctor Gana S.J.

Florencia por Adolfo Couve

DE SUR A NORTE

 

SOLIDARIDAD

 Sabemos que, a raíz del aluvión de Santiago, nuestros colegios se movilizaron con su caracte­rístico espíritu solidario. Varios de nuestros exalumnos jóvenes trabajaron codo a codo con los alumnos en la faena de sacar barro y remover escombros. El Centro de Exalumnos quiso sar un aporte solidario a los dam­nificados y dedicó la mitad de la recaudación por concepto de cuotas, desde que apareció el número anterior de "LOYOLA", prolongándose durante el mes de junio. Se incorporaron 88 nuevos socios, lo que suma

$­528.000 por este concepto. De esta suma, la Asociación donó $300.000.

 

EL BOSQUE:

1964, PRIMERA GENERACION

Al hacerse Socio Activo, don Daniel Carrasco A. alude a su generación, la primera formada íntegramente en el colegio nue­vo. Hace cariñosos recuerdos de las monjitas y de los padres Carlos Vergara y Jaime Correa.

ARQUITECTO JOVEN Y DESTACADO

 Rubén Eduardo Díaz Munizaga (SIEB-83), nos escribe contan­do los estudios y actividades profesionales que ha realizado, entre las cuales vale la pena mencionar un Primer Premio obtenido en Palma de Mallorca. Se trata de un concurso de ideas para el Recinto Ferial.

 POCURO:

GRATOS RECUER­DOS

 Gregorio Reyes Carrasco,(SI­EB-84) nos escribe: "¡Qué grato ha sido tener hasta el momento este vínculo de comuni­cación con la comunidad ignacia­na de los exalumnos!"

Como él son numerosos los exa­lumnos de ese plantel que se han incorporado en las últimas semanas. ¡Bienvenidos!

 EXALUMNOS JOVENES

 Muchachos universitarios que están luchando por "sacar" su profesión y desean mantener el vínculo con la Asociación, nos escriben cartas todos los días.

¡Gracias por escribirnos! Aun­que todavía no estén en con­di­ciones de contri­buir con la cuota de Socio, igual los man­tendre­mos informados para que par­ticipen en las ac­tividades que puedan.

CHEQUE ANTARTICO

Entre las cuotas recaudadas, llegó un cheque con pingüino y llanuras nevadas de la Villa Las Estrellas en La Antártida. Se trata de un nuevo Socio Activo, Roberto Varela Miquel, Contro­lador de Tráfico Aéreo. Aunque el documento venía congelado, igual nos sirvió. 

 

DESDE LA ACADEMIA DE GUERRA nos escribe el Coronel Juan Emilio Cheyre expresando: "en mi vida la formación que recibí en el Colegio ha sido algo muy importante"... y termina despidiéndose desde la Acade­mia "donde como su Director siempre trato de vivir y actuar como un ignaciano".

 DESDE SUECIA: Celso Cruz Prado egresado del Colegio San Javier de Puerto Montt el año del terremoto, 1960, estaría encantado de re­cibir carta de alguno de sus viejos compañeros. Nosotros tenemos su dirección.

 DESDE ALEMANIASigifredo Laengle Scarlazzetta, egresado en 1979 del Colegio San Luis de Antofagasta, casado con Pilar Aliaga, se encuentra en Alemania preparando su Doc­torado.

Ingeniero Civil por la Univer­sidad de Concepción, hizo su Magister en la U. de Chile y luego trabajó en Mantos Blancos y Chuqui. El 21 de mayo nos escribe sobre las celebraciones litúrgicas alemanas:

            "Muy bien preparadas, con bastante participación de la gente. Ahora comienzan los en-cuentros de conciertos, canto gregoriano, Bach, Mozart y todo tipo de coros. Cualquier 'ciudadela' tiene su estupendo coro y órgano como correspon­de"... "Entre todo lo bello, también hay esta 'sensación de crisis' que se encuentra en todo lo religioso: todo es inestable, inseguro, casi apocalíptico. Estoy seguro que Jesús no hizo divagaciones teológicas de las magnitudes que experimen­tan aquí".

 

ROMA-RADOLFZELL-MADRID

 

¿Qué extraño itinerario es éste? Se trata del recorrido de vaca­ciones del "loquillo" Roberto De la Vega (S.LUIS-79), estudiante de Sicología en la Ciudad Eterna, durante el verano romano. Es importante para el futuro de nuestros Colegios contar con jesuitas especilizados como ahora lo está haciendo Roberto.

 

DESDE ARGENTINA

 

Un telegrama adhiriendo a la tradicional celebración sanluisi­na nos envió desde Boulogne, Buenos Aires, nuestro amigo Emilio Blacker con quien tuvi­mos el gusto de departir duran­te el transcurso del Congreso Iberoamericano. ¿Recuerdan al hombre de la pipa? ¡Ése! Gra­cias, Emilio.

 

También nos escribe Esteban Ivovic (SIAO-71) que actual­mente reside en Buenos Aires (Falabella S.A. se amplió).

"Mi familia se está acostumbran­do a Buenos Aires y las niñitas están muy contentas con su nuevo colegio que se llama Jesús María".

  

...Y TAMBIEN DESDE LA   ETERNIDAD...

 

Con una conmovedora y cariñosa carta nos escribe la  familia de Hernán Rodrigo Tobar Osorio, apodado "El Negro", de la pro­moción de 1982, del Colegio San Ignacio (A.O.), fallecido a los 25 años de edad. Cursaba Car­tografía en el I.P.S., siendo muy querido por sus compañe­ros y personal del Instituto, de modo que una sala fue bautizada con su nombre. Durante su período escolar participó en cuanta actividad se organizara: miembro de CVX, misionó, can­tó, pintó, escribió...

Hoy, la familia ha querido ha­cerse participante de la Asocia­ción de Exalumnos, cancelando la cuota anual en su memoria.

 

EXALUMNOS SALESIANOS

 

Con motivo de nuestro Congreso Iberoamericanos, la Federación Chilena de Ex Alumnos Salesianos nos envió una cordial felici­tación.  A través de estas líneas queremos agradecer su delica­deza, deseándoles éxito en todas sus actividades. Esperamos, también, tener la oportunidad de encontrarnos en alguna instancia que reúna a los exalumnos de la Educación Católica.

SANLUISINOS:

MISA Y ALMUERZO  ANUAL

            El sábado 26 de junio se celebró en la Iglesia se San Ig­nacio la Misa de los exalumnos sanluisinos radicados en San­tiago y Valparaíso. En el altar se encontraban los antiguos profesores PP. Julio Jiménez, Luis Covarrubias y Mario Zañartu; el ex Rector P.Alfonso Salas y el Asesor P. José Juan Vergara. Entre los participan­tes en el almuerzo (Estadio Croata) se destacó por su edad y prestigio el ex Ministro don Estanislao Zúñiga.

  

EX-RECTOR: NUEVO OBISPO

 

            El Padre Renato Hasche, quien fuera Rector del Colegio San Luis durante siete años, fue consagrado Obispo de Arica el martes 29 de junio en la Cate­dral de Antofagasta. Presidió la ceremonia Mons. Carlos O­vie­do. Entre los concelebran­tes vimos a jesuitas venidos de diversos puntos, conocidos por tantos de nuestros lectores: Santiago Marshall y John Hen­ry, actual­mente radicados en Arica; Gre­gorio Donoso, Renato Poblete, Ignacio Grez, Emilio y José Juan Vergara, Hubert Daubechies, Pedro Espinosa, Fernando Sa­las, Eduardo Tam­pe, José An­tonio Oses y los jóvenes Pablo Walker y Gonzalo Vergara... y tantos otros.

 

MUESTRA GRAFICA:

COMPAÑIA DE JESUS

400 AÑOS EN CHILE

 

Entre el 4 y el 28 de junio, en el Centro de Extensión de la Pon­tificia Universidad Católica de Chile, estuvo expuesta la men­cionada Muestra, preparada por el arquitecto Ramón Delpiano, con la ayuda de varios exalum­nos, entre los cuales se cuenta el fotógrafo Miguel Hechenleit­ner. El mismo día 28 se trasladó a la ciudad de Antofagas­ta, gracias a TRAMACA. En esta ciudad será exhibida en el Tea­tro Municipal, en el Colegio San Luis y en la Universidad del Norte.

 

"MINI-CONGRESO" DEL NORTE

 

Se había programado para el sábado 18 de junio. Por impor­tantes razones fue trasladado para el sábado 24 de julio.

La idea es dar a conocer el sen­tido de las "ASIA", su espíritu y su funcionamiento. Interesa dar comienzo al "ASIA-ANTO­FAGASTA", con la participac­ión de exalum­nos de TODOS nues­tros colegios radicados en la Segunda Re­gión.

 

EXPOSICION DE CARICATURAS DE LUIS OSSES

 

¿Quién no conoce al popular personaje llamado "Condorito"?

¿Sabía usted que bajo la firma de "PEPO" se esconde un exa­lumno de la primera promoción del Colegio San Mateo de Osor­no, dirigido por los jesuitas norteamericanos? Este es Luis Osses (generación 1965) que ahora expone en Moneda 1467 entre el 5 y 27 de julio. Vaya a verlas. No se las pierda.

 

SAN IGNACIO DE LOYOLA

CELEBRACIONES VARIAS.

 

ANTOFAGASTA

             Además del Mini-Congr­eso del 24 de julio, se tendrá un solemne Acto Cultural en el Teatro Municipal con participa­ción de Orquestas y Coros. La fecha se anunciará por la pren­sa.

  

VALPARAISO

             Se está programando Misa y Cena ignaciana para viernes el 30 de julio. Están invitados los exalumnos de todos nuestros colegios, sin distinción. Ha prometido su asistencia el que­rido Padre Arraño.

 SANTIAGO

 

            El sábado 31 a las 12.30, Misa en la Iglesia de San Ignacio y cóctel en el "Patio de Vidrio". La invitación está abierta para los exalumnos de todos nuestros colegios, incluyendo los que ya no están en manos de la Com­pañía, como el Seminario de Chillán (Colegio P.A.Hurtado).

            El almuerzo será en el Círculo Español.

 

 

 

 

LAS DOS CARTAS MAS IMPORTANTES

 

De la SANTA SEDE: Con moti­vo del Congreso, el Papa nos envió un saludo, sus oraciones y su bendición. Lamentablemen­te se la mandaron a un Padre que estaba de vacaciones en Roma que sólo la daspachó a su regre­so.

 

Del Padre Peter Hans Kolven­bach, General de la Compañía de Jesús: Agradece los documentos recibidos, felicita por los Estatutos Latinoamericanos

y nos alienta a continuar nues­tro trabajo.

 

PALABRAS DEL PADRE JOSE DONOSO PHILLIPS S.J., EN LA INAUGURACION DE LA EXPOSICION DE CUADROS DE PINTORES EXALUMNOS (21.04.93)

 

Veni Sancte Spiritus!

 

Amigos de la gran familia ignaciana:

 

            1993 no pasará a la historia como un año venturoso y promisorio, en un FIN de siglo que tuviese algo de una Belle Époque. Sus síntomas no son felices. Albert Camus hace tiempo presagió que nuestro siglo se llamar­ía el "Siglo del Miedo".

            Sus profetas habrían sido - entre tantos otros - Strind­berg, Kafka, Hesse en las Letras; Munch, Ensor, Soutine, los expresio­nistas en pintura.

 

            Un mundo gravemente enfermo: guerras, campos de refugiados y de exterminio, desatada carrera armamen­tista, polución ambiental, agotamiento de la tierra, miseria cada vez más estridente de los marginados de la vida.

 

            Una civilización que ha "exiliado a la bella Helena", al decir del mismo Camus. Que odia a la Belleza, uno de los nombres de Dios.

 

            Civilización del desecho, que se ensaña en escarbar en el tarro de la basura de los infelices humanos.

 

            Hubo que inventarse nuevos términos para nombrar las nuevas olas: mondocanismo, sinistrosis, necrofilia, satanismo incluso. Dios ha muerto. ¡Viva el Nihilismo!

 

            ¿Otra vez un Terror del año Mil? ¿Otra vez el caos primige­nio? ¿Será posible en adelante seguir llamando cosmos - orden y belleza - al Universo?

 

            Jesuitas exalumnos, Exalumnos jesuitas:

 

            Nos congregamos esta tarde a inaugurar una exposición de libros (1) y pinturas, obras de exalumnos. Quisiéramos presentir en ellas el carisma de esa Compañía marcada a fuego por el Nombre de Jesús y por su lema de la Mayor Gloria de Dios.

 

            Urgente y solemne llamado, en este fin de milenio. Somos muchos, repartidos por la rosa de los vientos, sobre todo por nuestra América hispana y portuguesa.

 

            ¿Seremos capaces de unirnos como familia, en un frente único ante la angustia, la desesperanza, la "secreta disgrega­ción de la fundamental substancia humana", como alerta Juan Pablo II?

 

            ¿No es acaso el Cristo del Evangelio y el Reino, y el Dios de Jesucristo nuestra eterna novedad, capaz de renovar la tierra al soplo del Espíritu?

 

            Casi 28 años atrás, el Concilio se dirigió a los Artistas:

 

            "Este mundo en que vivimos tiene necesidad de Belleza para no caer en la desesperanza. La Bel­leza, como la Verdad - y el Bien, añadiríamos - es quien pone la alegría en el corazón de los hombr­es".

 

            "La Belleza salvará al mundo", había profetizado Dos­toiewsky.

 

            En tiempos estamos de dar cumplimiento a la profecía.

 

(1) Sólo se realizó la exposición de pintura (N.del E.)

 

 

CUANDO DIOS LO DISPONGA

  

                La iglesia de San Ignacio luce triste e imponente. Mien­tras mi compañero José Juan Vergara nos invita a orar, viene a mi mente aquel paseo que - próximos a dejar la época es­colar - con el padre Sergio Hur­tado realizamos a la costa...

 

                ...Paseo que, entre otras actividades, incluía una visita a la Universidad Católica de Val­paraíso. En ese establecimiento de enseñanza superior fuimos recibidos por un sacerdote bon­dadoso que, con orgullo, nos llevó a ver los equipos de tele­visión recién llegados al país. Toda una primicia en aquel enton­ces, si consideramos que sólo en 1962, con el Campeonato Mundial de Fútbol, la televisión se masifi­caría en Chile.

 

                En ese instante no imagi­né que pasarían casi veinte años antes que volviera a encontrar­me con aquel padre.

 

                Destinado por la Fuerza Aérea en 1976 a Puerto Montt como jefe del Aeropuerto El Te­pual, una de mis primeras visitas protocolares fue al Rec­tor del Colegio San Javier, poniéndome a sus órdenes en cuanto pudiera ser de utilidad en mi calidad de exalumno ig­naciano.

 

                Mientras esperaba en la portería, para mi sorpresa acer­tó a pasar por ese lugar el Padre Jorge González Förster, el sacerdote que nos aten­diera sien­do muchachos, allá en Valparaí­so.

 

                Al poco rato nos despedía­mos como grandes amigos que se han reencontrado tras largo tiem­po. Yo, con el compromiso de asistir a la Misa que los días sá­bados a las 4:30 p.m. decía en la iglesia del Colegio.

 

                ¿A las 4:30?, pensaba, mientras iba de regreso al Tepual: la iglesia irá a estar vacía a esa hora...

 

                Aquel sábado, fiel a la palabra empeñada, me hice pre­sente con mi familia en el tem­plo, constatando con sorpresa que éste se encontraba casi repleto de fieles que escuchaban con pro­funda piedad y ecogi­miento la santa misa. Como se dice vulgar­mente, durante la prédica "no se oía ni el zumbido de una mosca". Tal era la aten­ción con que seguí­an la palabra del sacerdote.

 

                Durante el tiempo en que permanecí de guarnición en la zona con mi esposa e hijos, en cu­anto nos fue posible, no deja­mos nunca de asistir a las misas del Padre González, compren­dien­do la razón de un oficio religioso cele­brado a esa hora. Quienes hayan vivido en Puerto Montt po­drán coincidir en que el duro clima zonal, habitualmente lluvio­so, no invita a salir de casa, especial­mente sábados y domin­gos, si afuera arrecia el temporal. En ver­dad en esas condicines cuesta alejarse del tibio calor que pro­porciona una buena salaman­dra.

 

                Dotado de un amplio sen­tido común, el Padre González lo entendía perfec­tamente, adap­tando su ministerio sacerdotal al entorno en que le tocaba desen­volverse. Así, ofrecía una posi­bilidad cierta de participar en la misa a matrimonios jóvenes con hijos pequeños y ancianos, que a otra hora eran reacios a aban­donar sus hogares.

 

                Contrario a lo que algu­nos puedan pensar, no era el horario lo único que atraía a la gente a esas misas. Sus prédi­cas elocuen­tes eran su principal atractivo. Tampoco se crea que fuera ajeno al diario acontecer: en su calidad de pár­roco de la Matriz, era fre­cuente verlo recorrer los más variados sectores de la ciu­dad.

 

                Cuando lo estimaba preci­so y en el momento preciso, sabía hacer oir su voz ante quien correspondía. Lo hacía sin estri­den­cias. Distante de todo prota­go­nismo, evitando que sus pala­bras pudieran herir a alguien o alcan­zar un cariz distinto al que quer­ía darles.

 

                Si me pidieran que es­cogie­ra cuál era  - a mi juicio - su cualidad más característica, sin duda diría que su humildad. El saber someterse en todo a la volun­tad de Dios.

 

                Estando un día en misa, mientras el templo se remecía por los embates del viento y la lluvia, en su sermón nos instó a no ol­vidar a nuestros hermanos más pobres, que en ese momento se­guramente pasaban hambre y frío, lo que al llegar la noche no tendrían dónde cobijarse. "En cambio yo, nos dijo, tengo una buena pieza y un confortable lecho, de lo que agradezco a Dios cada día, antes de acos­tarme". En ese instante, con­fieso que no le di mayor impor­tancia a sus pala­bras, pensando que un sacerdote de su edad con seguridad disfru­taría de un buen pasar.

 

                Tiempo después, a raíz de un grave accidente de aviación que ocurrió en las cercanías de El Tepual, habiendo estado todo el día bajo la lluvia en el penoso rescate e identificación de las víctimas, invité a cenar a mi casa al Pdre Ignacio Grez, ab­negado Capellán de la Base, quien por haber trabajado codo a codo con nosotros, estaba tan empapado y entumido como yo.

 

                A petición suya nos detu­vimos en la Residencia jesuita para cambiarse zapatos, ya que se le habían pasado de agua. Mientras lo esperaba, vi luz en la pieza del Padre González y golpeé a su puerta.

 

                Austera y sencilla, no dis­ponía casi de ninguna como­didad. Sobre su cama una toalla en la cual secaba estampillas, las que según me explicó cam­biaría des­pués por ropa y ali­mento para los pobres. Y yo, que tantas veces reclamé contra la pieza que, de Subtenientes, nos asig­naban cuando estábamos e guar­dia...

 

                El responso ya toca a su fin y mientras es retirado de la igle­sia el féretro con sus res­tos, afloran los recuerdos.

 

                ...El Padre orando al atar­decer a los pies de la imagen de la Santísima Virgen, un día Viernes Santo; recorriendo las calles de Puerto Montt la noche del 8 de diciembre, encabezan­do la proce­sión de la Inmaculada, mientras un suraso cala los huesos; junto al lecho de mi hija enferma impar­tiéndole la ben­dición; compartien­do nuestra mesa familiar. En fin, son tan­tos que escapan a la ex­tensión de un artículo que debió ser breve.

 

                Considerando que una per­sona a sus años normalmente ha­bría jubilado hace rato, más de alguna vez le pregunté que cuán­do descansaría, a lo que sonrien­te me respondía, "Cua­ndo Dios lo disponga".

 

                Si parecía incansable, do­tado de energía sin límites que hacía pensar era inmortal.

 

                Quizás él nunca imaginó que una vida entera dedicada a la Mayor Gloria de Dios, tendría como recompensa el que Jesús golpeara suavemente a la puerta de su corazón para llevarlo a la  Casa del Padre, precisamente el día del sacerdocio.

 

Sergio Barriga Kreft

Promoción 1958

  


SAN JOHN OGILVIE  (1580-1615)

 

Víctor Gana Edwards S.J.

 

El Padre Gana egresó de San Ignacio el año 1946. Ordenado sacerdote en 1960, ejerció su ministerio durante largos años en An­tofagasta y Mejillones. Hoy trabaja en nuestras Escuelas Básicas "Francisco de Borja Echeverría" y "José Antonio Lecaros". Solicitado por nuestro Boletín LOYOLA para continuar el trabajo iniciado por el Padre Jorge González, ha accedido generosamente, escribiendo las reseñas sobre los santos jesuitas.

 

            Es curiosa la vida de este simpático jesuita escocés. Tenía 6 ó 7 años cuando murió la Reina María Estuardo en el patíbulo. Con ese ajusticiamiento tan dis­cutido, Escocia rechazó a su soberana y a la Fe católica.

 

            En los tiempos del Rey Jacobo I Estuardo, que tenía fama de inteligente, estaba pro­hibido bajo pena de confis­cación de bienes ofrecer la Misa o es­cucharla, y hasta hospedar a un sospechoso de ser católico o "papista". Se procuraba no hacer mártires de que los odia­dos papistas pudieran gloriar­se. Se hacía alarde de un trato humano, siendo el máximo cas­tigo usado, la cárcel perpetua; aunque con el Padre Ogilvie se hizo una excepción.

 

            Después de su detención tuvo muchas disputas con el Arzobispo pres­biteriano o cal­vinista sobre asuntos teológi­cos, que el secretario de éste escuchaba y no entendía bien. Por eso intervino una vez con enojo para decirle al sacerdote católico: "If I were the King, you would be boiled in wax". Al parecer, la perspectiva de ter­minar en una caldera de cera hirviendo no asustó mucho al prisionero, quien respondió: "Si Dios hubiera querido que fueras Rey, te habría dado mejores entendederas". Fue tal la carcajada del Arzobispo, que el secretario se sintió bastante amostazado y el futuro mártir procuró ser particular­mente atento con él. Sin duda, creyó que había faltado a la caridad. El jefe presbiteriano confidenció posteriormente que si Ogilvie hubiera vivido con su secretario durante veinticinco años, como a él le había tocado, no habría podido responder mejor.

 

            John había nacido del matrimonio de una católica con un presbiteriano acérrimo, según se deduce de las poco claras informaciones que se con­servan de este período de su vida. El padre, para alejarlo de la influencia de su esposa, lo envió de 12 ó 13 años a estudiar en el continente europeo. Pasó por serias crisis de duda e in­decisión, tratando de encontrar la fe ver­dadera, consultando y escuchando a muchas personas doctas, hasta que lo instruyó y admitió al Bautismo en la Iglesia Catóica un sabio profesor de Sagrada Escritura.

 

            Entró tres años después en el noviciado de la Compañía de Jesús. Durante sus estudios de preparación para el sacer­docio y ya ordenado en París (1610) no deja de pedir a sus superiores que lo envìen a en­señar la fe en su patria.

 

            Me imagino que debe de haber soñado que sería mártir en su tierra natal, y que tuvo la persuasión de que ese sueño era el anuncio divino de una gracia incomparable: poder dar su vida por Cristo. ¡Cuánto habrá reza­do antes de escribir a sus supe­riores ofreciéndose para esta misión! Hasta que lo destinaron a ella en 1613. Recorrió su país disfrazado de militar.

 

            Uno de sus valientes an­fitriones deja constancia de que "su corazón ardía en nobilí­simo deseo de difundir la fe". Trata­ba de ubicar a los católicos yendo a visitarlos incluso hasta las cárceles mejor vigiladas. Pero el celo apostólico lo hizo caer en la celada de un traidor.

 

            En seguida quedó deteni­do y empezó a desconcertar con respuestas valientes e ingenio­sas a jueces y carceleros, ya que deseaba morir por arrancar al país de la "herejía". No quería delatar a ninguno de los católicos clandestinos para quie­nes había ejercido el ministerio sacerdotal. Su apostolado direc­to en Escocia no había durado ni dos años.

            Se le ofrecieron buenos puestos o prebendas y bienestar si abjuraba de su fe. Fue tortu­rado con "perneras" que consis-tían en tablillas que fijaban a las piernas con anillos de hierro e incrustando a golpes cuñas de madera hasta triturar los huesos y hacer saltar la médula; pero sólo comenzaron esta bárbara operación. El tormento más gra-ve fue tenerlo nueve noches y ocho días sin dormir, procu­ran­do que delatara a sus correli­gionarios o "secuaces", con­du­ciendo a los sospechosos de ser­lo ante el sacerdote que man­ten­ían insomnre con golpes y pin­chazos. Estos confirmaron lo del cruel tratamiento. El mismo Og­livie pudo referir des­pués por escrito variados por­menores que impresionan. He aquí un párrafo suyo algo lar­go:

 

            "Me sentía débil, porque la falta de sueño me había abatido hasta tal punto, que a duras penas sabía lo que decía o dónde me encontraba; a veces ni siguiera recor­daba el nombre de la ciudad en que me hallaba. Los jue­ces quisieron demostrar­me clemencia, asegurando que ellos sólo me habían sentenciado a la falta de sueño y no a la tortura de las 'perneras'. Yo les respondí que si sólo me hubieran despedazado los huesos con las 'perne­ras', todavía podría ha­cerme conducir a una es-cuela o iglesia y ense­ñar el caecismo o ejercer mi ministerio en el con­feso­nario, y así ganarme la vida. Mas desde el mo­mento en que han entor­pecido o destruido las facultades mentales con haberme privado de dor­mir por tanto tiempo, me han causado el mayor mal posible, fuera de la mu-e­rte, porque yo sirvo a Cristo y a la Iglesia con el ejercicio, no de mis piernas, sino de mi men­te. ¡Bien pueden guar­darse sus prebendas, que yo no las quiero ga-nar con semejante con­versión!"

 

            Sus respuestas provoca­ron la ira del Tribunal y la causa fue llevada ante el Rey Jacobo I en persona, quien, como juez instructor, planteó cinco preguntas al reo. Este respondió por escrito. Fue con­denado a muerte por declarar que en las cosas espirituales el Papa es juez hasta del mismo Rey, y que éste no tiene juris­dicción o autoridad eclesiástica.

 

            Fue un compañero de pri-sión el que le iba echando hojas por debajo de la puerta del cala­bozo y las retiraba des­pués con la narración del proce­so de puño y letra del P. Ogil­vie.

 

            Quisiera decir muchas cosas más sobre este hermano mío y tantas muestras de su impresionante valor, inteligen­cia y sentido del humor; pero ya he escrito bastante. También ha habido crueldades inaceptables de las que somos respon­sables los católicos. No es posible dar un juicio en breves líneas sobre luchas y problemas religiosos tan mezclados con la política y el ansia de poder o de dinero, como sucedía durante la exis­tencia de este santo.

 

            Los cristianos podemos pensar que tenemos un excelen­te intercesor en el cielo para pedir al Señor que nos reúna a todos sus seguidores "en un solo rebaño y bajo un solo pas­tor", en el tiempo y de la mane­ra que El lo desee. Eviden­te­mente, todavía tendremos que madrugar y esforzarnos por corregir los pecados que nos impiden cumplir este deseo ex­presado por Cristo en su ser­món de despedida, en la Ultima Cena. Ojalá qe nos ayuden, en esta ardua empresa de recons­truir la unidad de la Santa Igle­sia y suprimir el escándalo de nuestra desunión, el ejemplo de respetuosa caridad y los ruegos de John Ogilvie.VGE


FLORENCIA

 

                Una vez más es el pintor Adolfo Couve quien nos transporta a través de los siglos a esta ciudad del arte y de la sangre que hoy la prensa se ha encargado de poner nuevamente en el tapete por el atentado terrorista contra la gale­ría de los "Uffizzi".

 

            Los atardeceres sucesivos han aletargado para siempre la otrora próspera ciudad de los Médicis, la majestuosa Floren­cia. Hoy deambulan por sus calles empedradas, turistas que, atraídos por la fama de su historia y de sus obras, acuden a admirarla, ajenos, ignorantes la mayoría de las veces, respe­tuosos en exceso, conmovedores por el sacrificio que les signifi­ca llegar desde tan lejos.

 

            Calles que conocieron el silencioso paso del Dante, medi­tabundo, des­lumbrado ante el bullicio de la obra que ensor­decía su mente. Calles turbu­lentas, no de forasteros, como ahora, que sólo siguen itinera­rios impuestos. Calles que su­pieron de crímenes, revolucio­nes, resistencia, pillaje, fies­tas, desfiles, procesiones, amor, saber y milagros. Calles que vieron transportar el David gigante de Miguel Angel, sobre­saliendo la enorme cabeza por sobre el techo de las casas o asomándose a las ventanas de los grandes edificios, hasta ser depositado junto a las puertas de la Signoria. Calles que es­cucharon el grito de Lorenzo clamando venganza contra los asesinos de su hermano. To-rreones almenados y cornisas desde los que pendieron boca abajo los cuerpos mutilados de los malhechores. Calles que lle­varon al pueblo aterrado junto al púlpito de Savonaro­la, de­mente, sediento de justicia apo­calíptica, iracundo en su impo­sibilidad de doblegar las con­ciencias. Plazas que sirvieron de plataforma para hogueras de incrédulos y herejes. Ciudad que una noche, alumbrada por antorchas, vio girar enormes goznes para dar paso a la inva­sión de Carlos VIII, niño aún, perverso, ofuscada la razón por ensueños irrealizables, empeña­do en emular a los héroes del pasado. Excesos, pendencias, comercio. Visitas, no de un bus de grandes ventanales, repleto de equipajes y audífonos en cada asiento, que aguarda en una esquina a que sus pasaje­ros, una vez cumplida la excur­sión a tiendas y museos, vuel­van al interior para continuar viaje, sino visitas del Patriarca, del Emperador y los sabios de Bizancio, esos grandes pertur­badores del pen­samiento medie­val.

 

            Leonardo, Rafael, Miguel Angel, Pico de la Mirándola, Dante, Botticelli, Brunelleschi, Verrocchio, Maquiavello, Masa­ccio, León X, Clemente VII, Donatello, Lorenzo y tantos o­tros, actuaron en la vida coti­diana de esa pequeña ciudad del norte de Italia. Hoy no queda rastro de sus voces y sus ges­tos, ni se sabe el lugar preciso en que habitaron. Hoy el palacio del Barghello es sólo un ordena­do museo y no acontece en su patio otra cosa que la lluvia tor­rencial que a veces lo inunda. No se escucha por las noches la cabalgata de Lorenzacio sobre uno de los puentes del Arno, acudiendo a adular a su víctima, ni se oye el dulce canto de Poli­ziano enamorado, ni se caen desde los balcones flores y tapi­ces al paso de los carros alegó­ricos de los torneos que organi­zaba Lorenzo. Calles que cono­cieron la miseria de Botticel­li, abandonado, sin recursos, apo­yado en dos bastones. Lugares que fueron testigos de las amar­gas recriminaciones que hiciera Miguel Angel a Leonardo. Ciu­dad que con las puertas de un bautisterio "dignas del cielo" abrió el Renacimiento al mundo y levantó una cúpula tan es­pléndida que detuvo el sueño gótico para siempre.

 

            Hoy los turistas buscan allí de preferencia - en vez de puñales, oro y renombre - a­brecartas, cofres vacíos, láminas, objetos de cuero repujado, mantelería de hilo...